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Matrimonio, escuela de santidad

Hace ya varios años que la Iglesia viene insistiendo en una idea que muchos habían olvidado, pero que nació junto con el Cristianismo: Sí es posible alcanzar la santidad dentro de la Familia.


México; santidad, matrimonio


Además de que la estampa luminosa de San José, la Virgen y el Niño constituye el ejemplo máximo de dicha afirmación, cada vez son mayores los casos que prueban este ideal de perfección.

Considerando que para el común de la gente el ejemplo de la Sagrada Familia de Nazaret –dada la calidad de sus miembros– pudiera parecer un modelo inalcanzable, la Iglesia se esfuerza en demostrar cómo dicha meta está al alcance de cualquiera que tenga buena voluntad.

En esta ocasión hablaremos de una santa que fue una persona como el común de la gente, puesto que supo combinar su vida familiar con su profesión dentro del gremio de la Medicina.

Santa Gianna Beretta, beatificada por San Juan Pablo II en 1994 y canonizada por el mismo Papa diez años después, destacó en una triste época en la cual parece prevalecer la mediocridad. Esta santa fue una mujer fuera de serie que si logró subir a los altares fue porque vivió una vida ordinaria de un modo extraordinario.

Nació en Magenta (Italia) el 4 de octubre de 1922. Durante sus años de estudiante realizó un fecundo apostolado tanto en la Acción Católica como en la Sociedad de San Vicente de Paul donde sirvió con caridad a los ancianos y desamparados. Obtuvo el título de doctora en Medicina en 1949 especializándose en Pediatría.

El 24 de septiembre de 1955 se casa con el ingeniero Pietro Molla y muy pronto su hogar se ve bendecido por varios hijos. En septiembre de 1961, al cumplir el segundo mes de embarazo, le descubren un tumor maligno en el útero, razón por la cual era imprescindible una rápida intervención quirúrgica.

Gianna le suplicó al médico que operara de tal modo que salvara la vida de la criatura, la cual se salvó pero el tumor siguió creciendo.

-Si hay que decidir entre mi vida y la del niño, no duréis; elegid, lo exijo, la suya. Salvadlo- afirmó días antes del parto.

Gianna Emanuela nace el 21 de abril de 1962, pero su madre, Gianna Beretta Molla, fallece siete días después. Sacrificó su vida con tal de salvar a su hija. Tenía 39 años.

Una mujer como cualquier otra, quizá como nuestra vecina del piso de arriba o de la casa de enfrente, que hace mil proezas para ajustar el presupuesto y sacar adelante a su familia. Hacer lo ordinario de un modo extraordinario y confiando siempre en la admirable Providencia de Dios. He ahí el secreto de la santidad.

En el momento en que ese gran santo que fue San Juan Pablo II la elevó a los altares, le estaba diciendo al mundo entero que sí es posible que una sencilla ama de casa pueda conquistar el Cielo. Dentro de la Familia, fue que esta mujer excepcional conquistó la santidad.

Igual que, también dentro de la Familia, alcanzaron la santidad los padres de Santa Teresita del Niño Jesús quienes fueron canonizados el 18 de octubre de 2015 y de quienes hablamos con mayor detalle en aquella ocasión.

Los padres de Santa Teresita, al igual que Santa Gianna Beretta y muchas más que se esfuerzan por educar cristianamente a sus hijos, son un testimonio vivo de cómo la santidad no es patrimonio exclusivo de monjes y misioneros.

Así pues, para ser santos, no es condición imprescindible encerrarnos de por vida en un monasterio o que nos corten la cabeza los bárbaros del Estado Islámico.

Para ser santos, lo único imprescindible es el amor que nos hace ver en nuestro prójimo nada menos que a Cristo Jesús. Y ese amor que es entrega puede manifestarse de mil diversas maneras dentro de la Familia. Como lo manifestaron tanto Santa Gianna Beretta como los papás de Santa Teresita del Niño Jesús…

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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