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Felicidad

Cuando prendo el radio en las mañanas para escuchar noticias y sobre todo en esta época de comienzo de año, durante los cortes hacen una pregunta a diferentes locutores de la estación radiofónica: ¿Qué es la felicidad?


El verdadero papel de los padres


Uno por uno otorga su propia opinión respecto a lo que considera que es la felicidad, pero hay algo en lo que casi todos coinciden: la felicidad es algo que se alcanza o no, es algo que está fuera de sí mismo y que, en todo caso, se refiere a estar a gusto consigo mismo.

Pues bien, todos nos deseamos Feliz Año los unos a los otros en esta época. Como deseo casi inalcanzable es bueno, pero suena un poco utópico cuando todos sabemos que la felicidad como tal es estar con Dios día a día, minuto a minuto. Los santos no se preguntaban si eran felices, lo sabían, lo daban por hecho, independientemente de las dificultades que encontraban día con día; su felicidad se basaba en ‘servir’ a Dios y a los demás.

La felicidad, además, es un concepto impreciso. Muchos piensan que hay momentos felices, pero también se dice que no hay felicidad completa. En nuestra vida de todos los días, sabemos que la felicidad es un derivado del trabajo, de la disciplina, del sacrificio y hasta del dolor.

John Stuart Mill alguna vez dijo: “Pregúntate si eres feliz y dejarás de serlo”, y hay algo de cierto en esto. Hoy nos damos cuenta de que hay importantes conexiones entre la felicidad y la esperanza, la gratitud, el perdón, las metas logradas, etc.

Cuando los amorosos madre y padre reciben en brazos a su primer hijo, casi siempre piensan que su meta es “que este niño sea feliz”. A partir de aquí, comienza una larga carrera de momentos estresantes realmente innecesarios porque ¿es la felicidad la meta que queremos para nuestros hijos?, ¿es algo que los padres tienen la capacidad o los medios para lograrla para sus hijos? Es en realidad algo muy vago acerca de la responsabilidad que los padres puedan asumir.

Tanto padres como hijos están sumidos en una cierta realidad de la que no pueden extraerse. El escritor Juan Manuel de Prada decía que hoy se habla de la secularización de los países católicos; y respecto a esto, se traen a colación muchos ‘ismos’ (que si el relativismo, el hedonismo…), y no se dice casi nada de un ‘ismo’ que hace estragos: el “fariseísmo”, cuya definición es: “el vaciamiento de la fe y su posterior relleno de borra ideológica”.

Para muestra un botón, ejemplo: Una noticia que causó sorpresa, desconcierto, disgusto, rechazo fue la promoción hecha por 18 diputados del Grupo Parlamentario del PAN en el Congreso del Estado de Guanajuato en el otorgamiento de “derechos sexuales” para niños, niñas y adolescentes de la entidad dentro de la Ley de Juventud. Imaginemos si estos supuestos derechos harán felices a los niños(as) y adolescentes, cuando la Organización Mundial de la Salud declara abiertamente que la definición de ‘derechos sexuales’ incluye: 1º. El acceso a servicios de salud sexual y reproductiva que introducen el derecho al aborto con lenguaje disfrazado; 2º. Permite que los infantes reciban impartición relativa a la sexualidad por personas ajenas a su padre y a su madre sin permiso previo de ellos; 3º. Escoger a su pareja (sea del sexo opuesto o de su mismo sexo); 4º. Relaciones sexuales consensuales –entre niños y niñas y/o adolescentes– (que puede incluir relaciones entre adulto y niño(a) si son consideradas consensuales).

El escritor De Prada dice que cuando un católico está recibiendo doctrina… contraria a la doctrina social católica, acaba desencarnando su fe, vaciándola de sentido e inevitablemente termina convertido en un fariseo.

Volviendo a la felicidad, muchos padres de familia creen que otorgar a sus hijos muchos bienes materiales va a hacerlos felices, ya que los va a preparar para diferentes posibles futuros. Existen en las librerías muchos libros para padres de familia en donde recomiendan de diferentes maneras cómo criar a un niño(a) que por ejemplo pueda entender los eco-sistemas, cómo protegerlo de enfermedades, cómo introducirlo al pensamiento analítico, enseñándole pronto a jugar ajedrez, cómo protegerlo de enfermedades, cómo lograr que sea multi-lingüe, incluso lo inscriben en alguna escuela que desde párvulos enseñen computación e idiomas, cómo criar a un niño con mentalidad científica, con pensamiento yoga u otras. Los padres se preocupan en proporcionarles comida, estrategias de disciplina o juegos y actividades después de sus clases regulares que les otorguen las habilidades que ellos consideran importantes para su futuro.

Como resultado, muchos padres y madres de familia sienten que el derrame económico en cada hijo es muy alto, y por tanto limitan el número de hijos. También se preocupan por el sacrificio que hacen en su diaria rutina y cómo esto afecta su propia felicidad. Estas preocupaciones hacen que la paternidad y maternidad se vuelvan aún más estresantes de lo que en realidad debían de serlo.

Y ya que vivimos en esta época y en este mundo que otorga ‘derechos’ a los niños y a la vez se los quita a los padres, ¿no sería mejor concentrarnos en enfocar el crecimiento de nuestros hijos a enseñarles qué es la moralidad, la fe, y formar su inteligencia, voluntad y carácter? Ya que como dice el Dr. Carlos Llano, la inteligencia es la facultad matriz del hombre y, por ello, su formación requiere el máximo cuidado, ya que la voluntad y el carácter dependen a su vez particularmente de ella.

Y ¿cómo se forma la inteligencia?

Ésta se forma cuando ¡se aprende a pensar!

He allí un buen Principio, al principio de este año 2015.

Ojalá este propósito de renovación mental nos traiga la tan deseada FELICIDAD.

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