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En ocasiones, pagar impuestos no conviene

Las bases en que se apoya el Derecho Fiscal, o sea la facultad que tiene el Estado de cobrar impuestos, se remontan a los orígenes de la Antigua Roma.



Todo gira en torno al Municipio, agrupación de familias que viven dentro de un pequeño territorio, que se ayudan mutuamente y que necesitan de una autoridad que les resuelva problemas que están fuera de su alcance.

Cuando aquellas familias, agrupadas dentro de un municipio, requerían que la autoridad les prestase una serie de servicios, colaboraban con dicha autoridad pagándole ya fuese en metálico o ya fuese en especie.

Muy pronto se hizo popular la figura del recaudador municipal que tocaba a todas las puertas cargando una cesta de mimbre en la cual los ciudadanos depositaban hogazas de pan, recipientes conteniendo vino, frutas, huevos y monedas de diversas denominaciones.

Aquella cesta de mimbre recibía el nombre de “fiscus” y dentro de ella –como antes dijimos– depositaban los ciudadanos su colaboración para que el responsable del municipio contase con los recursos necesarios tanto para sostenerse como para poder cumplir con su función de gobernante.

Cuando llegaba el recaudador portando la cesta de mimbre, la gente solía decir que ya venía el “fiscus”, y es ahí donde se encuentra no solamente el origen etimológico de la palabra Fisco sino también el fundamento ético y jurídico del Derecho Fiscal.

Tan amplia introducción podemos resumirla del modo siguiente: Los impuestos que pagamos son el modo que tenemos los ciudadanos de colaborar para que la autoridad pueda cumplir sus funciones.

El pago de impuestos hecho por los contribuyentes al Estado se le devuelve al mismo contribuyente por medio de autopistas, hospitales, escuelas públicas, agua potable, sistema de drenaje y –muy importante– una policía que proteja a esos contribuyentes de cualquier peligro a su integridad física.

Una especie de convenio según el cual el ciudadano paga para que, a cambio, le dé servicios y protección.

Dicho todo esto, resulta muy fácil entender que si esa autoridad –sea por inepta o sea por corrupta– no cumple con sus funciones, el ciudadano bien podría retirarle su apoyo.

Debido al caos creciente que se padece en Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Michoacán e importantes zonas de la Ciudad de México, caos que ha originado la quiebra de infinidad de empresas, lo más sensato es pensar que una de las dos partes –en este caso el Estado– no ha cumplido con su parte en el convenio.

Si vamos a un restaurante, le pedimos determinado platillo al mesero y éste se niega a servirnos, lo más sensato es que nos retiremos sin tener obligación de pagar la cuenta. No hubo servicio y por lo tanto no tiene por qué haber pago.

Es así como han entendido los organismos empresariales que debe resolverse el problema ocasionado por los agitadores de la CNTE.

Debido a que las autoridades –sean municipales, estatales o federales– no han cumplido con su deber de garantizar protección a quienes les pagan impuestos, no solamente es lógico sino incluso justo que los contribuyentes hagan lo mismo que el cliente del restaurante: Levantarse de la mesa sin pagar un platillo que jamás le sirvieron.

Este problema se ha intentado resolver por la vía judicial y son varias las sentencias que le dan la razón a los miles de pequeños empresarios que se han visto arruinados por marchas y bloqueos.

Sería no solamente ilógico sino injusto y contrario a los principios elementales del Derecho que se pretendiese castigar a esos empresarios que, al no recibir utilidades, se han visto obligados a declarar en ceros.

Ante la incompetencia, causada por el terror visceral, que las autoridades muestran ante quienes tienen al país en pie de guerra, al sector empresarial no le ha quedado otro recurso que responder a la violencia por medio de la Ley.

Si hace veinte siglos, autoridades del diversos municipios del Imperio Romano se hubieran negado a proteger a los ciudadanos ante las invasiones de los bárbaros, ni duda cabe que aquellos ciudadanos habrían actuado con justicia al negarse a depositar su ayuda en aquella cesta llamada “fiscus”.

Todo tiene una explicación lógica apegada a la Justicia.

Lástima que algunos no lo entiendan.

@yoinfluyo

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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