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“Tarjeta roja” a la Eutanasia

Todo va cayendo por su propio peso y, dentro de la “anticultura de la vida” a que estamos sometidos, se está cumpliendo lo que alguien profetizó hace tiempo: La legalización del aborto hará que la eutanasia se vea como lo más natural del mundo.


Muerte natural


Y es que si se matan niños en el seno materno… ¿qué impide que no se haga lo mismo con enfermos incurables o ancianos que nos estorben?

A esto hay quienes responden diciendo que con la eutanasia se mitiga el dolor de quienes en ocasiones sufren con tal desesperación, que piden la muerte a gritos.

Esa es la razón por la cual, cuando se refieren a la eutanasia, le definen como “morir con dignidad”.

Quienes eso afirman pasan por alto que morir con dignidad no es precisamente morir sin dolores, sino más bien aceptando la muerte cuando y como tenga que llegar.

Ahora bien, dentro de esta fase de la “anticultura de la vida” (más apropiada sería llamarla “cultura de la muerte”) se empieza con una etiqueta de buena apariencia: Se trata de convencer a la gente de que lo que se pretende es ayudar a morir a quien ya no desea seguir sufriendo.

Más bien, lo que hay que hacer, respondemos nosotros, es eliminar el sufrimiento y no a quien lo padece.

Detrás de la frase “para que no sufra” puede esconderse una finalidad egoísta, puesto que sería bueno preguntarnos: ¿Quién queremos que deje de sufrir? ¿El enfermo, quien lo cuida, o quienes se sienten molestos con su presencia?

Porque podría caerse en un extremo que narraba el diario madrileño ABC el 3 de marzo de 1993: Un matrimonio joven quería eliminar a su abuela porque necesitaba su cama.

“Sin embargo –habrá quien nos objete– muchas veces son los enfermos quienes a gritos piden la muerte”.

A esto respondemos con una pregunta: ¿Estamos seguros de que en realidad están pidiendo que los maten? Esa aparente petición de muerte, en el fondo… ¿no será una petición de ayuda, cariño y comprensión?

Podemos apostar doble contra sencillo que muchos de quienes piden la muerte, lo que en realidad desean es ser mejor atendidos y tener ayuda para seguir viviendo.

Repetimos, se puede apostar doble contra sencillo que muchos de los que se encuentran en esas circunstancias dejarían de pedir la muerte si se calmasen sus dolores y vieran que existe alguien que se preocupa y sacrifica por ellos.

Dentro de este tobogán de la “cultura de la muerte”, una vez que se empieza a resbalar se va cayendo cada vez más bajo, puesto que, si se legaliza que un enfermo pueda pedir la muerte… ¿por qué no ha de tener el mismo derecho un sano que está cansado de vivir porque se encuentra arruinado o porque ha sufrido una decepción amorosa?

Dentro del mismo tema, el país que encabeza los casos de eutanasia es Holanda, país en el cual la llamada “muerte digna” ya no es delito desde 1994.

Y lo peor del caso es que muchos médicos la practican según su criterio y sin consultarle a nadie.

Por esa razón, en aquel país, ha tenido una enorme difusión una tarjeta donde se dice que el portador no admite que le sea practicada la eutanasia.

Es tal el pavor que provoca la eutanasia en Holanda, que más de cien mil personas han comenzado a llevar consigo un documento expresando su oposición a que le sea aplicada.

Imaginemos a qué extremos de falta de humanidad se ha llegado en aquellos fríos países de Europa, que se han dado casos espeluznantes como el del hijo que pide a los médicos que se den prisa en aplicarle la eutanasia a su padre, con el objeto de que el funeral pueda celebrarse antes de las vacaciones.

¿Deseamos llegar a tan pavorosos extremos?

@yoinfluyo

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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