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¿Deben legalizarse las drogas?

Empezaremos diciendo que, la mayoría de las veces, quienes se drogan lo hacen para cambiar su estado de ánimo con el fin de sentirse mejor o más felices; quizá buscando escapar de sus problemas o frustraciones.


Seguridad y Justicia


La droga, por si sola, no resuelve los problemas, lo único que hace es posponerlos y casi siempre los agrava. Sus efectos son ficticios y al no perdurar, inducen a consumir más, acrecentando la cantidad para sentir los efectos apetecidos.

Ahora bien, lo malo de las drogas es que no solamente dañan a quienes las consumen sino también a las personas que rodean al adicto.

Un drogadicto puesto al volante experimenta mayor tendencia al riesgo al no ser consciente del peligro, razón por la cual nada extraño será verlo circular a gran velocidad en sentido contrario ocasionando, de ese modo, las peores desgracias que podamos imaginar. Asimismo, al ver disminuida su responsabilidad, es lógico que se incrementen conductas agresivas que causen riñas, lesiones e incluso homicidios.

Dentro de una comunidad donde con frecuencia se dé el consumo de drogas, lo más lógico es que acaben perdiendo los valores morales y deteriorándose el tejido social ya que el adicto será capaz de todo –robar, prostituirse e incluso matar- con tal de que no le falte una dosis que va en aumento conforme más se consume.

Antes de llegar a extremos tan dramáticos como los que se viven en varios estados del país es necesaria una política de prevención.

La prevención significa ayudar a que las personas –especialmente los jóvenes- desarrollen estabilidad emocional y valores morales que puedan reducir la probabilidad de que deseen hacerse daño a sí mismos o que se lo hagan a otros.

¿Y cuál sería la mejor manera de llevar a cabo la más eficaz política de prevención?

Si se quiere evitar que el número de drogadictos siga creciendo habrá que ir a la raíz del problema y ésta se encuentra en la situación que atraviesan las familias. Aquellas familias unidas cuyos padres saben estar presentes cuando sus hijos los necesitan están –sin proponérselo- practicando la prevención. Y, es que si los niños crecen dentro de un ambiente de amor y seguridad, pudiendo tomar decisiones con argumentos sólidos, lo más probable es que jamás desarrollen una tendencia hacia las drogas.

Una vez analizado lo anterior, sensato será responder a la pregunta que da título a esta columna: ¿deben legalizarse las drogas? ante la realidad que estamos viviendo… ¿no será mejor permitir con toda libertad su tráfico y consumo para evitar la cadena de asesinatos que están ensangrentando al país?

Hay quienes dicen que si se llegase a legalizar la producción y venta de estupefacientes se abarataría el consumo puesto que, al no ser ya una actividad clandestina, los enervantes estarían al alcance de todos. Eso es falso, puesto que los dueños del mercado son los grandes comerciantes quienes, a base de crímenes y extorsiones, impondrían un monopolio en distintas zonas con lo cual el precio aumentaría en lugar de disminuir.

Más que el famélico campesino que cultiva amapola, el gran beneficiado sería el intermediario que le compra el producto para dárselo a los distribuidores y por ende las cuantiosas ganancias quedarían en manos del crimen organizado.

El hecho de que no existan trabas legales no hará disminuir el consumo sino que éste aumentaría gracias al apoyo dado por la publicidad en prensa, radio y televisión. Todo esto acentuaría la farmacodependencia afectando principalmente a los jóvenes y creando un espejismo de evasión ante los problemas de la realidad.

Se promovería una sociedad adicta y enferma con lo cual se cumpliría aquel viejo refrán según el cual “quien siembra vientos cosecha tempestades”

Y es que circularía en aumento la degradación social con sus secuelas de dolor humano, destrucción de familias, pobreza, crímenes, robos, violaciones y una alarmante creación de generaciones adictas.

Ciertamente –y como antes dijimos- hay que alejar a la persona de las drogas disminuyendo la demanda mediante tratamientos preventivos y, de manera muy especial, robusteciendo la moralidad de las familias. Sin embargo, aunque existan tratamientos preventivos y las familias sean ejemplares, eso no basta. Para disminuir la oferta hay que alejar la droga de la persona y para ello no hay otro camino que la prevención por medio de la Ley.

Si se quita esa prevención legal, la sociedad aqueda tan indefensa como cuando, en una aldea, se la abre la jaula a un tigre.

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* Las opiniones expresadas en esta columna, son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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