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Amenaza catástrofe peor que el terremoto del 85

Una vez más nos hallamos en plena temporada de lluvias la cual suele durar alrededor de cinco meses puesto que va desde mediados de mayo hasta mediados de octubre.



La consecuencia inmediata de esta temporada es que, debido a los torrenciales aguaceros y deficiencias del drenaje, la Ciudad de México sufra las típicas inundaciones de temporada.

Es aquí donde los conocedores del tema repiten siempre lo mismo: Que esto se debe a que la Ciudad se edificó en un lugar equivocado o sea sobre un lago; que ya en tiempo de los aztecas se construyó un dique para impedir que las aguas llegaran a Tenochtitlán; que, en el siglo XVII, Enrico Martínez intentó desaguar el Lago de Texcoco; que a principios del siglo XX don Porfirio, por medio del Gran Canal, secó dicho lago y que –debido a que la naturaleza jamás perdona– las aguas buscan siempre su cauce natural.

El caso es que el desierto en que se transformó el antiguo Lago de Texcoco originó asentamientos irregulares que dieron nacimiento al municipio de Ciudad Netzahualcóyotl.

Asimismo, al secarse el lago, se trastornó el equilibrio ecológico, se produjeron corrientes de aire que chocaron entre sí y –resultado de ello- fueron las tolvaneras que por décadas envenenaron el aire de la capital del país.

A partir de marzo de 1971 se creó la Comisión del Lago de Texcoco por medio de la cual –aprovechando el deshielo de los volcanes– se construyeron lagos artificiales a la vez que se sembraron pastizales para evitar que el polvo se levantara.

De momento las tolvaneras que llegaban del oriente parecen haber dejado de ser un peligro para el Distrito Federal.

Sin embargo, existe un peligro bastante grave que –a pesar de las advertencias que se han hecho– no ha logrado corregirse.

Cuando don Porfirio construyó el Canal del Desagüe, gracias a la ley de la gravedad, las aguas corrían por dicho conducto, llegaban al Túnel de Tequixquiac y de allí desembocaban en un río que las llevaba hasta el mar.

En 1969 la Ciudad se había hundido de tal modo que el agua bajaba y con bastante dificultad hacia el Canal.

Para 1992 la pendiente era negativa o sea que la Metrópoli se hallaba por debajo del nivel del Canal lo cual hacía que el agua regresara hacia la Ciudad, motivo por el cual se hizo necesario el uso de bombas para expulsarla.

A lo anterior se suma el cambio climático que modifica los patrones e intensidad de las lluvias y que también aceleran el deshielo de los volcanes.

Esto deja a la Ciudad de México en un estado de riesgo permanente motivo por el cual, en el momento menos pensado, pudiera ocasionarse una catástrofe.

Fue terrible aquella inundación del 15 de julio de 1951 que asoló a la Ciudad de México y en la cual el Zócalo se había convertido en una laguna.

Y lo mismo ocurría con los alrededores ya que, por ejemplo, la Avenida Anillo de Circunvalación era un torrente capaz de arrastrar a cualquiera…

La mayoría de las seis mil bodegas y locales de la Merced estaban inundadas y las ratas comenzaban a salir a flote buscando tierra firme.

En la mayoría de la zona urbana podía percibirse un desagradable olor a caño. Asimismo, a los pocos días, en algunos sectores de la población se comenzaron a detectar brotes de diarrea, así como alergias en la piel.

Algo dantesco. Sin duda increíble para las actuales generaciones que no lo padecieron y que oyen contárselo a sus abuelos.

Sin embargo, lo peor del caso es que el peligro existe y, según opinión de los expertos, si se llegara a dar un colapso en el túnel Emisor Central del Drenaje Profundo se daría una situación crítica puesto que el oriente y centro del Valle de México se vería inundado por agua de lluvia mezclada con aguas negras que alcanzarían los cinco metros de altura.

Se verías afectadas zonas estratégicas como el Centro Histórico, el Aeropuerto Internacional y el Metro.

Ojalá que funcionarios responsables tomen conciencia del peligro y, con las técnicas propias del siglo XXI, logren impedir una catástrofe que puede ser de proporciones iguales o peores que las del terremoto de 1985.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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