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La trata de personas

De unos años a esta parte, el tema de la trata de personas ocupa un lugar muy importante dentro de las conversaciones del común de la gente. Oportuno sería que hablemos de tan odioso sistema de esclavitud que en el mundo flagela a muchas mujeres en estos primeros años del siglo XXI. Son tres las etapas mediante las cuales se lleva a cabo la trata de mujeres:



1. Captación: La mujer –por lo general adolescente– es sometida bien sea mediante la fuerza, el engaño, el fraude o el enamoramiento.

2. Traslado: Una vez que la chica es sometida, se le lleva a lugares desconocidos donde será recibida, acogida y vigilada.

3. Explotacion: Una vez capturada, la víctima es sometida a explotación sexual o laboral haciéndole creer que la única forma de subsistir solamente será prostituyéndose o trabajando en las peores condiciones.

Es tal el lavado de cerebro que recibe la jovencita que –incluso cuando es rescatada– se resiste a volver a su pueblo o con su familia.

Esto tiene una explicación lógica pues, ya sea por temor o porque son débiles las instituciones de justicia, las víctimas jamás denuncian a sus captores.

Según lo expuesto anteriormente, sacaremos por conclusión que las raíces del problema son mucho más profundas de lo que pudiera pensarse.

Las mujeres que sufren la opresión de tratantes sin escrúpulos suelen caer en sus redes porque huyen ya sea del mal ambiente familiar o ya sea de algún fracaso escolar o sentimental. En la mayoría de los casos nos encontramos con hogares desintegrados que se encogen de hombros ante los problemas por los que pasa la joven adolescente.

Eso explica que cuando llegó alguien ofreciéndoles “el oro y el moro” o “bajándoles el sol, la luna y las estrellas” para jurarles amor eterno, vayan con él al creer ingenuamente que solamente así encontrarán la salida al ambiente desagradable que les rodea.

No han visto un mundo mejor; razón por la cual –aunque pasen por las experiencias más desagradables– creen que siempre saldrán ganando. Sin embargo, conforme más se van hundiendo, estas pobres mujeres verán como su voluntad se ha reducido a la mínima expresión y como su libertad de decisión ha desaparecido por completo.

Una auténtica esclavitud que ejercen personas ambiciosas y que tiene su origen en la desintegración familiar.

Una desintegración familiar que puede ser causada por el divorcio o la pobreza extrema.

Ni duda cabe que al hablar del divorcio habrá que analizar cuáles fueron las circunstancias concretas que llevaron a los cónyuges a separarse; convirtiendo a sus hijos en huérfanos de padres vivos. ¿Fue el choque de temperamentos fuertes? ¿Fue alguna infidelidad que hizo perder la confianza? ¿Fue la influencia perniciosa de parientes envidiosos? ¿Fue la inmadurez? ¿Fueron las bajas pasiones? Y lo mismo podemos decir de la pobreza extrema.

¿Acaso el padres es un holgazán que quiere vivir sin trabajar? ¿Acaso la madre es una derrochadora que malgasta lo poco que gana el marido? ¿Acaso una grave enfermedad ha consumido los ahorros familiares?

Hay mucha tela de donde cortar, razón por la cual si tratamos de responder a todas esas preguntas podemos alargarnos hasta el infinito.

Ahora bien, lo que realmente importa aquí es tratar de eliminar las causas que impulsan a jovencitas inexpertas a huir de sus hogares buscando un paraíso que no existe. Es vital que los padres se preocupen por sus hijas, que sean sus confidentes, que las apoyen y que sean ellos y no los extraños quienes les ayuden a superar la depresión que les aflige.

En cuanto a la impunidad que brota de las autoridades corruptas ese es otro tema digno de tratarse con mayor amplitud en otra ocasión.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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