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“Canción de Navidad”: Un libro para estos días

El planeta le ha dado otra vuelta al sol y en estos días –al igual que hace un año– volvemos a estar en plena temporada navideña.



Desde luego que ese feroz consumismo que nos abrasa los bolsillos empujándonos a comprar por comprar se muestra tan despiadado, que ya desde fines de octubre –antes de que pasara el día de los Fieles Difuntos– empezó a decorar los grandes almacenes con esferas, arbolitos de Navidad, adornos y la típica figura de Santa Claus.

Aunque bien merece un comentario aparte –prometemos hacerlo otro día– distinguir claramente entre el barbudo panzón vestido de rojo y los Santos Reyes Magos, hay otro punto que llama nuestra atención.

Aquí, en la antaño Muy Noble y Leal Ciudad de México, hace ya varias semanas que la propaganda consumista nos insiste en que un modo apropiado de celebrar la temporada navideña es ir con toda nuestra familia al Auditorio Nacional.

Y es que en el monumental foro de la Avenida Reforma se está representando una obra excepcional: “El Cascanueces”, de Tchaikovski.

Empezaremos reconociendo que el autor de dicha obra musical, o sea, el compositor que le dio vida, fue uno de los genios musicales más portentosos que dio la cultura rusa en la segunda mitad del siglo XIX. Un personaje fuera de lo común, que no solamente triunfó en su patria, sino que, después de recibir aplausos en Europa, cruzó el Atlántico para recibir homenajes merecidísimos en Estados Unidos.

A este genio de la música se debe también esa gran obra que es “El lago de los cisnes”. Queda, pues, fuera de duda la valía tanto del autor como de su obra.

Sin embargo, aunque no dejamos de reconocer que, efectivamente, asistir a ver “El Cascanueces” es algo apropiado para esta época, nos permitimos recomendar otra obra propia de la temporada. No se trata de una obra de ballet clásico, como la mencionada, sino más bien de una obra perteneciente al mundo de la Literatura, en concreto al género de la novela.

Considerando que, si asistimos con toda la familia, el precio de un boleto para ver “El Cascanueces” no está al alcance de todos los bolsillos y, en cambio, el costo de un libro lo puede cubrir cualquiera, nos permitimos recomendar “Canción de Navidad”, del escritor británico Charles Dickens.

Dicha obra ha tenido tal éxito, que no solamente se ha representado en teatro, sino que incluso ha sido llevada al cine.

En su obra, Dickens nos cuenta la historia de un viejo avaro que vive en el lluvioso Londres del siglo XIX, que no tiene familia y cuya única aspiración es ganar dinero sin preocuparse por los problemas de quienes le rodean.

A pesar de que sus arcones estaban llenos de billetes y monedas de oro, el viejo Scrooge vivía en medio de una miseria que, aparte de ser material, era también moral.

Una noche, en víspera de la Noche Buena, recibe la inesperada visita del espíritu de su fallecido socio, quien, cargado de cadenas, le dice que está pagando por todo cuanto hizo y que, de no arrepentirse, también Scrooge caminará por el mismo sendero.

Es entonces cuando tres espíritus de las Navidades (el de las pasadas, el de las presentes y el de las futuras) le hacen ver cómo era su vida cuando joven, cómo es ahora, y lo que le espera en el futuro.

Es entonces que reconoce cómo, en un principio, era un buen hombre, y cómo, por causa de la avaricia, se le congeló el corazón, transformándolo en un ser ruin y despiadado al que todos temen.

No contamos el final porque los invitamos a que lean la novela. Baste decir que la enseñanza medular que Dickens nos da es la siguiente: “Nunca es tarde para enmendarse. Mientras haya vida tendremos la oportunidad de reparar el daño que hemos hecho y de brindar un poco de cariño a quienes nos rodean”.

Una novela clásica que no solamente deleita con su magnífica prosa, sino que nos proporciona una enseñanza que jamás debemos olvidar: NUNCA ES TARDE.

Ahora que estamos a unos cuantos días de que el año termine, vale la pena reflexionar y, como propósito de Año Nuevo, proponerse sinceramente ser mejores.

No lo olvidemos: NUNCA ES TARDE.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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