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Dogmas de la “dictadura perfecta”

La “dictadura perfecta”, que fue el sistema de gobierno en México durante más de siete décadas, al igual que cualquier tipo de gobierno totalitario, elaboró una serie de dogmas que todos –desde el todopoderoso Señor Presidente, hasta el más humilde bolero– debían creer y defender “a pie juntillas”.


Los dogmas de la dictadura perfecta


Pobre de quien pusiera en duda los dogmas o, peor aún, de quien los rebatiera abiertamente. En el mejor de los casos, se le cerraban todas las puertas, impidiendo su crecimiento económico y social; en el peor, podía ser objeto de persecuciones que iban desde la mofa pública hasta –en casos muy extremos– la eliminación física.

Uno de los dogmas más conocidos consistía en hacerle creer a quien lo quisiera oír que el sistema agrario mexicano era digno de ser imitado en el mundo entero.

Falso: El Derecho Agrario contenía una serie de normas tan restrictivas que, al no darle la propiedad de la tierra al campesino, lo que ocasionaba era que, de hecho, éste se transformase en un esclavo del cual se aprovechaba el Sistema tanto para conseguir votos como para llevar acarreados a las manifestaciones del PRI.

En esta ocasión hablaremos con cierto detalle de dos dogmas que por décadas fueron intocables y que eran columnas sobre las que se apoyaba el viejo Sistema: El desconocimiento del régimen de Francisco Franco y el apoyo incondicional a la Cuba castrista.

Desde luego que se veía como contradictorio que gobiernos capitalistas e incluso de centroderecha como los de Miguel Alemán, Adolfo Ruíz Cortínez o Gustavo Díaz Ordaz se mantuviesen tercos en su oposición a la España franquista.

Y lo mismo podemos decir de gobiernos no izquierdistas como los de Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo, que siempre apoyaron al régimen comunista de Fidel Castro.

Como que algo no encajaba…

Respecto a la postura antifranquista, durante décadas se engañó a la opinión pública haciéndole creer que era debido a que Franco acabó con el régimen democrático de la II República para implantar un gobierno totalitario.

Respecto a la postura procastrista, durante décadas se engañó también a la opinión pública haciéndole creer que era debido a que se respetaba el sacrosanto principio de “la no intervención y libre autodeterminación de los pueblos”.

A todas luces brota la incongruencia: ¿Dónde quedaba el principio de la “no intervención” cuando se atacaba al régimen de Franco? ¿Se respetaba el principio de la libre autodeterminación de los pueblos cuando se apoyaba al sangriento régimen castrista que fusilaba a sus opositores y jamás permitió elecciones libres?

Con el tiempo todo se sabe y ahora es posible dilucidar estas incongruencias que se apoyaban en bases muy sólidas.

A punto de terminar la guerra civil española, en un yate de lujo, “El Vita”, en los puertos franceses de Rouen y El Havre, se cargaron cerca de doscientos bultos repletos de joyas, monedas de oro y otros objetos valiosos procedentes de depósitos bancarios que habían sido saqueados por las autoridades republicanas.

“El Vita” llega a Veracruz el 23 de marzo de 1939, pero por órdenes de Lázaro Cárdenas desembarca en Tampico su valioso cargamento. Y es a partir de entonces que se produce el misterio: ¿Dónde quedó el tesoro de “El Vita”? El caso es que, entre malos manejos y robos declarados, el mítico tesoro desapareció en pocos meses.

Ahora bien –dejando aparte la cuestión ideológica– si hubieran existido relaciones diplomáticas con la España franquista, lo más seguro es que el gobierno español hubiera exigido que se le restituyese lo robado.

Y como aquel robo era ya de imposible reparación, a los sucesivos presidentes de la “dictadura perfecta” les fue mucho más fácil no reconocer a Franco, puesto que así se adornaban con el argumento de que se oponían a un dictador.

El otro caso, o sea el de apoyo incondicional que por décadas se le dio a la dictadura castrista, tiene también una explicación pragmática.

Sabido es que, a los pocos años de declararse comunista, Fidel Castro empezó a enviar guerrilleros no solamente a diferentes países de Hispanoamérica, sino incluso hasta la lejana Angola.

La única excepción fue México y esto se debió a que, al igual que hace un temeroso comerciante con los narcos que le cobran derecho de piso, los sucesivos presidentes de la “dictadura perfecta” consideraron que lo mejor era apoyar a Castro antes que tener que vérselas con focos guerrilleros en Guerrero, Oaxaca, Chiapas o Michoacán.

Así pues, los dogmas de la “dictadura perfecta” son simples mitos que, en su momento, obedecieron a razones de tipo práctico y que, si se analizan detenidamente, carecen de fundamento ético.

Y fue así como nos engañaron durante décadas.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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