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¿Conviene reducir los plurinominales?

La propuesta de César Camacho Quiroz, presidente del PRI, en el sentido de estudiar la posibilidad de reducir el número de diputados y senadores plurinominales, provocó los más diversos comentarios.


El papel de la política


Hay quienes opinan que es excesivo el número de legisladores federales (500 diputados y 128 senadores) lo cual ocasiona un gasto cuantioso.

Por otra parte, la costosa fiesta que tuvieron algunos diputados en Puerto Vallarta hace varios meses ha causado gran malestar en la opinión pública.

El común de la gente, ante la grave crisis que la agobia, protesta por dichos excesos y se pregunta si vale la pena pagar altísimos sueldos a miembros del Poder Legislativo, aun a sabiendas de que muchos de sus integrantes son de conducta indeseable.

Ante todo lo anterior, la conclusión más sensata pareciera ser la siguiente: Mientras menos diputados, menos gastos y menos vividores.

Mas, sin embargo, se impone analizar a fondo todas las circunstancias, ya que solamente así lograremos entender qué hay detrás de toda esta polémica.

El principio de Representación Proporcional –que dio origen a los llamados diputados plurinominales– tuvo su origen a finales de la década de los años 70 del siglo pasado.

Dicho principio fue una idea de aquel viejo lobo de la política que era Jesús Reyes Heroles, quien, deseando domesticar a la oposición, decidió darle una oportunidad de expresarse en el Congreso.

Se ponía en práctica aquel viejo principio según el cual “es necesario que algo cambie para que todo siga igual”.

Con el tiempo, debido a las presiones de una sociedad civil cada vez más descontenta, fue aumentando el número de plurinominales, incluyendo también al Senado.

Fue así que se logró, en 1997, que el PRI, por primera vez en la historia, perdiese la mayoría absoluta.

Después vino la pérdida de la Presidencia en 2000 y que el PRI quedase en tercer lugar en la elección presidencial de 2006.

Desgraciadamente, la conducta corrupta y viciosa de algunos diputados tanto del PAN como del PRD creó tan mala imagen en la opinión pública, que la gran mayoría los considera iguales o peores que si fueran del PRI.

Por eso es que la propuesta de reducir el número de plurinominales pudiera parecer sensata.

Pensar eso es un error, ya que si tal medida se llevase a cabo, ocurriría que se dejaría sin voz ni voto a la oposición y que el partido que tuviese la Presidencia –actualmente el PRI– controlase al Poder Legislativo sin ningún problema.

Podría darse el caso –y ya ocurrió cuando Salinas de Gortari ganó las elecciones– que el candidato presidencial triunfase por un poco más del 50 por ciento, pero que en el Congreso contase con una cómoda mayoría superior al 70 por ciento.

En ese caso, se volvería al sistema de Presidencia Imperial, en el cual el PRI podría aprobar todas las leyes que le diera la gana, sin tomar en cuenta a la oposición.

Volverían aquellos tiempos grotescos en que vimos a la inmensa mayoría de los diputados aplaudiendo de pie a Echeverría cuando devaluaba la moneda y haciendo lo mismo con López Portillo cuando estatizaba la Banca.

Eso es lo que hay de fondo dentro de la propuesta de Camacho Quiroz: Quitarle voz y votos a la oposición y volver al sistema de partido único.

Regresaríamos al viejo sistema que Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura 2010, definió como “la dictadura perfecta”.

Así pues, la mencionada propuesta no es más que una.

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