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Los conquistadores

Hoy es difícil pensar que alguien pueda salir a conquistar otras tierras.

Cuando hablamos de apóstoles-conquistadores sólo pensamos en algo que pasó a la historia y sin huella, pero no nos hemos dado cuenta quizá que existió un gran conquistador, que vino a conquistar el mundo y dejó huella para siempre: Cristo; quien obedeció a Su Padre, que lo envió, conquistó almas y cumplió todo a la perfección.


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Él fue, sigue y seguirá siendo en el futuro, modelo para otros que se lanzan a “transitar los caminos polvorientos de la historia atravesando tantas veces por conflictos, injusticias y violencia, para ir a encontrar a sus hijos y hermanos”.

Fray Junípero Serra nos dejó una frase que hoy retoma el Papa Francisco y que todos podemos acoger: “¡Siempre Adelante!”… Para vivir la alegría del Evangelio y para que no se nos “anestesie” el corazón.

Explorar, explorar, conquistar enseñando. La misión -que cada uno de nosotros ha de desempeñar-“no nace de un proyecto perfectamente elaborado o de un manual bien estructurado y planificado…El santo pueblo de Dios no teme al error…”. Así es como tanto San Junípero, como otros santos conquistadores se lanzan hoy a la misión de la conquista apostólica del mundo, sin importar peligros, dificultades, carencias o rechazos.

Los apóstoles conquistadores como San Junípero, San José María, San Francisco, muchos más y ahora el Papa Francisco, primero se conquistaron a sí mismos para experimentar una vida plena, una vida con sentido, una vida con alegría, “no una vida fisiológica, de animal sano, sino otra sobrenatural, que proceda de abandonar todo y abandonarte en los brazos de nuestro Padre Dios” (Camino, 659).

El Papa parece agregar diciendo: “…No queremos que la resignación sea el motor de nuestra vida ¿o lo queremos?; no queremos que el acostumbramiento se apodere de nuestros días ¿o si?... El espíritu del mundo nos invita al conformismo, a la comodidad; frente a este espíritu humano hace falta volver a sentir que nos necesitamos unos a otros, que tenemos una responsabilidad por los demás y por el mundo” (Laudato Si', 229).

Esta es la manera de pensar y actuar de un verdadero apóstol conquistador, ir hacia “las gentes de todas las naciones” (Mt 28,19), pues Jesús dijo “¡Vayan y anuncien!… la vida es como es y no como nos gustaría que fuese, ¡Vayan y anuncien!”. El Papa Francisco toma como ejemplo a San Junípero en ocasión de su visita a Estados Unidos, porque supo vivir lo que es la “Iglesia en salida”, porque supo lo que es trasladar la Iglesia a otras tierras por caminos sinuosos y finalmente conquistar el mundo poco a poco.

Cualquier persona que haya visto aunque fuese un solo noticiero en estos días pasados, vieron y escucharon de lo que habla un conquistador, lo que dice un hombre de Dios cuando sale por los caminos, de un hombre que recibió del poderoso y dominante país norteamericano los máximos honores, que nadie antes había recibido.

Ante la mirada atónita del Presidente de EU y de candidatos presidenciales, el Papa Francisco con su ejemplo de humildad, de bondad, de caridad, conquistó a miles y miles de personas reunidas sólo para estar bajo el mismo sol, bajo el mismo techo o bajo el ambiente de camaradería que ofreció su presencia, pues como San Junípero y otros santos, “supo dejar su tierra, sus costumbres, se animó a abrir caminos, supo salir al encuentro de tantos, aprendiendo a respetar sus costumbres y peculiaridades”.

Con la libertad de espíritu que lo caracteriza, el Papa ante cientos de representantes de naciones mundiales en la sede de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) habló del “derecho al medio ambiente” con una frase que ellos no habían escuchado, nuestra “casa común”; el daño al medio ambiente es un daño a la humanidad. Allí ante todos, habló de temas que actualmente están siendo difundidos negativamente por ese organismo mundial, y destacó que debe considerarse en todo momento que el mundo es fruto de Dios y que el abuso de poder conduce a dañar los recursos, a la exclusión de las masas y a la exclusión económica, que es negación de la fraternidad humana.

La economía y la política necesitan de un permanente concepto de justicia, necesitan del concepto del derecho a la educación (Malala Yousafzai estaba presente, abanderada pakistaní por un movimiento del derecho a la educación y Premio Nobel de la Paz 2014).

En Naciones Unidas habló del derecho y absoluto respeto a la vida, a la existencia de la naturaleza humana; para un verdadero desarrollo integral humano deben evitarse la guerras tanto entre las naciones, como entre las personas; la guerra es negación de todos los derechos. En el Oriente Medio los cristianos y otros grupos han sido forzados a ver la destrucción de sus lugares de veneración y han sido esclavizados.

Estados Unidos, país cuyos últimos encabezados periodísticos previos a la llegada del Papa, han sido la legalización por la Suprema Corte del matrimonio homosexual, el escándalo de la venta de partes de cuerpos de bebés abortados por la organización Planned Parenthood y el decidido apoyo del Presidente a ésta. Durante la visita y aunque la oposición del Papa a estas cuestiones fue absolutamente clara, no hizo alusión a la excomunión de abortistas ni a la llamada ‘igualdad matrimonial’, sino que ante el Congreso, se enfocó a hablar sobre la pena de muerte, la pobreza global, el comercio de armas y la responsabilidad ante el medio ambiente.

Estamos ante un período de transición, pero debemos seguir adelante. El Papa quiere que los católicos ofrezcan el ejemplo de una consistente vida cristiana. En lugar de denuncias, quiere que abran un diálogo personal con sus opositores. Como dijo ante el Congreso de EU: “…Hay otra tentación de la cual nos debemos alejar: El reduccionismo simplista que ve solamente el bien y el mal, o de otra manera, los rectos y los pecadores…, somos promotores de la cultura del encuentro…”.

Los retos que habrá que afrontar son muchos, siendo uno de ellos la defensa de la vida y la familia, ya que los matrimonios y las familias están siendo amenazadas “desde el interior y el exterior”.

De forma poco común habló de la manera en que antiguamente había familiaridad al tratar a las personas en el mercado, en pequeñas tiendas, en donde las personas se conocían. Hoy, en los grandes centros comerciales (Mall's), se refleja el mundo competitivo, no hay cercanía de relaciones humanas, es impersonal, se fomenta la cultura de la desconfianza. El consumo no crea vínculos, va más allá de las relaciones humanas, se genera una cultura del descarte, sólo se considera lo justo del consumidor. Nuestra sociedad es una sociedad que no ve a los que consumen las migajas del consumidor y crea una radical soledad, un sentido de soledad que es la raíz de muchos problemas, soledad con miedo al compromiso que trae consigo la necesidad de sentirse reconocido.

“¿Debemos condenar a los jóvenes por vivir en este mundo? Si seguimos así, no sabemos adónde llegaremos”.

Lo anterior es un llamado a la acción. El Evangelio no es un producto de consumo. Hoy hay una cultura que impulsa a no fundar una familia, unos por no tener medios y otros por tener tanto, que no crean una familia. Hay padres de familia que tienen hijos mayores de 30 años que no se han casado. Es responsabilidad de los padres hablarles de optar por fundar una familia. Lo que transforma la historia y el mundo es la familia para expandir la experiencia de la maternidad y la paternidad en su relación con Dios.

Y en su hablar del “mundo contemporáneo” el Papa Francisco insta a todos a devolver la esperanza, a corregir las injusticias, a mantener la fe en los compromisos… Ir juntos hacia adelante en un renovado espíritu de fraternidad y solidaridad, cooperando con entusiasmo al bien común.

En Dios encontramos siempre: “El Bien, la Belleza y la Verdad”.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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