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Templos a punto de venirse abajo

Fue allá por 1991 cuando Guillermo Tovar y de Teresa, quien fuera Cronista de la Ciudad de México, publicó una obra en dos tomos en los que, al tratar de la capital del país, le pone como subtítulo “Crónica de un patrimonio perdido”.


Conaculta


Una obra bien documentada, con numerosas fotografías que dan testimonio tanto del México de ayer como de la destrucción que se hizo del mismo a partir de la segunda mitad del siglo XIX.

Presenta el autor cómo era la Plaza Mayor de la Ciudad de México, cómo eran las calles cercanas y –quizás lo más importante– describe con cierto detalle los majestuosos conventos de San Francisco, Santo Domingo y San Agustín.

Una obra que, por aquellos días, movió conciencias, ya que las fotografías de las demoliciones presentadas por el autor daban fe de cómo la piquete destructora nos robó para siempre un patrimonio que venía de siglos.

Una obra por desgracia agotada, pero que, según promesa del actual director del CONACULTA, Rafael Tovar y de Teresa (por cierto, hermano de autor del libro citado) será muy pronto reeditada.

Todo este preámbulo viene a tema porque, aunque la obra citada vuelva a imprimirse, nadie duda que el patrimonio que se perdió sea algo irreparable.

Ahora bien, dentro de lo mismo, hace más de un año que voces autorizadas vienen dando la voz de alarma anunciando que joyas arquitectónicas que aún se mantienen en pie podrían venirse abajo de un momento a otro.

Esta amenaza abarca a la gran mayoría de las viejas iglesias virreinales que se encuentran en el Centro Histórico.

Sería exhaustivo dar la lista completa.

Sin embargo mencionaremos las que corren mayor peligro: La Santísima, la Soledad, Santa Catarina, San Fernando, Santo Domingo, y muchas más, que sufren las consecuencias de un descuido de muchos años.

Por lo general, la principal amenaza proviene de las cuarteaduras en las cúpulas, cuarteaduras que afectan las paredes y que ocasionan que –en tiempo de lluvias– el agua no solamente provoque charcos, sino que incluso deteriore pinturas que son auténticas joyas de arte.

Incluso, en algunos templos –San Fernando, es el ejemplo clásico– la vegetación ha crecido de tal manera sobre la fachada, que las torres de la iglesia tienen árboles a su alrededor; en este caso, no se resuelve el problema podándolas puesto que, si se hace sin la debida técnica, las raíces arrancadas pueden ocasionar derrumbes.

Se ha pedido ayuda a CONACULTA (Consejo Nacional para la Cultura y las Artes), pero responden con evasivas, quizás porque no cuentan con los recursos necesarios.

Ante ello, en los diferentes barrios donde se encuentran dichos templos, los vecinos han organizado colectas con el fin de suplir la falta de ayuda del sector oficial.

En cuanto los vecinos –ya con el dinero en la mano– se disponen a realizar las reparaciones, de inmediato se presentan los inspectores de CONACULTA, suspendiendo las obras, con el argumento de que toda reparación debe ser revisada por especialistas en este tipo de inmuebles.

¿No sería posible que se llegara a un entendimiento amistoso?

Desde luego que no es un secreto la crisis económica que nos afecta y eso explica que no se cuente con el presupuesto necesario. Sin embargo, tomando en cuenta que los vecinos están dispuestos a cualquier sacrificio con tal de conseguir los recursos, aquí lo único que estaría haciendo falta sería el permiso de CONACULTA.

Considerando que dicha institución oficial no tendría que hacer desembolsos, puesto que ya la gente lo hizo… ¿sería mucho pedirle que agilizasen los trámites enviando técnicos cuanto antes?

Una vez que se contase con el dictamen favorable, así como con las recomendaciones dadas por los especialistas, todo sería mucho más fácil.

Tal parece que ése fue el camino que CONACULTA siguió en la iglesia de San Miguel y, según sabemos, los resultados fueron satisfactorios.

¿Por qué no hacer lo mismo en los restantes templos que corren peligro de venirse abajo?

Cuando Guillermo Tovar y de Teresa se lamentaba de un patrimonio perdido, lo hacía considerando que era algo irreversible.

Ha pasado un cuarto de siglo y, estando su hermano Rafael al frente de CONACULTA, sería muy bueno –aparte de reeditar la obra citada– que se actuase con diligencia para impedir que volvamos a lamentarnos por otro patrimonio perdido.

@yoinfluyo

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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