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Película navideña para todo el año

En esta temporada decembrina, que precisamente en la Noche Buena llega a su culminación, deseamos hablar de una película que vimos hace bastantes años y que –a pesar de que su temática es navideña– bien puede proyectarse cualquier día del año.


Navidad


Se trata de “Noche de Paz”, coproducida por realizadores de tres países, cuyo contenido tiene tales características que –como antes dijimos– es digna de proyectarse no sólo ahora o en la próxima Navidad, sino también en la primavera del año 2016 o en el verano de 2023.

Siempre que entramos en conflicto con alguien, ¿nos hemos puesto a pensar que quizás nuestro adversario tenga con nosotros más puntos en común de lo  que pudiésemos imaginar?

Tal es el argumento de “Noche de Paz”, en donde se narra lo que ocurrió durante la Primera Guerra Mundial, en la Noche Buena de 1914.

Sucede que, divididos por las trincheras y bajo una mortífera lluvia de balas, se enfrentan batallones alemanes, franceses y escoceses.

Y durante un breve descanso, a un tenor alemán se le ocurre entonar canciones navideñas tradicionales, como son “Noche de Paz” y “Adeste fideles”.

Y así como Orfeo amansó a las fieras con la música, de igual manera con su voz maravillosa el tenor hace que le aplaudan todos los que se encuentran a su alrededor, incluidos los enemigos.

Y desde entonces todo fue “coser y cantar”: Los soldados salen de sus trincheras, se abrazan unos a otros como si se tratase de viejos amigos que se reencuentran después de mucho tiempo, comparten la cena navideña y hasta juegan un partido amistoso de futbol.

Sin embargo, el momento culminante tiene lugar cuando, en medio de la nieve y bajo la luz de las estrellas, el capellán oficia la Misa y ante el Santísimo se arrodillan por igual las tropas de los tres países.

“Así como el frío invernal hace que nos refugiemos al calor de la hoguera, del mismo modo, todos estos soldados buscan refugio y consuelo en torno al Altar de Dios”, dijo el capellán explicando aquel hecho inusitado que bien pudo calificarse de prodigioso.

Una película –repetimos– digna de proyectarse en cualquier época del año, por la sencilla razón de que los sentimientos de paz y fraternidad  son algo que el ser humano busca en cualquier lugar, tiempo o situación.

Aquellos soldados que tiritaban bajo el frío invernal, que veían cómo la muerte podía llegar en cualquier momento, no eran responsables de las matanzas propias de la guerra.

Aquellos soldados que, en una fecha tan señalada como es la Navidad, sentían el dolor de estar lejos de sus familiares, se limitaban a obedecer lo que sus jefes les ordenaban. Unos jefes que dependían del capricho tanto del Káiser alemán, del primer ministro británico o del presidente de Francia.

Entre dichos personajes se daba una competencia brutal en la que entraban en juego la ambición, los intereses creados, el revanchismo y el poder de las sociedades secretas.

Ahora bien, en plena orgía de sangre, hubo un hombre, poseído de un fuerte espíritu cristiano, que intentó detener la guerra: Carlos de Habsburgo, emperador de Austria-Hungría, quien hizo hasta lo imposible para convencer a su aliado el Káiser de que solicitara un armisticio.

El Káiser, dominado por la soberbia, no le hizo caso; como tampoco se lo hicieron franceses y británicos a los embajadores que les enviara el emperador austríaco.

El final fue desastroso para todos: millones de muertos, miles de mutilados, una Europa empobrecida, la conquista de Rusia por los comunistas que –a partir de entonces– empezaron a extenderse por el mundo.

Antes de concluir se nos ocurre preguntar: ¿Qué pasó con aquel grupo de franceses, escoceses y alemanes que, al menos durante unas horas de la Noche Buena, se abrazaron como hermanos?

No lo sabemos. Probablemente la mayoría reposen en fosas comunes ubicadas cerca de donde se encontraban los campos de batalla.

Lo que sí sabemos es que la Iglesia reconoció los méritos del emperador austríaco que intentó frenar el conflicto; tanto así que, por disposición de San Juan Pablo II, hoy veneramos en los altares al beato Carlos de Austria.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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