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El niño mártir de Sahuayo

Durante muchísimos años –cerca de medio siglo– en México existió una historia dramática que, a toda costa, se pretendió ocultar ante la opinión pública. Una historia no solamente dramática, sino incluso heroica, en la cual convivían familiarmente héroes, oportunistas, santos y traidores.


Vida de santos


Nos referimos a la gran epopeya de la Cristiada, durante la cual todo un pueblo se puso de rodillas para recibir la bendición de los pastores para luego ponerse de pie y defender valientemente sus creencias.

Y así como el inmortal Homero mezclaba en la inmortal “ Ilíada” dioses y héroes, de igual manera, los valientes mexicanos mezclaron en la también inmortal Cristiada héroes y santos, aunque algunos de aquellos santos fuese un niño, como el caso del Niño Mártir de Sahuayo, José Sánchez del Río, a quien el Papa Francisco habrá de canonizar el domingo 16 de octubre.

El aún beato José Sánchez del Río, a quien los médicos le comprobaron el milagro de haber curado a una niña de cuatro meses, cuyo diagnóstico indicaba que tenía el noventa por ciento de muerte cerebral, se ganó el Cielo como todo un valiente.

Apenas tenía trece años cumplidos cuando marchó de su casa diciéndole a su madre que “nunca había estado tan fácil ganarse el Cielo”.

Movido por el ejemplo de Macario y de Miguel, sus hermanos mayores, quienes se unieron al ejército cristero, Joselito (así le conocían familiarmente) sigue sus pasos; no lo aceptaron por su corta edad, pero el jefe cristero Rubén Guízar Morfín hace una excepción al nombrarlo abanderado.

En un enfrentamiento cae muerto el caballo del general, y es entonces cuando Joselito le cede el suyo, salvando a su jefe. Esto le cuesta ser apresado.

“Fui hecho prisionero en combate”, le escribe a su madre, “creo que voy a morir, pero nada importa, resígnate a la voluntad de Dios. Yo muero muy contento porque muero en la raya, al lado de Nuestro Señor… mándame la bendición juntamente con la de mi padre”.

Lo llevan a Sahuayo, lo encierran en la capilla; le piden que aclame al gobierno, se niega, lo torturan y –finalmente– lo fusilan el 10 de febrero de 1928. Le faltaba poco más de un mes para cumplir los catorce años.

Desde el momento mismo de su martirio, la “vox populi” lo aclamó como mártir y hasta su sepulcro acudieron pidiendo milagros y favores.

Es aquí donde volvemos al principio, o sea, repetir cómo durante cerca de medio siglo estos testimonios de santidad heroica se mantuvieron ocultos. Testimonios que solamente se transmitían mediante la tradición oral, así como por la inveterada costumbre que impulsaba al pueblo fiel a orar ante las tumbas de aquellos mártires.

Cosa paradójica, fue necesario que autores extranjeros de gran renombre se inspirasen en la gesta cristera para dar vida a sus mejores obras. Y así tenemos al británico Graham Greene, basándose en la persecución que se vivía en Tabasco, para escribir su mejor novela: “El Poder y la Gloria”.

En 1974, el historiador francés Jean Meyer investiga a fondo los hechos, y es así como publica “La Cristiada”, en tres tomos que constituyen una pequeña enciclopedia que trata a fondo el tema.

Más recientemente, el Padre Fidel González Fernández, prestigioso historiador español, publica varios libros para culminar con su obra cumbre: “Sangre y Corazón de un pueblo”.

Ésos, sin contar con la película “Cristiada”, estrenada en 2012, que aborda aquella gesta y en la cual el protagonista principal es precisamente el Niño Mártir de Sahuayo.

La Iglesia lo reconoce como mártir, lo beatifica el 20 de noviembre de 2005 y, por disposición del Papa Francisco, será canonizado el domingo 16 de octubre. De este modo, el nombre de José Sánchez del Río se une al de otros niños mexicanos que son también venerados en los altares: Cristobalito, Antonio y Juan, los Niños Mártires de Tlaxcala, beatificados por San Juan Pablo II el 6 de mayo de 1990.

Una gran noticia para nuestra atormentada patria en estos momentos, en que tanto el narcotráfico como el crimen organizado nos flagelan noche y día.

José Sánchez del Río vivió también momentos difíciles y, a pesar de todo, supo dar testimonio de una valentía que era reflejo de una plena coherencia de vida.

Y antes de que se nos olvide: El postulador de la causa del Niño Mártir de Sahuayo es precisamente el Padre Fidel González Fernández.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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