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Sentido del humor en el gran momento.

¿Cómo podría definirse la palabra “humor”?

Difícil respuesta, máxime cuando, siempre que la mencionan, la gran mayoría saca a tema el tradicional temperamento británico que se caracteriza por ser flemático y porque, sin alterar un solo músculo del rostro, logra no solamente burlarse de quien tiene enfrente sino incluso  criticar con ironía una situación que considera injusta.


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El humor vendría siendo un modo de ver la vida con realismo resignado e incluso teniendo el valor de censurar aquello con lo que estamos en desacuerdo.

Todo aquel que hace gala del sentido de humor se muestra pragmático ante lo inevitable y, por medio de su conducta, muestra tal frialdad que da la impresión de que poco le importa que pueda pasarle lo peor.

Así tenemos el caso de Santo Tomás Moro, quien, por haber gozado de todas las confianzas de Enrique VIII, el monarca intentó, hasta el último momento, que se pasara a su bando.

Fue por ello que, continuamente, le enviaba mensajeros preguntándole si había cambiado de opinión y si se decidía por fin apoyar el divorcio de su viejo amigo.

Fue tal la insistencia que, un buen día, el preso de dijo a uno de los mensajeros:

-Decidle al rey que he cambiado de opinión.

Enrique VIII siente que no cabe en sí de tanto gozo pues cree haber dominado a su viejo amigo; envía nuevamente al mensajero a la Torre de Londres y es allí donde el ex canciller aclara:

-Sí, he cambiado de opinión; No me afeitaré la barba, prefiero llevarla al patíbulo.

Cuando llegó la hora fatal, antes de subir los escalones del cadalso, le dice a uno de los allí presentes:

-Ayudadme a subir, que para bajar ya me las arreglaré yo solo.

Cuando estaba a punto de ser decapitado, el autor de “Utopía” le dice a su verdugo:

-Por favor, corta la cabeza de un solo golpe, de lo contrario tu reputación quedará en entredicho.

Fortaleza ante lo inevitable en un momento tan trascendente como es el de la muerte.

Una fortaleza de tales dimensiones que muestra Santo Tomás Moro haciendo gala de su ingenio burlándose del momento presente y, quiérase o no, también de quien decretó su ejecución.

Cuatro siglos después, en la España del 36, donde cualquiera podía perder la vida no sólo por ser opositor al régimen sino porque se sospechase que era católico y de derechas, volvemos a encontrar otra muestra del más fino humor.

Don Pedro Muñoz Seca fue uno de los grandes comediantes españoles del siglo XX. Estrenó infinidad de obras teatrales, siendo la más famosa “La venganza de don Mendo”.

Por ser católico fue arrestado y, sin que se le siguiera juicio alguno, fue asesinado en Paracuellos del Jarama el 28 de noviembre de 1936.

A punto estaba de ser ejecutado, cuando, haciendo gala de un especialísimo sentido del humor, desafió a sus verdugos mostrándole como le importaba muy poco el fin que le esperaba:

-Podréis quitarme la cartera, podréis quitarme las monedas que llevo encima, podréis quitarme el reloj de mi muñeca y las llaves que llevo en el bolsillo, podréis quitarme hasta la vida; sólo hay una cosa que no podréis quitarme, por mucho empeño que pongáis: el miedo que tengo.

Un sentido del humor en el momento más importante de la vida que es la muerte.

Un sentido del humor que no está al alcance de cualquiera y que solamente pueden mostrar aquellos cuya conciencia está en paz con Dios y que, más que a la muerte, a lo que más miedo le tienen es a la condenación eterna.

Santo Tomás Moro es el patrono de los políticos.

Pedro Muñoz Seca, martirizado por su condición de católicos, está a un paso de ser beatificado.

Ambos demostraron como el buen humor jamás está reñido con la fe, con la congruencia y con la valentía propia de los héroes.

 

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

 

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