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Hechos prodigiosos en la Conquista de México

Conforme pasa el tiempo y más vamos conociendo la historia de México, más crece nuestra admiración por ese gran acontecimiento que fue la Conquista de México.


Conquista de México


Un auténtico duelo entre valientes en que, con singular heroísmo, lucharon tanto los bravos capitanes españoles como los esforzados caciques indígenas.

Una proeza sin parangón, en la cual la realidad supera con creces a la fantasía y en la cual el héroe más valiente de los libros de Caballería queda reducido a la triste dimensión de un enano.

“Hay mucho que ponderar en ello”, repite con frecuencia el cronista Bernal Díaz del Castillo, quien fue uno de los protagonistas del hecho histórico.

Aparte del heroísmo de que hicieron gala ambos contendientes, existen una serie de hechos fuera de lo común, que son difíciles de explicar y que, al analizarlos, nos hacen pensar en que –aparte de lo heroico– la Conquista de México se vio rodeada de prodigios.

Después de leer y meditar las anécdotas con que a menudo sazona Bernal Díaz del Castillo su relato, encontramos un gran número de hechos inexplicables de los que, por razones de espacio, mencionaremos tan sólo los siguientes:

*Fue en Cozumel donde Cortés –de manera casual– se encontró con un español que había naufragado en una expedición anterior: Jerónimo de Aguilar. Este personaje, por el dominio que tenía de la lengua maya, le serviría de intérprete ante las diferentes tribus de la península yucateca.

*Más adelante, en Tabasco le regalan veinte indígenas y una de ellas, la Malinche, conocía las lenguas maya y náhuatl, gracias a lo cual pudo ayudar a que Jerónimo de Aguilar le comunicase a Hernán Cortés lo que a ella le decían los embajadores aztecas.

*Cuando llega a Tlaxcala, en un principio, sus habitantes lo reciben con hostilidad; mas de improviso –movidos por el odio que sentían por los aztecas–, se vuelven aliados de los españoles, por verlos auténticos libertadores frente al yugo de Tenochtitlan.

*Cumpliendo órdenes de Diego Velázquez, gobernador de Cuba, Pánfilo de Narváez llega a Veracruz con intenciones de someter a Hernán Cortés, quien, a pesar de estar en desventaja, lo derrota y logra que se le unan los soldados que venían a combatirlo.

*Cuando más difícil era su situación, Hernán Cortés vio cómo se le había acabado la pólvora. Es entonces cuando llega a la Villa Rica un navío de la armada de Lucas Vázquez de Ayllón que se había perdido en la Florida. Dicho navío trajo pólvora, ballestas y soldados.

*En plena batalla, Hernán Cortés cayó del caballo, lo cual aprovechan varios guerreros aztecas para capturarlo. Es entonces cuando llega un guerrero tlaxcalteca, quien, dando cuchilladas, logra liberarlo. Una vez pasado el peligro, Hernán Cortés buscó al valiente tlaxcalteca entre los vivos y entre los muertos, sin encontrarlo jamás… ¿Quién era?¿De dónde vino?

*En otro de los momentos de combate, Hernán Cortés vuelve a ser capturado. Eran siete capitanes aztecas quienes lo traían bien sujeto y pretendían llevarlo a la piedra de sacrificios. Es entonces cuando aparece Cristóbal de Olea, soldado originario de Medina del Campo, quien libera a Hernán Cortés dando fuertes estocadas y matando a cuatro de los captores. Hernán Cortés salvó la vida, perdiéndola, en cambio, quien lo había salvado.

*Después de la derrota de la Noche Triste, cuando –con justa razón– podría pensarse que los aliados pudieran convertirse en enemigos, ocurre que los tlaxcaltecas reciben a los españoles con los brazos abiertos y que de los pueblos vecinos lleguen multitud de indios aportando tortillas, gallinas y diversos alimentos de la región.

¿Cómo explicar acontecimientos que, en apariencia, son inexplicables pero que asombran al más ecuánime?

Dejemos que sea el propio Bernal Díaz del Castillo quien lo intente: “… y que con la ayuda de Dios, que pues habíamos escapado de tan peligrosas batallas, que para algún buen fin era Nuestro Señor Jesucristo servido guardarnos” (Bernal Díaz del Castillo. Op. Cit. Capítulo LXVI).

Y ese buen fin que menciona Bernal no podía ser otro que el servirse de un puñado de valientes para liberar a miles de indios de los sacrificios humanos y –una vez liberados– traerles los beneficios propios de la civilización occidental.

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