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El demonio anda suelto

Nadie que tenga dos dedos de frente podrá negar que vivimos en un mundo donde la violencia ha llegado a tales extremos que, con sobrada razón, puede afirmarse que el demonio anda suelto.


Seguridad y Justicia


Y por si algunos creyeran que exageramos, les recordamos situaciones que son del dominio público.

Tenemos la invasión de Ucrania por tropas rusas que acabaron anexionándose Crimea; la interminable guerra civil en Siria; los atentados que, en Tierra Santa, le han costado la vida a palestinos, judíos y cristianos.

Asimismo, las matanzas perpetradas por fanáticos musulmanes ponen a temblar al mundo entero, puesto que los asesinos han perdido por completo el pudor, al ordenar que sus víctimas sean filmadas mientras son degolladas.

Aquí, en nuestro continente, tenemos a Honduras, país que en estos momentos ostenta la nada envidiable situación de ser uno de los más violentos de América, puesto que los crímenes perpetrados por la Mara salvatrucha hacen que la población viva en un estado de continua zozobra.

Sin embargo, no hace falta ir muy lejos para ver como tampoco se cantan mal las rancheras en este México de nuestros amores y de nuestros pecados.

El narcotráfico se ha convertido en algo tan nuestro que casi forma parte del folclore nacional ya que, por mucho que lo condenen gobernantes y líderes de la oposición, tal parece que le pasa lo que a una hidra que más crece conforme más la podan.

Del narcotráfico derivan -no podía ser de otra manera- los secuestros, las extorsiones, los crímenes, los atentados patrimoniales y una cadena de horrores que hacen que todos los mexicanos tengan el corazón en un puño.

Y lo peor del caso es, que si los delincuentes que forman parte del crimen organizado han llegado a tales extremos se debe no solamente a la pasividad o temor de las autoridades sino al hecho de que esas autoridades son sus cómplices.

Aún recordamos el sangriento caso de los normalistas de Ayotzinapa, así como la complicidad criminal del entonces Alcalde de Iguala, su esposa y demás funcionarios de la Administración Estatal.

Lo de Iguala -todos lo sabemos- degeneró en una multitudinaria protesta a nivel nacional que fue aprovechada por grupos terroristas para llevar agua a su molino intentando desestabilizar al Gobierno Federal. Bloqueo de aeropuertos, quema de patrullas, marchas urbanas causando un espantoso caos vial, grandes pérdidas al sector empresarial, desempleo, ruina económica de Acapulco, etc. etc. etc.

No hay duda, como al principio dijimos, el demonio anda suelto…

Ahora bien, el hecho de que el Demonio se le haya escapado al Arcángel San Miguel, que lo tenía sometido, no es algo fortuito puesto que necesariamente todo efecto tiene una causa. Y la causa de tantos robos y crímenes, de tantas violaciones y secuestros, no es otra más que la pérdida de valores.

En el momento en que varias generaciones han crecido en un ambiente en el cual se les inculca que hay que tener dinero para ser admirados y que no importa cómo se obtenga ese dinero; en ese momento podemos esperar las peores barbaridades.

Por otra parte, la pornografía se ha encargado de embrutecer a la juventud diciéndole que la mujer no es más que un objeto de placer; así pues, tampoco nos extrañemos de que se den violaciones, infidelidades conyugales y -consecuencia de todo ello- que los divorcios acaben destruyendo miles de familias.

¿Qué pasará con esos hijos de padres divorciados? San Juan Pablo II los definió como “niños huérfanos de padres vivos”.

Es fácil adivinarlo: Esos miles de niños, al faltarles el calor de un hogar donde les inculquen valores y -de modo muy especial- respeto a la persona humana; crecerán como animales, estarán sujetos a todo tipo de influencias y lo demás caerá por su propio peso.

Así pues, toda esta cadena de barbaridades que hemos padecido en México de un tiempo a esta parte, no son más que la consecuencia lógica de un proceso que se inició desde mucho tiempo atrás.

Esas y no otras son las verdaderas raíces del problema: El que toda una generación haya despreciado los valores morales y, al despreciarlos, se haya creado un vacío que llenaron muy pronto las bajas pasiones.

El Apocalipsis, en el capítulo 20, nos dice que el ángel tendría sujeto al dragón durante mil años y que después habría de soltarlo un tiempo.

Y, al parecer, ese tiempo es el que estamos padeciendo…

@yoinfluyo

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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