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Turquía y el mal menor

Aparte del sangriento atentado en Niza (84 muertos y más de cien heridos), la noticia sobresaliente de la semana pasada fue el frustrado golpe de Estado en contra de Recep Tayyip Erdogan, presidente de Turquía.


Turquía, Erdogan, poder


La intentona fracasó, dejando 265 personas muertas, 1,440 heridos, más de mil detenidos y cientos de funcionarios que acabaron perdiendo sus puestos de trabajo.

Una vez que Erdogan controló la situación, de inmediato empezaron a llegarle mensajes de felicitación por parte de los principales jefes de Estado.

Ahora bien, ¿qué tan sinceras son esas felicitaciones?, ¿qué tan demócrata es un Erdogan que cada día que pasa ve crecer el número de sus opositores?

Empezaremos diciendo algo que en Turquía es un secreto a voces: Erdogan es un elemento que –como vulgarmente se dice– “trabaja para su santo” y que, según frase popular, “aunque adora a Mahoma, no se fía ni de Dios”.

Erdogan es un sujeto en el cual los genes del autoritarismo están fuertemente arraigados, un dictador nato que –según opinión de los más expertos analistas– la intentona golpista ha venido a fortalecerlo, puesto que le da el pretexto ideal para eliminar a sus opositores y colocar incondicionales en los puestos decisivos. Un elemento que si antes cerraba periódicos y deportaba corresponsales tan sólo porque no le eran afines ideológicamente, ahora podrá justificar estas medidas diciendo que son enemigos de la democracia turca. Un sujeto que, aunque afirma combatir a los terroristas del Estado Islámico, de buena fuente se sabe que ha mantenido conversaciones secretas con los principales jefes de los grupos yihadistas.

Quizás la prueba de esto sea que, cuando ordena a la aviación turca bombardear territorio sirio, los pilotos procuran no atacar las bases de los yihadistas, sino más bien posiciones del ejército sirio, el cual, como todos bien sabemos, es el que con mayor éxito combate al Estado Islámico.

Desde luego que esta actitud de Erdogan cuenta con el apoyo incondicional de un Barack Obama a quien ya le quedan menos de seis meses en la Casa Blanca.

Ni duda cabe –repetimos– que esta intentona ha venido a fortalecer a un sujeto que añora las glorias del antiguo Imperio Otomano, tal vez soñando que algún día será proclamado Gran Califa de todos los creyentes de Alá.

Quizás sea ahí donde se encuentre la razón por la cual no manifiesta su apoyo abierto a los seguidores del Estado Islámico: En que ambos –yihadistas y Erdogan– no se ponen de acuerdo en ver quién habrá de encabezar a millones de creyentes musulmanes.

Quizás por eso, para disuadirlos y lograr que acaten su jefatura, es que prefiere soltar de vez en cuando una que otra bomba en las afueras de los campamentos terroristas. De este modo engaña a Occidente presentándose como uno de los más acérrimos opositores del terrorismo yihadista.

Es muy probable que eso explique la oposición de la Unión Europea a  considerar a Turquía como parte de su comunidad, a pesar de que en Alemania viven más de tres millones de turcos.

Una vez expuesto lo anterior, aún nos queda una duda: ¿Cuál era la tendencia ideológica de los fracasados golpistas? No lo sabemos, puesto que no tuvieron tiempo de emitir una proclama anunciando un programa de gobierno.

Más sin embargo, considerando cómo se manejan las cosas allá por el soleado Medio Oriente, podría salir peor el remedio que la enfermedad; o sea que, si Erdogan hubiera sido derrocado, podría haber ocurrido que en Turquía se desatase un caos de tales dimensiones (como ocurrió en Persia, Irak, Libia y Egipto) y que a la postre grupos fanáticos incontrolables acabasen sembrando el caos y la desolación.

Y es que la experiencia nos dice que aquellos gobernantes autoritarios como lo eran el Sha de Irán, Hussein de Irak, Gadafi de Libia o Mubarak de Egipto, al menos lograban tenerlos bajo control.

Quizás sea eso –con todos inconvenientes– lo que Erdogan esté haciendo en Turquía.

Un mal menor que, a fin de cuentas, no deja de ser un mal.

Y es que, cuando el mal menor se prolonga, acaba convirtiéndose en el peor de los males.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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