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La Fe, robustecida por la Ciencia

Empezaremos narrando un milagro que tuvo lugar en Rímini (Italia) en el ya lejano siglo XIII.


México; Fe  Ciencia


En aquella población los herejes se oponían al dogma de la presencia real de Cristo en la Eucaristía. San Antonio de Padua los rebate y es entonces cuando el jefe de la banda le lanza el siguiente reto:

-Si quieres que yo crea en ese misterio, tendrás que hacer un milagro. Tendré a mi mula sin comer durante tres días, pasados los cuales nos presentaremos juntos ante ella: Yo con el pienso y tú con tu custodia. Si la mula desprecia el pienso y se arrodilla ante la custodia, también yo me arrodillaré.

San Antonio acepta, y durante tres días, por medio de oraciones, ayunos y penitencias, implora el auxilio divino.

Llegado el momento, en la plaza pública se presentan el hereje con su mula y San Antonio con su custodia. Es entonces cuando el santo se dirige de este modo al hambriento animal:

-En el nombre de aquel Señor a quien yo, indignamente, tengo en mis manos, te ordeno que vengas a hacer reverencia a tu Creador.

El hereje echaba cebada a la mula para que comiese, pero la mula, sin hacer caso de la comida, avanzó lentamente y –como si tuviese uso de razón– dobló respetuosamente las rodillas ante el Santísimo. Y permaneció en esa postura hasta que San Antonio le dio permiso para levantarse.

Sobra decir que el retador y herejes que le acompañaban se retractaron de sus errores convirtiéndose, a partir de ese momento, en fervorosos cristianos.

Hermosa historia, digna de ser contada, a la hora de la merienda, por una abuelita a sus nietecitos mientras les sirve una taza de espumoso chocolate.

Sin embargo, la realidad es que no todos tienen la fe de la abuelita ni muestran el interés de los nietecitos.

Y es que, en esta época de tantos avances tecnológicos, a todo fenómeno se le busca una explicación científica y racional. El hombre de hoy se hace preguntas y quiere que se le respondan de un modo sensato, pues de lo contrario se vuelve escéptico.

Sin embargo, Aquel que es capaz de romper las leyes de la naturaleza que Él mismo elaboró, anticipándose a la incredulidad del hombre de nuestro tiempo, decidió que la Ciencia acabase robusteciendo la Fe.

Ocurrió en Lanciano, pequeña población italiana situada cerca de Bari. Era el siglo VIII y un monje que oficiaba Misa, después de la Consagración, dudó de la presencia real de Cristo en la Eucaristía. La Sagrada Hostia se convierte en un pedazo de Carne y el vino en coágulos de Sangre.

¿Otra piadosa historia para entretener a los nietecitos durante la merienda?

Pudiera ser, pero el caso es que han pasado casi mil trescientos años, y desde entonces, en un relicario, se conservan la Carne y la Sangre del milagro.

El 18 de noviembre de 1970, los franciscanos que custodian el templo, con permiso de la Santa Sede, le pidieron a un grupo de científicos que analizasen las reliquias.

El 4 de Marzo de 1971 estos profesores universitarios dictaminaron lo siguiente:

*La Carne es verdadera carne y la Sangre es verdadera sangre.

*Ambas pertenecen a una persona humana.

*La Carne y la Sangre son de una persona viva.

*La Carne y la Sangre son del mismo tipo sanguíneo (AB).

*La Carne está constituía de tejido muscular de un pedazo de miocardio.

*Si se pesan los coágulos de sangre –y todos son de diferente grosor– cada uno de ellos pesa exactamente el peso de los cinco coágulos reunidos. ¿Cómo se explica esta alteración de una ley física?

Lo sorprendente de todo esto es que, durante más de mil años, estas reliquias se hayan conservado como el primer día, o sea, que cuando Colón descubrió América llevaban ya 792 años incorruptas.

En cambio, si deseamos conservar en buenas condiciones durante tanto tiempo un ladrillo –material muy resistente– forzosamente hay que darle mantenimiento.

En esta época de tantos avances prodigiosos en el mundo de la técnica podemos ver científicamente este milagro en el cual un pedazo de carne y unos coágulos de sangre se mantienen inexplicablemente a pesar de haber estado expuestos a la acción de agentes físicos, atmosféricos y biológicos.

Y por si alguien lo duda lo invitamos a que se dé una vuelta por Lanciano.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com

 

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