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Matrimonio vapuleado

Acerca de la votación efectuada el 12 de junio 2015 sobre la tesis jurisprudencial de la Primera Sala en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que habla de redefinir el término “matrimonio” y desechar la procreación como finalidad sustantiva, creo que vale la pena recordar la declaración de los ministros que votaron a favor de esta redefinición:


Familia natural


“Matrimonio. La ley de cualquier entidad federativa que por un lado considere que la finalidad de aquél es la procreación y/o que lo defina como el que se celebra entre un hombre y una mujer, es inconstitucional”. (Tesis jurisprudencial 43 / 2015)

Las reformas hechas tanto en el Decreto publicado en la GODF del 29 de diciembre del 2009, como la arriba mencionada, se fundamentan en el derecho a la no-discriminación, del que es titular toda persona independientemente de su ‘preferencia sexual’, y se argumenta que los homosexuales son objeto de discriminación al no permitírseles la unión por medio del matrimonio. Sin embargo, estudios de índole jurídica elaborados en la máxima casa de estudios (UNAM) por prestigiados profesores de la misma, señalan algo distinto a la declaración de los ministros de la Suprema Corte que votaron el 12 de junio del presente.

El profesor Lic. Gregorio Rodríguez Mejía indica varios puntos a tomar en cuenta:

El matrimonio debe tratarse como acto jurídico y como institución; o si se prefiere, como sacramento y como institución. Dada la importancia que tanto en lo individual como en lo social tiene el matrimonio, el mismo como acto jurídico y como institución amerita cuidadoso estudio. Más aún, atendiendo a la cantidad de personas que en México profesan el catolicismo, ha de estudiarse el matrimonio como sacramento regulado por el Derecho Canónico. (Revista de Derecho Privado No. 3). Recordemos que, según la teología, el sacramento "Es un signo sensible, instituido perennemente por Jesucristo para significar la gracia y para conferirla". (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica). Como contrato, según el Derecho Canónico, el matrimonio es el convenio que para el logro de los fines antes mencionados (bien de los cónyuges y la generación y educación de la prole) celebran el hombre y la mujer (canon 1055 del Código de Derecho Canónico).

En primer lugar, el matrimonio es de índole natural; según Santo Tomás de Aquino, es de “auténtico derecho natural”. Los humanos, por inclinación natural y por necesidad de la misma naturaleza, se unen entre sexos diferentes. Al acomodarse el Derecho a la situación del matrimonio, puesto que como Derecho es ético y es lógico, le da validez a la voluntad de los esposos; es decir, ha venido a consagrar aquella natural unión y a establecer un régimen que trae aparejados derechos y obligaciones. “Por ser de acuerdo a la naturaleza de las cosas, es ineludible para el legislador” (Radbruch, Gustav. Fil. Del Derecho, FCE, 1951)

El profesor Doctor en Derecho, catedrático por oposición en Derecho Civil (Facultad de Derecho, UNAM), José Antonio Sánchez Barroso, en el año 2009 declaró que “la Asamblea Legislativa del D.F. se ha caracterizado por una “explosión legislativa” al tratar de resolver muchos de los problemas sociales con la simple promulgación de leyes. Y más adelante señala que “parece que en la actualidad resulta políticamente correcto aprobar todas aquellas leyes que aumentan, aunque sea sólo de modo aparente y retórico, la autodeterminación y libertad del individuo. Sin embargo, esas acciones dan pauta a numerosos conflictos dentro del sistema jurídico y a múltiples interrogantes desde el punto de vista ético”.

El Dr. Sánchez Barroso elaboró un interesante análisis constitucional de la trayectoria del matrimonio en nuestro Derecho Constitucional, de éste sólo extraigo algunas ideas:

Hay tres características que ha tenido el matrimonio a nivel constitucional desde la Constitución de 1857:

a) Es considerado como un contrato civil.

b) Se confiere a la autoridad civil la facultad para regularlo.

c) Se concibe como la unión monógama y heterosexual entre un hombre y una mujer.

La Constitución de 1917 y la subsecuente Ley sobre Relaciones Familiares del mismo año, define el matrimonio como: “El matrimonio es un contrato civil entre un solo hombre y una sola mujer, que se unen en un vínculo disoluble para perpetuar su especie y ayudarse a llevar el peso de la vida” (Art. 13). Esta normativa reproduce dos normas esenciales: su carácter monógamo y heterosexual.

El Informe que presentó la Primera Jefatura del Ejército Constitucional al Congreso Constituyente expresó: “…sobre bases más racionales y justas que eleven a los consortes a la alta misión que la sociedad y la naturaleza ponen a su cargo, de propagar la especie y fundar la familia…”. Notamos que el legislador entendía como propagación de la especie a la procreación y, por ende, la unión sexual entre un hombre y una mujer.

El Código Civil de 1928, publicado en el Diario Oficial no da una definición de matrimonio; sin embargo, mantiene la postura de su carácter monógamo y heterosexual. Y en las reformas al Código Civil de 1974 se suprimió la procreación como uno de los fines del matrimonio: “Toda persona tiene derecho a decidir de manera libre, responsable e informada sobre el número y espaciamiento de sus hijos…”.

Después de múltiples reformas se publica en la GODF del 25 de mayo del 2000 un nuevo Código Civil. El Art. 146 modificado define: “Matrimonio es la unión libre de un hombre y una mujer para realizar la comunidad de vida en donde ambos se procuran respeto, igualdad y ayuda mutua, con la posibilidad de procrear hijos de manera libre, responsable e informada…”.

En el Decreto publicado por la GODF del 29 de diciembre del 2009, apelando al derecho de no-discriminación, reforma varios artículos del Código Civil D.F. lesionando instituciones del Derecho Familiar. El Art. 146 queda: “Matrimonio es la unión de dos personas para realizar la comunidad de vida en donde ambos se procuran respeto, igualdad y ayuda mutua…”.

Al respecto, acudimos al Dr. en Derecho Sánchez Barroso, quien declara que: “el radical cambio en la forma de concebir el matrimonio por el legislador violenta peligrosamente la lógica e integridad, no sólo del Derecho de Familia, sino del Derecho Civil en general y, más aún, del Derecho mismo”. Y más adelante en su análisis expresa que “la concepción de matrimonio en la Constitución sólo puede ser modificada por la regulación que emita la autoridad civil a nivel federal, a) ya sea mediante una reforma constitucional, o b) por medio de la legislación civil federal, es decir, mediante el Código Civil Federal.

Podemos decir por lo expuesto, que la declaración de la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, quizá no tenga que ver con la Constitución (a pesar de haber utilizado la palabra “inconstitucional”). Esta declaración posiblemente es un claro ejemplo de activismo judicial, como el que se ha visto en años recientes. La mayoría de los jueces simplemente reemplazaron la opinión de la mayoría de la gente sobre el matrimonio con su propia opinión, por tanto, ninguno de los jueces puede justificar su redefinición “en cualquier entidad federativa”. Nadie podrá negar que esta declaración causará daño en varios aspectos: al auto-gobierno democrático constitucional, al matrimonio mismo, a la armonía civil y finalmente a la libertad religiosa.

Preguntémonos: ¿es considerada la SCJN una legislatura? – Bajo la Constitución, los jueces tienen derecho a decir lo que la ley es, no lo que ellos ‘creen’ que debería ser. Como dijimos al principio, el matrimonio es de índole natural, y el derecho fundamental a casarse no incluye un derecho para que el Estado cambie su definición. Y en una somera revisión del Derecho Constitucional, es notorio que se mantuvo el significado de matrimonio, mismo que ha persistido en cualquier cultura a través de la historia de la humanidad, y por tanto, no puede ser definido contrariamente de un tajo por una declaración.

Redefinir el matrimonio, notoriamente trata acerca de validar los deseos románticos de adultos en edad del consentimiento sexual, y no acerca de las necesidades y los derechos de los menores involucrados en esas relaciones, quienes sólo necesitan óptimamente una relación con su madre y con su padre para crecer sanamente.

La redefinición de matrimonio para excluir la norma marital sólo entre un hombre y una mujer en su complementariedad, lleva a cuestionar qué otras relaciones pueden excluirse o no, como por ejemplo, las relaciones múltiples (o multiamorosas), ya que sólo se excluye el elemento de dos, es decir, el que se “celebra entre un hombre y una mujer”. Pero ¿deja libre la interpretación a otras uniones plurales?

Finalmente, es muy simple la verdad antropológica y es muy clara: el matrimonio está basado en que el hombre y la mujer son diferentes y complementarios; en el hecho biológico de que la reproducción depende solamente de la unión de un varón y una mujer, y en la realidad social de que los niños y niñas merecen un padre y una madre. Cambiar el sentido matrimonial muestra la mentira de que madres y padres son intercambiables, muestra sólo los deseos de los adultos y no las necesidades de los menores. A esto le podemos agregar que se intenta dar un cambio social dramático, que mucha gente encontrará –a medida que lo digiera– muy difícil de aceptar.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

 

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