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En defensa del Señor Cardenal

De un tiempo a esta parte, y como si se tratara de ganar una medalla olímpica, vemos una serie de elementos compitiendo por ver quién de ellos lanza el mayor número de injurias en contra del Señor Cardenal don Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México.



Y todo ello –según las apariencias–, porque el Cardenal don Norberto se opone a que las uniones de homosexuales adquieran la categoría de matrimonios.

Dejando a un lado –por tratarse de un argumento débil– el que cada quien tiene derecho a la libertad de expresión, el caso es que, según sus detractores, el purpurado, al oponerse a dichas uniones “contra natura”, está ofendiendo a la comunidad de gays y lesbianas.

Antes de pasar a otro punto, invitamos a que quienes lo atacan prueben sus acusaciones (“el que afirma debe probar”. Principio jurídico elemental); y como no podrán hacerlo, tendrán que conformarse con lo que han venido haciendo, o sea, insultos, gritos, pintadas en el edificio de la Mitra y una serie de actos viscerales a los que ya estamos acostumbrados.

Cierto, muy cierto: Cuando los argumentos se acaban, empiezan las injurias…

Lo que sí ha hecho el Cardenal don Norberto –y esto puede probarse plenamente– es afirmar que el único Matrimonio que reconoce la Iglesia, y posible según la naturaleza, es la unión entre hombre y mujer, por ser la unión de sexos (opuestos pero complementarios) la única que garantiza la transmisión de la vida.

De este modo, el Arzobispo Primado no ha hecho más que cumplir con su sagrado deber de pastor, que consiste en orientar a las almas que le han sido encomendadas, de modo que, alejándolas del error, puedan encontrar sin tropiezos el camino de la salvación.

Por otra parte, en ningún momento –retamos que prueben lo contrario– el Señor Cardenal ha incitado al odio en contra de homosexuales y lesbianas. Por el contrario, en todo momento –y esto sí puede probarse– ha pedido comprensión para ellos, tomando en cuenta aquello de mostrar intransigencia con el error, pero caridad con el que yerra.

Ante todo esto, ¿por qué tanto odio en contra del Señor Cardenal?

Pensamos que, más que odio en contra de dicho personaje, se trata de un odio sectario en contra de la Iglesia Católica y de la doctrina que Ella enseña. Eso explica la saña con que lo atacan un día sí y otro también.

Por lo pronto, es oportuno recordar que don Norberto Rivera, a lo largo de su pontificado, ha tomado una serie de decisiones que han puesto a sus enemigos a rechinar los dientes.

Aparte de que, ya cuando fue nombrado Arzobispo de México (junio de 1995), escogió como lema de su escudo episcopal a la Virgen del Tepeyac; fue gracias a don Norberto que se limpiaron los alrededores de la Basílica, convirtiendo en un digno espacio de peregrinos lo que anteriormente era un montón de puestos ambulantes donde merodeaba gente de la peor calaña.

Ni duda cabe que esta decisión afectó muchos intereses creados.

Aún no cumplía un año al frente de la Arquidiócesis, cuando el nuevo Arzobispo decidió que el 6 de junio de 1996, fiesta de Corpus Christi, el Santísimo saliera en procesión a la calle. La última procesión pública con el Santísimo había tenido lugar ciento treinta años antes (mayo de 1866).

A partir de entonces no ha pasado un año sin que se lleve a cabo. Piadosa tradición que ha sido imitada en varias diócesis del país.

No deja de ser significativo que, antes de que se cumplieran dos años de tan valiente decisión, don Norberto fuese nombrado Cardenal (febrero de 1998).

Otro de los logros obtenido por don Norberto es el haber fundado un Seminario donde se forman sacerdotes mexicanos destinados a ejercer su apostolado entre las comunidades de migrantes que radican en el sur de Estados Unidos.

Algo que le achacan al Señor Cardenal es su amistad con gente de dinero. A esto respondemos que, mientras no descuide sus deberes pastorales –y don Norberto no lo ha hecho– cada quien es libre de escoger a sus amigos.

No se olvide que si se logró rehabilitar la imponente Plaza Mariana, dándole otra fisonomía al Tepeyac y creando puestos de trabajo, en parte se debe a la cercanía que nuestro Arzobispo tiene con Carlos Slim, el hombre más rico del mundo.

Quienes vociferan en contra del Cardenal pidiéndole al Papa Francisco que lo destituya, maliciosamente, pretenden colgarse una medalla que jamás habrán de ganar.

No se olvide que –por disposición canónica– todo obispo debe renunciar a su diócesis al cumplir 75 años de edad, lo cual, en el caso de don Norberto, habrá de ocurrir el 6 de junio de 2017.

Así pues, que los vociferantes no vayan a venir dentro de nueve meses diciendo que –gracias a sus gritos y paredes manchadas– el Papa les obedeció removiendo al Arzobispo.

Nada de eso. El Señor Cardenal se irá como se han ido otros obispos por la misma razón, que no es otra más que la edad.

Ahora bien, dada su valentía y dinamismo, nada extraño sería que el Papa lo mandase llamar a Roma y, una vez allí, le encargase presidir alguna importante Congregación.

Consideramos un deber de estricta justicia exponer los anteriores argumentos, cosa que, por desgracia para los gritones, no pueden hacer quienes solamente saben insultar.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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Comentarios  

#1 yolanda 23-09-2016 16:57
Ni más ni menos...
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