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Un país maravilloso, pero inexistente

“Cada quien habla de la feria según le va” dice el dicho popular que muy bien puede aplicarse a los informes que –basados en encuestas y estadísticas- publica a menudo el gobierno federal.


México; inseguridad pública


Según nos informan los apologistas de la actual información, vamos viento en popa puesto que hasta los ciegos ven como se han reducido los homicidios, los asaltos, el robo de vehículos y una serie de hechos sangrientos que le ponen los pelos de punta al más flemático.

No dudamos que a quienes, por cobrar de las nóminas oficiales, pueden pagar costosos guardaespaldas ni siquiera se enteren de que existen ese tipo de delitos.

Y si acaso uno tiene la ingenuidad de comentar que ha sufrido un robo o sido víctima de algún hecho desagradable, verá como le ven con la extrañeza propia de quien tiene enfrente a un ser de otro planeta.

Acontecimientos tan desagradables aquí no se dan; si acaso ocurren es en la Venezuela de Nicolás Maduro o en la hondureña ciudad de San Pedro Sula, por cierto, una de las más violentas del mundo.

Cómo contrasta tan ficticio panorama con la realidad que día a día padecen los ciudadanos de a pie.

Sí, el humilde plomero, electricista o albañil que se desplaza en metro, que hace trasbordo  y que, antes de llegar a su humilde vivienda, viaja en un camión de segunda expuesto a que lo asalten después de golpearlo.

El caso es que –debido al desempleo y alto costo de la vida– vivimos en un México inseguro que se encuentra sometido por la delincuencia. Y no hablemos del estado de Guerrero, auténtica “tierra de nadie”; de Michoacán “paraíso de los narcotraficantes” o de la violencia que azota entidades como Sinaloa o Tamaulipas.

No hace falta ir muy lejos; concretamente –aunque las estadísticas oficiales digan lo contrario–, la capital del país está a merced de la delincuencia.

Aunque las cifras se oculten o se maquillen, la dramática realidad es que delitos como el robo de vehículos con violencia, el asalto en vía pública a pleno día, las violaciones e incluso el cobro por “derecho de piso” son parte de la realidad cotidiana.

Quien todas las mañanas sale de su casa para dirigirse a su trabajo lo hace con la zozobra propia de quien ignora si volverá al terminar el día.

Aunque las autoridades capitalinas se empeñen en negarlo, la extorsión de quienes cobran “derecho de piso” a los pequeños comerciantes es una dramática realidad.

Hace algunos meses pusieron en marcha un operativo que estaba destinado de antemano al fracaso.

Se trataba de animar a los pequeños comerciantes para que, ante cualquier amenaza o extorsión, acudiesen a levantar el acta correspondiente ante el ministerio público.

Esto es como para soltar una ruidosa carcajada: ¿Quién se atreve a denunciar un delito si sabe de antemano que jamás le harán caso?

Lo que se puede esperar, después de levantar el acta, aparte de las molestias causadas por los funcionarios que continuamente citan al denunciante para interrogarlo, es que los delincuentes se enteren y tomen represalias.

Hasta hace relativamente poco tiempo, la violencia de los narcos la veíamos como algo muy lejano que ocurría en pueblos metidos al interior del país.

Por desgracia dicha plaga ha llegado a la capital.

Esto era de esperarse puesto que, al concentrarnos aquí el 20% de los habitantes de toda la República, ni duda cabe que los narcos encuentran en esta zona un jugoso mercado que no están dispuestos a perder.

Ahora bien, lo que más alarma al ciudadano común y corriente es la impunidad de que gozan los delincuentes.

Un tema de gran complejidad puesto que si dicha impunidad existe es porque los delincuentes suelen corromper a las autoridades con enormes cantidades producto de robos, extorsiones y tráfico de drogas.

Y ante esa complicidad que nace de la corrupción, el ciudadano se asusta negándose a denunciar.

Como es lógico, si no hay denuncia es porque no hay delito; esto se refleja en las encuestas y el resultado es un paraíso que solamente disfruta un puñado de privilegiados.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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