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¿Cuándo canonizan al Padre Pro?

La vida, personalidad y martirio del sacerdote jesuita Miguel Agustín Pro han hecho de tan popular personaje una de las figuras más veneradas por los católicos mexicanos.



Muy pocos son quienes ignoren que este joven sacerdote, poseedor de un gran don de gentes, así como de un envidiable sentido del humor y que viviera durante la persecución religiosa de los años 20 del siglo pasado. Fue un auténtico héroe del Cristianismo.

Apóstol infatigable que se disfrazaba de mil modos diferentes para burlar a sus perseguidores y –de ese modo– poder celebrar Misas privadas, impartir sacramentos y realizar generosas obras de caridad.

Un hombre que era buscado por los esbirros del dictador Calles para encerrarlo y darle muerte.

Al final lo consiguieron, puesto que, sin que el Padre Pro tuviera culpa alguna, lo implicaron en un intento de homicidio en contra del general Obregón y –sin juicio previo y violando un amparo que ordenaba suspender la ejecución– el sacerdote fue fusilado junto con otros tres.

Su entierro fue un acto apoteósico de canonización popular ya que, desde la casa paterna donde velaron su cuerpo hasta el Panteón de Dolores, marcharon más de veinte mil personas aclamando al mártir y entonando cánticos religiosos.

Pasaron muchos años y, debido a que las circunstancias políticas lo impedían (eran los tiempos duros de la dictadura del PRI), poco se hizo por promover su causa de beatificación.

Sin embargo, el recuerdo del mártir vivía entre el pueblo humilde y prueba de ello eran las peticiones y ramos de flores que continuamente aparecían en su tumba.

Con el tiempo y como era de esperarse –especialmente por tu torpe manejo de la economía– el sistema dictatorial del PRI-GOBIERNO se fue resquebrajando, permitiendo una mayor participación de los católicos en política.

Esta circunstancia fue aprovechada por las autoridades eclesiásticas para demostrar no sólo la inocencia del Padre Pro en el fallido atentado contra Obregón, sino que lo habían matado por su condición de sacerdote o sea por odio a la fe.

Estaba claro que no era ni delincuente ni agitador político. Era un auténtico mártir de Cristo que había sido sacrificado dentro del clima de persecución religiosa que ensangrentaba el país.

Los documentos llegan a Roma donde los estudian a conciencia y –después de un minucioso examen– San Juan Pablo II beatifica al Padre Pro el 25 de septiembre de 1988.

Desde entonces ha pasado más de un cuarto de siglo y el Padre Pro no ha logrado alcanzar esa categoría de santo que le permita ser venerado en todo el mundo.

Y es que, según lo disponen las rígidas normas de los procesos de canonización, es necesario que se pruebe que se realizó un milagro debido a la intercesión del beato.

Muchos son los favores que ha hecho el Padre Pro; sin embargo hasta el momento no se ha demostrado a plenitud que haya obrado algún milagro.

¿Existen o no dichos milagros? En caso afirmativo, quienes promueven la causa…¿Qué están haciendo para que en Roma los estudien a fondo?

Cuando el año pasado se canonizó al niño San José Sánchez del Río fue porque se comprobó que, gracias a su intercesión, había alcanzado la salud una recién nacida a quien los médicos habían desahuciado.

Lo mismo puede ocurrir con la causa del Padre Pro.

A menos que el Papa Francisco decida seguir el mismo procedimiento que siguió con San Juan XXIII y con San Junípero Serra.

Procedimiento que consistiría en el hecho de probar como, desde un principio, el candidato a la canonización ha recibido un culto constante o sea que, según la “vox populi” sea considerado santo.

Un procedimiento que es válido y que, en el caso del Padre Pro, puede demostrarse a plenitud pues –como antes dijimos- su multitudinario entierro fue una especie de canonización popular.

Cuando el Papa Francisco visitó México el año pasado, un grupo de importantes jesuitas de la provincia mexicana le entregó al Vicario de Cristo un expediente relacionado con este personaje.

¿Qué tan importante es dicha documentación? ¿Estaremos a punto de contar con un nuevo santo?

Sus restos se conservan dentro de una urna de plata en la parroquia de la Sagrada Familia, en la Colonia Roma. Lugar al que, diariamente acuden muchos devotos tanto a darle gracias como a pedirle favores.

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