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Obama, un presidente fracasado

El próximo 4 de noviembre, fecha en que se celebran en Estados Unidos las elecciones de medio periodo, se cumplirán seis años de que Barack Obama fue electo presidente del vecino país.


El futuro del mundo occidental


Cuatro años después, en 2012, Obama ganaba la reelección.

Y así como el volver la vista atrás nos permite apreciar el camino recorrido, de igual manera el tiempo transcurrido nos permite afirmar algo que en Estados Unidos es un secreto a voces: Obama es un presidente fracasado.

Aparte de que no ha logrado resolver la crisis económica ni solucionar los graves problemas de la seguridad social, donde más se palpa el fracaso de Obama es en su política exterior.

Hace años que Siria se desangra en medio de una terrible guerra civil. Obama bien pudo haber derrocado al dictador Bashar al-Assad, imponiendo un gobierno de transición que pacificase el país, pero no lo hizo.

En Irak, los extremistas sunitas que controlan el norte y el oeste del país han proclamado el califato, trayendo consigo una implacable persecución contra los cristianos.

Aquí, el riesgo es que si los yihadistas que controlan vastos territorios de Irak se unen con los rebeldes sirios, el problema que se le plantearía a Jordania e Israel sería de dimensiones incalculables.

Entretanto, el secretario de Estado, John Kerry, desperdicia su tiempo, ya que mientras intenta establecer la paz entre judíos y palestinos, a pocos kilómetros de allí –en territorios de Siria e Irak– se ha proclamado un estado islámico.

Ciertamente, Obama ayudó a derrocar al dictador libio Muammar Gadhafi, pero el resultado fue un enorme caos que puede ser causa de que grupos yihadistas conquisten el poder.

Por otra parte, si fracasasen las negociaciones encaminadas a que Irán reduzca su capacidad nuclear, Obama acumularía otro revés a su política exterior.

Asimismo, anunciar que Estados Unidos no enviaría tropas a Ucrania, sirvió para envalentonar al presidente ruso Vladimir Putin, quien no vaciló en apoderarse de Crimea, apoyar a los separatistas e invadir territorio ucraniano.

No deja de ser irónico que a Obama se le haya otorgado el Premio Nobel de la Paz a los pocos meses de haber asumido la Presidencia, sin conocer cómo sería su política exterior y, principalmente, sin tener mérito alguno para recibirlo.

El caso es que se le dio el Nobel a un elemento que no solamente nada ha hecho por la paz, sino que, analizando fríamente la cuestión, ha contribuido a que se extiendan guerras y matanzas.

Ahora nos explicamos porqué el Premio Nobel no tiene ya el prestigio de otros tiempos.

Habrá quien nos replique diciendo que fue Obama quien mandó matar a Osama Bin Laden, lo cual significó un duro golpe para los terroristas de Al Qaeda.

No lo negamos, sólo que hay que tener en cuenta un detalle muy importante: Meses antes de que eso ocurriera, Obama arrastraba ya tal desprestigio, que todo hacía suponer que perdería las elecciones.

Fue entonces cuando se decidió a poner en práctica una jugada maestra: Matar a Obama, restaurar su imagen y conseguir la reelección.

Quizás ahora, ante las ya muy próximas elecciones de medio periodo, Obama intentase algo parecido.

Y es que, si pierde la mayoría en ambas Cámaras, la consecuencia será que estará atado de pies y manos durante los dos últimos años de su periodo.

Si eso ocurriese, sería el Congreso y no Obama quien gobernase.

¿Cuál será la nueva jugada electorera de Obama? ¿Pacificar Libia y Siria? ¿Acabar con el califato yihadista? ¿Ayudar a Ucrania a defenderse de los rusos?

No lo sabemos. Quizás ni él mismo lo sepa.

Más vale que se apure, pues le quedan tan sólo unas cuantas semanas.

Y que tenga mucho cuidado, no sea que, por obrar de manera precipitada, acabe tirándole piedras a un avispero y eso sí que sería fatal.

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