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El Siervo de la Nación

Dentro de muy pocos días, el 22 de diciembre, se cumplirán 200 años de que don José María Morelos y Pavón fuera fusilado en San Cristóbal Ecatepec.


José María Morelos


Ni duda cabe que este 2015 que está llegando a su fin tuvo motivos para conmemorar la figura de Morelos, ya que, aparte del bicentenario de su muerte, se cumplieron 250 años de su nacimiento, el cual tuvo lugar el 30 de septiembre de 1765 en la señorial ciudad de Valladolid.

Hablar de Morelos, especialmente si nos detenemos en las cuatro campañas militares que llevó a cabo contra los ejércitos realistas, aparte de que nunca lograríamos decirlo todo, nos distraería de nuestro objetivo.

¿Quién fue don José María Morelos y Pavón?

Un cura de pueblo que, como antes dijimos, nació en una ciudad que, en su honor, tomó el nombre de Morelia, que en sus primeros años se dedicó al oficio de arriero para luego seguir la carrera sacerdotal.

A Morelos le toca vivir los últimos años del Virreinato, aquella época en la cual a la Nueva España llegaban como virreyes tipos corruptos, déspotas e ineptos.

Una época en la cual la Vieja España era invadida por las tropas napoleónicas y en la que se había producido un peligroso vacío de poder.

Al mismo tiempo, en los dominios españoles de ultramar había surgido ya lo que se conoce como conciencia de nacionalidad; o sea, que los habitantes de estas tierras ya no se consideraban españoles, sino que estaban firmemente convencidos de formar parte de una nación diferente.

Tras el fusilamiento de Hidalgo (1811), Morelos toma la estafeta y es él quien acaudilla a los insurgentes, logrando, debido a su gran talento militar, hacerse fuerte en vastas regiones del sur.

No deseando ser exhaustivos, pondremos el acento en lo más importante.

A raíz de la anticatólica Constitución que se había promulgado en Cádiz en 1812, al año siguiente Morelos convoca el Congreso de Anáhuac, proclama la Independencia y da a conocer su ideario contenido en los “Sentimientos de la Nación”.

Al analizar dicho documento (publicado en Chilpancingo el 14 de septiembre de 1813), nos encontramos con un Morelos que muy pocos conocen porque la Historia Oficial se ha encargado de empañar su imagen.

En dicho documento, nuestro personaje insiste en las siguientes ideas: el país debía ser independiente; se mantendría como única religión la católica; se le daría un culto especial a la Virgen de Guadalupe; la propiedad sería respetada; se abolía la esclavitud y se restablecía la Compañía de Jesús.

Aquí es donde nos encontramos con un Morelos que, a pesar de sus pocas luces intelectuales, se preocupaba por irle dando forma jurídica al futuro Estado independiente.

Después de leer los “Sentimientos de la Nación” y detenernos en los puntos en que proclama la religión católica como oficial, en que se pide apoyo a la Iglesia y en que por disposición constitucional establece la celebración del 12 de diciembre, se nos ocurre pensar que –de haber vivido un siglo después– Morelos habría sido un magnífico capellán del ejército cristero.

A pesar de ser un genio en el arte de la guerra, Morelos siempre tuvo escrúpulos de conciencia, ya que dejó de celebrar Misa en cuanto sus tropas derramaron la primera gota de sangre.

No obstante –aunque no oficiaba el Santo Sacrificio– Morelos tenía siempre un capellán que le decía Misa.

Una vez que la fortuna le fue adversa y tras una serie de derrotas, Morelos fue capturado, juzgado, reducido al estado laical y condenado a muerte.

Y lo que viene a continuación es quizás lo más edificante en la vida de este personaje.

El 22 de diciembre de 1815, muy de mañana, Morelos, completamente engrillado, fue conducido a San Cristóbal Ecatepec para ser ejecutado.

Al pasar por delante del santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, pidió que le llevasen al templo del Pocito donde oró unos minutos.

Ya en Ecatepec, al estar en el lugar de la ejecución, junto con el párroco y su vicario, recitó los salmos penitenciales.

A continuación pidió un Crucifijo al que, con gran devoción, le dijo estas palabras:

-“Señor, si he obrado bien, Tú lo sabes; y si mal, yo me acojo a Tu Infinita Misericordia”.

Dos descargas del pelotón de fusilamiento acabaron con su vida. Eran las tres de la tarde. Lo velaron una hora, a las cuatro lo sepultaron. Era el 22 de diciembre de 1815. Dentro de pocos días se cumplirán 200 años.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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