Últimas noticias:

Murió el Padre Amorth

Hace algunos días, concretamente el 16 de septiembre, falleció a los 91 años de edad el Padre Gabriele Amorth, mundialmente conocido porque San Juan Pablo II le confirió el título de exorcista de la Diócesis de Roma.



Aparte de los miles, miles y miles de exorcismos que este sacerdote realizó a lo largo de su vida, el Padre Amorth es autor de varios libros que tratan acerca de satanismo, posesión diabólica y modos de liberar a los posesos. Quizás su obra más conocida sea “Habla un exorcista”, publicada en 1990, que ha sido editada varias veces y traducida a diversos idiomas.

Habrá que empezar haciendo un poco de historia.

Es lamentable reconocerlo, pero el hecho es que la descristianización de la sociedad –que se inició en el siglo XVI para culminar en el siglo XX– hizo que la mayoría de la gente –incluso bautizados– dudasen de la existencia del demonio, pensando que cuando se le menciona es para hacer referencia al Mal de manera abstracta.

Quizás fue por ello que, a finales del siglo XIX, el poeta Charles Baudelaire llegó a decir que “el mayor triunfo del demonio es que ya nadie crea en su existencia”.

Y es así como transcurre el siglo XX, con dos guerras mundiales, numerosos conflictos locales, sangrientas persecuciones contra la Iglesia y –fruto de todo ello– una pavorosa corrupción moral de la sociedad.

Quizás fue por eso que, a principios de la década de los años 70 del siglo XX, el estadounidense William Peter Blaty obtuvo un enorme éxito al publicar una novela que fue luego llevada al cine: “El Exorcista”. Es muy probable que dicha novela le haya abierto los ojos a millones de personas, y la prueba es que fueron miles quienes, en Estados Unidos, se convirtieron al catolicismo.

Es a partir de entonces que la humanidad toma conciencia de la existencia del demonio, un viejo enemigo que, desde el principio de los tiempos, lucha por la perdición del linaje humano.

Y a dicha toma de conciencia mucho ayudaron las alocuciones del beato Pablo VI (junio y noviembre de 1972), las de San Juan Pablo II (agosto de 1986) y, por supuesto, las continuas referencias que hace del Maligno el Papa Francisco.

Dentro de la insistencia por recordar principios elementales de la Teología Dogmática, se presenta el Padre Gabriele Amorth quien, aparte de los miles de exorcismos realizados, en sus libros le recuerda al mundo católico que un viejo enemigo está actuando, un viejo enemigo –que quizás por estar en el olvido– es hoy más peligroso que nunca.

A lo largo de su fecundo apostolado, hubo algo que al Padre Amorth le quitó continuamente el sueño. Ese “algo” no era el temor a las represalias de un demonio a quien vencía en todos los exorcismos en que se le enfrentaba. Más bien, ese “algo” era la pasividad –quizás temor– de muchos obispos, al negarse a que en sus diócesis existieran exorcistas en suficiente cantidad para atender las necesidades de sus fieles.

Esa preocupación la manifestó el Padre Amorth continuamente, tanto en entrevistas a los medios, como en los numerosos libros que publicó: Era vital que se destinasen más sacerdotes a dicho ministerio, pues, de lo contrario, se le estaría dejando el campo libre a Satanás.

Dentro de sus obras, auténticos tratados de demonología, el Padre Amorth no solamente habla del poder del demonio, del ritual propio de los exorcismos, así como de la paz que trae consigo la liberación de un poseso; sino que procura dar siempre un mensaje de esperanza. Prueba de ello, son los párrafos que reproducimos de la obra citada y con los que ponemos punto final a este comentario:

“La Biblia no nos dice nunca que temamos al demonio. Nos dice que le resistamos, seguros de que huirá de nosotros; nos dice que permanezcamos vigilantes contra sus acometidas y nos mantengamos firmes en la fe.

“Poseemos la gracia de Cristo, que derrotó a Satanás con su cruz; contamos con la intercesión de María Santísima, enemiga de Satanás desde el principio de la humanidad; contamos con la ayuda de los ángeles y los santos. Si vivimos en comunión con Dios, será el demonio con todo el infierno quien temblará ante nosotros. A menos que seamos nosotros quienes le abramos la puerta….” (Op. Cit. páginas 142 y 143).

@yoinfluyo

comentarios@yoinfluyo.com

* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

Lo más visto

Síguenos en nuestras redes sociales

Yoinfluyo Yoinfluyo Yoinfluyo Yoinfluyo

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar