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Vamos a hablar del mal

Advierto que hablaré del mal, para que ningún buen ciudadano se atreva a leerlo.


Caso Chapo Guzmán


El último mal conocido por la difusión en la prensa tiene un nombre: EL CHAPO. Todos estamos cansados de saber más y más sobre Joaquín Guzmán, el Chapo, pero ¿nos cansamos de saber sobre el mal? O…¿queremos saber más? 

Pues hablemos del mal...

A continuación transcribo un pequeño párrafo de lo que escribió el actor Sean Penn en la revista Rolling Stone, quien de escritor no tiene nada y su entrevista al Chapo fue para convertirse en un foco banal de atención:

“Mientras que Espinoza regresa de dormir un rato, Kate, quien sucumbe al cansancio de su día entero de travesía y del solaz de unos cuantos tequilas, acepta el acompañamiento de El Chapo al cuarto en donde dormirá. Mientras que la acompaña hacia el débilmente iluminado búngalo, no puedo más que sentirme un poco preocupado. Consideré por un momento, ofrecerme a acompañarlos, aunque las circunstancias no pasarían de ser una acción de protección inútil. Antes que mi ajetreo  de adrenalina con paranoia pueda inspirar cualquier insulto o lesión, sé que el Chapo está de regreso.” 

Lo primero que se debe advertir de todo esto, es que claramente distinguimos el mal, porque conocemos antes el bien. El mal es real, pero no es nada positivo, porque éticamente la privación es sólo la negación de algo en una sustancia, en un sujeto que por otros aspectos es bueno. Un pequeño ejemplo es que, la realidad de la oscuridad es sólo la falta de luz en un espacio determinado. Como el mal es lo opuesto al bien, habrá tantos tipos de mal cuando sean los bienes de los que el sujeto pueda ser privado, sin embargo, el único verdadero mal, es el mal moral.

Una somera descripción del capo incluye su gran carrera como criminal convicto, culpable de múltiples asesinatos y de extraer toneladas de droga que se esparcen para matar a cientos de jóvenes cada año tanto en EEUU como en otros países, sin embargo, el artículo del Rolling Stone que Penn escribe, comenta que el Chapo es “humilde y cortés”.  Por cierto, el gran personaje descrito no tiene remordimientos, da gracias a Dios por las oportunidades que ha tenido de escape y así continuar conduciendo su negocio:

“Yo surto más heroína, metanfetaminas, cocaína y mariguana que nadie más en el mundo. Tengo una flota de submarinos, aviones, camiones y barcos.”

Como podemos percibir, el mal moral es el único verdadero mal, pues hiere la naturaleza del hombre faltando contra la razón, la verdad y la conciencia, contraviniendo los designios eternos del Autor del orden natural. De esto se deriva que el mal moral hace al hombre malo en sentido absoluto.

Describiendo algo de la personalidad del conocido personaje en cuestión, podríamos decir que está totalmente inmerso en el egoísmo y cuando hablamos de egoísmo, englobamos dentro de este concepto muchos otros que giran alrededor de un eje común: orgullo, amor propio desordenado, vanidad, altivez, presunción…El egoísmo se contrapone de una manera frontal a la virtud suprema del amor.

Egoísmo con orgullo y vanidad porque afirma, aún hoy, que va a volver a escapar, --ahora que se calmen las aguas--, y respecto al amor, porque no sabe ni lo que quiere decir esta palabra, cree haber amado a mujeres, aunque estas ni se aparezcan cuando está encarcelado, ni siquiera Kate, quien al entablar relación con el capo, lo único que ha logrado es alimentar el estereotipo de los mexicanos como traficantes de drogas y criminales.

Si leemos algo de filosofía, el egoísmo es una enfermedad provocada por el pecado original y trasmitida después a todo el género humano. Dios nos creó para que poseyéramos eternamente su felicidad y amor infinitos. Pero el hombre no se resignó a aceptar su condición de creatura, ambicionaba un destino autónomo y absoluto: quería ser “como Dios”. «Seréis como dioses» (Gen 3,5) fue el argumento decisivo que utilizó el demonio para que el primer hombre cayera en la tentación. Este sería el concepto que el primer hombre tuvo del Creador; esto fue lo que quiso ser y precisamente en esta concepción reduccionista radicó su error. 

Hablando del artículo de Penn, éste sugiere que parece que no hay una moral absoluta. Su débil razonamiento lo lleva a decir que todo es muy simple, que es un hecho que no hay buenos ni malos en la industria del narcotráfico, pues “…por un lado tenemos a los adictos quienes mueren por las drogas proveídas por los carteles, y en el lado opuesto del espectro, el humilde y pobre niño de La Tuna, cuyo única oportunidad en la vida fue comenzar a plantar la amapola.”

Mientras que es cierto que los niños de naciones pobres no tienen suficientes oportunidades educativas y son impulsados al delito, la compasión por ellos no puede ser equivalente a afirmar que la práctica delictuosa es el camino correcto.

Podemos referirnos a los primeros tiempos de la existencia del hombre, con Adán quien

no reconoció que Dios era en primer lugar y sobre todo Amor, y amor de donación, generosidad, entrega y sacrificio. No supo descubrir que la Creación no era sólo un acto de poder y dominio inigualables, sino ante todo un acto de amor gratuito. El secreto de este primer fracaso por ansiar conseguir cómodamente la felicidad, estuvo en esa noción pobre y restringida de lo que era el Creador; y al error conceptual siguió el pecado del espíritu, el desenfreno.

Muchos siglos después de este relato bíblico, el ser humano no ha cambiado mucho y seguimos tropezando en la misma piedra. Queremos ser como dioses, pero dioses poderosos, justicieros, controladores de las leyes naturales y de la moral a merced de nuestra arbitrariedad y extravagancia. Queremos tener en nuestras manos la decisión sobre la vida, sobre la muerte, a ejemplo del Chapo. Las posteriores consecuencias son un desdoblamiento de este primer movimiento en el que el ego del hombre se coloca en claro antagonismo con el Ser inefable de Dios.

El doctor Rafael Llano C. nos dice que – este estigma en el hombre y mujer, diseminado en su naturaleza, nace con cada ser humano, crece al ritmo de su infancia, se acentúa en la adolescencia –con los primeros brotes del sentimiento de independencia e individualismo--, y se desarrolla a medida que la personalidad va creando su propio mundo, el mundo de sus ideas, de sus afectos y proyectos. Existe sin embargo, junto con la noble ambición de desarrollar todas las potencialidades, una supervaloración del propio yo, este va adquiriendo una importancia tal, que acaba por suplantar la misma realidad.

Es una gran mentira decir que individuos como el Chapo son simplemente proveedores de algo necesario y que la responsabilidad de solución del problema  recae en quienes reciben el producto (los adictos, las familias, el gobierno, los sistemas de salud, etc). Aunque la demanda de drogas disminuyera o no existiera, los proveedores, los cárteles, los capos, no abandonarían sus vidas de ilegalidad para pedir una chamba en otra parte, esto es una tontería siquiera pensarlo.  Por el contrario, se moverían a otro negocio productivo, aún si éste fuese ilegal.

Es necesario saber que el mal moral crea facilidad para su proliferación, engendrando el vicio por repetición de actos. De él resultan inclinaciones desviadas que oscurecen la conciencia y corrompen la valoración correcta del bien y del mal.  De aquí se deriva que son acciones gravemente malas aquellas transgresiones conscientes y libres de una exigencia esencial del orden moral natural. (Llano C. R. Etica General y Aplicada. Pág. 32)

Sólo como ejemplo, el secretario mexicano de educación, al inaugurar los cursos escolares, advirtió que no se difundiera el ‘modelo’ del Chapo –como ya se ha hecho—como un héroe entre los escolares. Desde cualquier punto de vista que lo queramos ver, el señor Guzmán, alias Chapo, es todo un delincuente en todos sentidos posibles, con completa desconsideración por la vida humana. No es verdad que la incompleta formación de su conciencia sea el resultado de su pobre crianza o de su falta de oportunidades en la vida. No hay nada que no se haya inventado ya para engañar a nuestros semejantes: los cosméticos, las pelucas, las cirugías plásticas, las exageraciones, los fingimientos, las medias verdades, las mentiras, y ahora, el Chapo ¿como un ‘ejemplo a seguir’?

El personaje en cuestión es un verdadero actor de teatro baratero y populista. Este actor representa ante el mundo lo que él desearía ser: un modelo a seguir, un grandioso hombre rico que ha hecho de su vida una creación del mal, una verdadera escultura en donde él está representado como algo inalcanzable y grandioso; representa el papel de aquello que desearía ser, pero que, de hecho, no es.  En esta representación utiliza el recurso de los disfraces y las máscaras: las máscaras del genio narco, del conquistador, del triunfador y del poderoso, que pasan a formar parte de su vestuario imaginario. Un filósofo le escribió a un amigo las siguientes palabras: “Tu principal función es la de engañarte a ti mismo y parece que lo consigues porque tu máscara es de las más enigmáticas.”

Es muy triste la personalidad del hombre orgulloso e insincero. La propia madre del Chapo, a menudo citada en su biografía, quien es la base de su apoyo emocional, no está de acuerdo con sus acciones delictuosas y a menudo le recomienda abandonar el tipo de vida que lleva y “encontrar a Dios”.

Qué difícil es encontrar a Dios si primero uno no se mira en el espejo de la realidad y vernos tal como somos, pues “si tendemos a engañarnos a nosotros mismo, más aún tendemos a engañar a los demás” (cfr. Kirkegaard).

Y, a través del mal,… él se va convirtiendo para si mismo en dios y mundo.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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