Últimas noticias:

Las tribulaciones del automovilista

Deseando romper la monotonía que supone tratar con cierta frecuencia temas históricos, políticos, económicos o religiosos; en esta ocasión hablaremos de un problema cotidiano que afecta por igual a ricos y pobres, a cultos e ignorantes, a creyentes y ateos…


México; CDMX, tránsito, abusos


Hablaremos de los abusos que las autoridades de tránsito cometen en contra del ciudadano de a pie que diariamente pasa mil penalidades para llevar a casa el pan nuestro de cada día.

Pongámonos dentro del siguiente escenario:

Juan Pérez es el pseudónimo prototipo del mundo hispánico del mismo modo que John Smith lo es del mundo anglosajón.

Pues bien, Juan Pérez es un buen hombre o sea una persona honrada y de valores que pretende vivir en sociedad y que tiene el privilegio de tener un trabajo.

Un buen día, Juan Pérez decide comprarse un coche –aunque sea a plazos– y al hacerlo está consciente de que contribuye a dinamizar la economía del país.

Y es que, al adquirir el vehículo, le paga su precio al vendedor quien –a su vez– le da una parte a los fabricantes. Además paga el IVA, derecho de placas y  los impuestos que correspondan ya sea a nivel local, estatal o federal.

A partir de ese momento, Juan Pérez –como ciudadano ejemplar que es– sigue contribuyendo a la economía nacional debido a que le paga un seguro a las compañías aseguradoras así como el costo del combustible a quien le vende gasolina.

Desde luego que Juan Pérez lleva su coche al talle con cierta frecuencia para que lo revisen y eso hace que cubra  el costo del mantenimiento y de las refacciones.

Por supuesto que, dos veces al año, Juan Pérez verifica el vehículo con el fin de obtener la calcomanía que le permita circular sin problemas.

Cuando Juan Pérez utiliza el coche paga el derecho de parquímetro si lo deja en la calle o la tarifa correspondiente si lo mete al estacionamiento.

Resumiendo: Cuando Juan Pérez (o sea, cualquiera de nosotros) compra un coche para disfrutarlo se está comprometiendo a dedicar una buena parte de sus ingresos para que muchos coman; al mismo tiempo, con los impuestos que paga, contribuye a la buena marcha del país.

Total que cuando Juan Pérez (o sea, cualquiera de nosotros) se da cuenta de que todos esos gastos benefician a la sociedad y al Fisco recibe una decepción.

Sí; la decepción que supone que le empiecen a llover multas que tienen su origen en un sistema despiadado que, a toda costa, pretende recaudar basándose en aquello de que el fin justifica los medios.

Los guardias de tráfico, más que aconsejar al automovilista o advertirle de posibles sanciones, suelen estar al acecho; y, en cuando el infeliz conductor comete una infracción, se precipitan sobre él con la misma rapidez con que un águila atrapa a un conejo.

Y no hablemos de las grúas que merodean por los alrededores y  que, en cuanto vez que algún vehículo se pasó un poco de la raya o cometió alguna falta, en menos de lo que canta un gallo (hemos llegado a contabilizar un máximo de 4 minutos) encadenan el coche para llevárselo al corralón.

Una vez en el depósito, el dueño pasa allí las de Caín puesto que le empiezan a pedir tal cantidad de requisitos que –entre multa, derecho de arrastre, alojamiento y la tradicional “mordida” – la fiesta no le baja de mil quinientos pesos.

Siempre y cuando –claro está– pueda sacar el coche a las pocas horas pues, si llega a tardarse, entonces la cantidad aumenta.

¿Es justo que se vacíen los bolsillos de un Juan Pérez que, por lo que antes hemos dicho, contribuye al progreso nacional? ¿No sería preferible aprobar un reglamento justo y que las autoridades tuviesen un poco de criterio?

Ahora bien, en vista de que ni piensan aprobar un reglamento justo ni tampoco juzgar con criterio… ¿Sería mucho pedir que no fuesen corruptos?

@yoinfluyo

comentarios@yoinfluyo.com

* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com

Lo más visto

Síguenos en nuestras redes sociales

Yoinfluyo Yoinfluyo Yoinfluyo Yoinfluyo

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar