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Tlaxcala: tierra de héroes y de santos

La noticia dio muy pronto la vuelta al mundo, causando un júbilo muy especial en todos los pueblos de la América hispánica.


México; Niños Mártires de Tlaxcala


Y no era para menos, puesto que, por decisión del Papa Francisco, el próximo otoño habrán de ser canonizados Cristobalito, Antonio y Juan, los tres Niños Mártires de Tlaxcala que fueran beatificados por San Juan Pablo II el 6 de mayo de 1990.

El hecho de que una pequeña entidad como es Tlaxcala vea cómo tres de sus hijos son elevados a los altares convierte a los tlaxcaltecas en un pueblo privilegiado.

Mas, sin embargo, si echamos un vistazo a las sabias enseñanzas de la Historia, veremos cómo Tlaxcala tiene motivos más que suficientes para sentirse legítimamente orgullosa.

Hace casi medio milenio, cuando los aztecas imponían una férrea dictadura, no solamente exprimiendo con odiosos tributos a los pueblos vecinos (entre ellos los tlaxcaltecas), sino que capturaban prisioneros para sacrificarlos ante el diabólico Huitzilopochtli, los habitantes de Tlaxcala contribuyeron a que fuese derrocado el imperio del mal.

Fue así como, aprovechando la providencial llegada de un valiente capitán que venía de allende los mares, los tlaxcaltecas ayudaron a que fuesen derrotados los esbirros del sangriento Huichilobos.

Antes de que los feroces aztecas fuesen vencidos, los cuatro caciques tlaxcaltecas accedieron gustosos a ser bautizados. En una pila bautismal que aún se conserva, una vieja inscripción da testimonio del momento histórico en que aquellos bravos guerreros se convirtieron a la Fe de Cristo.

Les administró el Bautismo el Presbítero Juan Díaz, el mismo que, dos años antes, en 1518, había celebrado en Cozumel la primera Misa que se ofició en territorio mexicano.

Pues bien, tanto por el hecho de que allí se dieron las primeras conversiones, como por su fidelidad a la Corona española, el Emperador Carlos V decidió que fuesen los tlaxcaltecas los primeros en tener obispo.

Y fue así como, en 1527, el dominico fray Julián Garcés se convirtió no solamente en obispo de Tlaxcala, sino que pasó a ser el primer obispo que hubo en todo México, territorio llamado en aquel entonces Virreinato de la Nueva España.

Durante la época de la dominación española, los tlaxcaltecas gozaron de grandes privilegios que los ponía casi al mismo nivel de los nobles de la península, tanto así que ser tlaxcalteca era un honor muy especial.

Un pueblo destacado que no solamente puede enorgullecerse de ser el primero en todo México en abrazar la Fe de Cristo, sino que incluso ayudó a extender las fronteras de la civilización occidental: Desde Tlaxcala partió hacia el Norte una expedición de colonos que fundó una ciudad llamada San Esteban de la Nueva Tlaxcala, hoy Saltillo.

En el siglo XIX, durante la invasión norteamericana, al lado de los legendarios Niños Héroes, fue otro tlaxcalteca quien se cubrió de gloria defendiendo el Castillo de Chapultepec: El Coronel Felipe Santiago Xicoténcatl, quien dirigía el Batallón de San Blas.

Por todo ello, la feliz noticia de la canonización de Cristobalito, Antonio y Juan es otra diadema que se agrega a la corona que luce sobre sus sienes el noble pueblo tlaxcalteca. Y no es para menos, puesto que estos tres niños mártires son los primeros santos en tierras del Nuevo Mundo, tres mártires por cuyas venas corre sangre indígena en su totalidad.

Gracias al testimonio que dieron con sus vidas, los tres nuevos santos mexicanos demostraron cómo, a los pocos años de la llegada de los doces frailes franciscanos, ya la semilla sembrada por los misioneros estaba dando frutos copiosos.

A estos tres niños, poseídos plenamente por el espíritu cristiano, no les importó desafiar los convencionalismos sociales ni enfrentarse a sus seres más queridos –Cristobalito censuró la vida viciosa de su padre– con tal de que todos entendieran que el Evangelio es una doctrina que debe vivirse con plena coherencia.

Con un heroísmo a prueba de todo, derramando su sangre por Cristo, estos tres niños mostraron que eran héroes que lograron convertirse en santos. Por eso es que, después de ser beatificados y apoyándose en una veneración popular que viene de mucho tiempo atrás, en Roma se decidió inscribirlos en el catálogo de los santos.

A partir de ahora, junto con San Joselito, el Niño Mártir de Sahuayo, los tres pequeños mártires tlaxcaltecas serán venerados como Patronos de la Niñez Mexicana.

Y en estos difíciles tiempos en que tantos peligros físicos y morales amenazan a nuestros niños y jóvenes, son de gran ayuda, tanto el ejemplo heroico como la poderosa intercesión que, desde el Cielo, puedan prestar estos auténticos Niños Héroes del Cristianismo.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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