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La leyenda de Cuilapan

Cuando, en alguna conversación, sale a tema lo relativo a las leyendas mexicanas, de inmediato, dentro del vasto repertorio nos acordamos tanto de “La llorona” como de la de “La calle de don Juan Manuel”, las dos ambientadas en plena época virreinal.


La leyenda de Cuilapan


Suspenso, emoción y un ligerísimo escalofrío que hace las delicias de quienes de noche las escuchan mientras afuera llueve a cántaros.

Sin embargo, existen otras –también de la época virreinal– que no porque sean pocos quienes las conocemos dejan de emocionar e incluso dar un mensaje.

Sería el caso de la Leyenda de Cuilapan.

¿Saben nuestros amigos lectores por qué nunca se terminó de construir la iglesia de Cuilapan?

Empezaremos diciendo que Cuilapan es una pequeña población situada en las afueras de la ciudad de Oaxaca, en donde se encuentra un convento construido por los frailes de Santo Domingo en el siglo XVI. Los dominicos habitaron dicho convento, pero una gran tristeza les consumía debido a que no tenían templo.

Cierto día, los frailes que habitaban el convento vieron llegar una diligencia escoltada por cuatro jinetes y cómo de ella bajaba un fraile con un capuchón tapándole el rostro. El Padre Prior lo recibe y se apresura a llevarlo a la celda que le había asignado.

La clave de esta leyenda la da el diálogo que el misterioso fraile sostiene con el prior:

-No es posible que edifiquéis la iglesia. No tenéis dinero ni indios que os ayuden. Aceptad mi oferta y os aseguro que saldréis ganando.

-No dudo que tengáis recursos para hacerlo. Lo único que dudo es que, como me habéis dicho, podáis hacerlo en tan sólo una noche.

-Es cosa mía. Sólo pido tres cosas: Que me deis permiso, que esa noche ningún fraile salga de su celda y un gallo.

-Concedido.

El caso es que si alguien, fraile o cualquier otra persona, hubiera espiado esa noche, habría asistido a un espectáculo tenebroso: Cientos, quizás miles de sombrar parecían brotar de las entrañas de la tierra para trabajar a marchas forzadas en su propósito de construir un templo sobre un terreno abandonado.

Y fue así como, a medida que pasaban las horas, surgen los cimientos que sirven de base a los pilares, sobre los pilares se tienden cimbras y, al mismo tiempo, las columnas dan sustento al techo que habrá de cubrir la superficie.

Más he aquí como, de repente, ¡cantó el gallo! Y como si fuera por arte de magia, se suspende la obra, puesto que las sombras fantasmales corren a refugiarse en las entrañas de la tierra.

El templo estaba casi terminado, puesto que tan sólo le faltaban una pequeña parte del cierre y el remate de la cúpula.

Tiempo después se intentó terminar la construcción, pero, algo inexplicable, siempre que se intentaba, se venía abajo lo que se había construido.

Los años pasaron y, estando en su lecho de muerte, el prior confesó que aquel misterioso fraile había hecho un pacto con el demonio ofreciéndole su alma a cambio de que el templo estuviera terminado antes de que cantara el gallo.

Fue entonces cuando el fraile, al ver cómo la obra estaba a punto de rematarse, hizo cantar al gallo y con ello le ganó la partida al diablo logrando salvar su alma.

Fue tal el enojo del demonio al verse burlado, que lanzó la maldición de que el templo de Cuilapan jamás se acabaría de construir, y si alguien lo intentaba, él mismo desbarataría de noche lo que otros construyesen en el día.

Ni duda cabe que la leyenda es un hecho histórico desfigurado por la fantasía; por eso es que, a la vista de un templo inconcluso, nos preguntamos: ¿Qué ocurrió en realidad?

La Historia nos dice que en 1565 llegó a la Nueva España el visitador Jerónimo Valderrama, quien, deseando adular al rey Felipe II, dispuso que los indios pagasen más tributos a la Corona. Sin embargo, el visitador va a toparse con un problema: Los indios, por su libre voluntad, destinaban buena parte de sus recursos para dárselos a los frailes, pidiéndoles a cambio que les construyeran templos y conventos en sus poblaciones.

Al ver cómo la generosidad de los indios disminuía el porcentaje destinado a la Casa Real, el visitador Valderrama prohibió que se construyeran templos suntuosos y, si alguno estaba ya en construcción, las obras deberían suspenderse de inmediato.

Esa es la explicación, basada en datos históricos reales, por la cual jamás llegó a terminarse el templo de Cuilapan.

Como dato interesante, vale la pena recordar que fue allí, a un lado del abandonado convento, donde fusilaron al general Vicente Guerrero.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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