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La expulsión de los Jesuitas

En este ajetreado 2017 que pronto habrá de concluir, se cumple un cuarto de milenio de una efeméride catastrófica cuyas consecuencias aún resentimos.



Fue en el año 1767 cuando, reinando en España el rey Carlos III, dicho monarca ordenó que de todos sus dominios fuesen expulsados todos los miembros pertenecientes a la Compañía de Jesús.

Tan bárbaro decreto se ejecutó en estas tierras de la Nueva España el 25 de junio de 1767 que aquel año coincidía con la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, devoción predilecta de los jesuitas.

El decreto se ejecutó con una precisión milimétrica y, en pocas semanas, tanto los jesuitas que evangelizaban Sonora y la Baja California como los que atendían las Reducciones del Paraguay, bebieron el amargo licor del destierro.

Aparte de las consecuencias espirituales que produjo dicha medida -especialmente que fuesen abandonadas las misiones- las consecuencias en el terreno cultural fueron desastrosas.

A partir de la expulsión de los jesuitas, los criollos -que integraban una elevada posición social- quedaron sin educadores y suplieron esta carencia bebiendo de las fuentes contaminadas de un Voltaire, un Rousseau y otros cuyas obras desencadenaron ese sangriento terremoto que fue la Revolución Francesa.

La educación de los criollos quedó al garete y años después -cuando estos ocupaban importantes posiciones políticas- desde el poder se vio como se ponían en práctica una serie de medidas que arruinaron social, cultural, moral y económicamente a estos pueblos.

La educación que impartían los jesuitas en sus colegios y universidades enseñaba a sus alumnos a pensar conforme al modelo aristotélico-tomista. A partir de la expulsión, los educandos fueron incapaces de armar un argumento racional, prefiriendo darles acogida a ideas preconcebidas difundidas por una propaganda machacona e insistente.

La obra que realizaban los jesuitas en sus misiones atrajo infinidad de pueblos a la cristiandad. A partir de la expulsión, los neófitos quedaron abandonados a su triste suerte volviendo muchos de ellos a sus antiguas prácticas paganas.

Testimonios elocuentes de aquellos portentos de fe y cultura dirigidos por los jesuitas, aún en nuestros días causan admiración: La Profesa y San Ildefonso, en la Ciudad de México; el templo de la Compañía, en Puebla; el Palacio Clavigero, en Morelia, etc.

Vale la pena citar lo que, con motivo de la expulsión, dicen tres ilustres personajes:

*“Nada queda sin castigo en este mundo ni en el otro; y sobre los pueblos que matan la luz del saber y reniegan de sus tradiciones científicas, manda Dios tinieblas visible y palpables de ignorancia” (Marcelino Menéndez y Pelayo).

*” Precisamente desde entonces es cuando empieza el desvío general de lo que es raíz de todos los negocios, la educación de la juventud…la falta de piedad en las clases directoras, la falta de seriedad y métodos en los estudios, data en México desde entonces…Sin negar la brillantez de muchos ingenios mexicanos, nuestra ilustración colectiva, ha ido, desde entonces, bajándose y rebajándose cada vez más” (Mariano Cuevas, S.J.)

*” Cuando de pronto, desde la misma España del cetro y de la cruz, desde aquel Rey que era heredero de los Reyes Católicos llegó a las Indias la prueba tangible de filosofía volteriana: “Fuera Jesuitas”, aquel día el Rey de España desató con sus propias manos el lazo más fuerte que unía a su Corona con los reinos de ultramar” (Salvador de Madariaga)

Y rematamos con una frase que se hizo tristemente célebre y que fue pronunciada por el Marqués de Croix, virrey de la Nueva España, cuando en estas tierras el pueblo protestó contra tan injusta medida: “Sepan de una buena vez por todas que los súbditos de este gran rey que nos gobierna que nacieron para callar y obedecer y no para discutir ni opinar en los graves asuntos de gobierno”

Así se arreglaban las cosas en aquella época y era así como se justificaba uno de los decretos más injustos que se han dado en todos los tiempos.

Una medida que se aplicó hace 250 años y cuyas consecuencias aún lamentamos.

 

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

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