Últimas noticias:

España y la Iglesia en tierras de América

Deseando pescar a río revuelto, o sea, enlodar la obra que España y la Iglesia realizaron en tierras del Nuevo Mundo, se han dejado oír voces clamando en contra de lo que califican de genocidio, ya que –según autores de dicha corriente– lo que en América tuvo lugar fue un crimen mucho más grave que el cometido por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.



 

Desde luego que resulta imposible dialogar con quienes –cegados por la pasión sectaria– se niegan a escuchar cualquier argumento razonable.

Ahora bien, lo que sí vale la pena es proporcionarle información veraz a quienes –de buena fe– buscan la Justicia y la Verdad.

Ésa es la razón por la cual, en lo referente a esa gran epopeya que fue el Descubrimiento y Cristianización de América, nos permitimos recomendar una gran obra que trata ampliamente lo relativo a la mayor empresa misionera de toda la historia.

Nos referimos al libro “Hechos de los Apóstoles en América”, cuyo autor es el Padre José María Iraburu (Fundación GRATIS DATE. Apartado 2154. 31080, Pamplona. España).

Empieza el autor por aclarar que lo que tuvo lugar el 12 de octubre de 1492 fue un auténtico descubrimiento, por la sencilla razón de que se halló algo que estaba escondido.

Un descubrimiento que, según el Padre Iraburu, expresa una triple verdad:

1) España, y después de ella todo el mundo, descubre un Continente de que no había noticia alguna.

2) Los aborígenes de América descubren también América por la sencilla razón de que ni siguiera entre ellos se conocía. Y así, valgan los ejemplos, un azteca no sabía que existían los guaraníes, ni los incas sabían de la existencia de los apaches.

3) Quizás lo más importante: A partir del 12 de octubre de 1492, América descubrió a Cristo gracias a los misioneros que llegaron de España.

Pues bien, de esa gran proeza en la que el papel principal fue desempeñado por misioneros españoles trata el Padre Iraburu.

En una obra que, en un principio, estuvo dividida en siete cuadernos, el autor trata del Descubrimiento y primeros evangelizadores, para luego abundar en las misiones realizadas en México, Perú, América del Sur y América del Norte; para rematar con los ataques que los católicos hispanoamericanos han sufrido en los últimos dos siglos.

En esos ataques, el autor hace énfasis en lo ocurrido desde la expulsión de los jesuitas (1767), el gobierno del presidente ecuatoriano Gabriel García Moreno y las persecuciones masónicas en México que culminaron con la gran gesta de la Cristiada.

A través de las páginas de obra tan monumental, vemos desfilar a grandes personajes, como fueron los primeros doce franciscanos que llegaron a México, Zumárraga, Don Vasco de Quiroga, los niños mártires de Tlaxcala, el beato Sebastián de Aparicio, San Juan Diego y La Guadalupana; San Pedro de Betancourt, el Padre Margil de Jesús, San Junípero Serra, Santo Toribio de Mogrovejo, San Francisco Solano, San Pedro Claver, los jesuitas del Paraguay, San José de Anchieta, San Francisco de Laval, etc.

Toda una constelación que ilumina el firmamento americano, en la cual vemos cómo aquellos misioneros no se limitaban a predicar el Evangelio, sino que procuraban civilizar a los neófitos con el fin de que elevasen su nivel de vida.

Y fue así como, junto con la Cruz, llegaron también los elementos básicos de la civilización occidental, como son la imprenta, el arado, la carreta, y una serie de objetos que proporcionaron a los nuevos cristianos un oficio mediante el cual podrían ganarse honestamente el pan nuestro de cada día.

Más que regalarles un pescado para que comiesen un día, lo que los misioneros hicieron fue enseñarles a pescar para que comiesen toda una vida.

Una obra colosal que no tiene parangón en la historia universal.

Ante todas estas proezas realizadas por personajes que fueron héroes y santos al mismo tiempo, suena ridículo que voces tendenciosas exijan que España y la Iglesia pidan perdón por las faltas que algunos malos cristianos pudieran haber cometido.

¿Nos imaginamos a San Junípero Serra pidiendo perdón por haber civilizado California o a los jesuitas del Paraguay por haber hecho lo mismo con los guaraníes?

Una gota de lodo puede manchar un diamante, pero no por eso el diamante pierde el brillo y valor que lo caracterizan.

Igual ocurre con la magnífica obra que España y la Iglesia realizaron en América y Filipinas.

Vale la pena leer el libro del Padre Iraburu, ampliamente lo recomendamos.

 

 

@yoinfluyo

comentarios@yoinfluyo.com

* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

 


 

 

Lo más visto

Síguenos en nuestras redes sociales

Yoinfluyo Yoinfluyo Yoinfluyo Yoinfluyo

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar