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El demonio, ¿un mito anticuado?

Conforme va progresando la humanidad, se va teniendo un conocimiento más exacto del mundo que nos rodea; y por ese motivo, argumentos que explicaban hace un siglo ciertos fenómenos, hoy se encuentran totalmente desfasados.


Reflexión religiosa


Es así que las explicaciones de ayer, hoy resultan mitos debido a que no encuentran ninguna base firme que las sustente.

Saliéndonos del plano científico para situarnos en el plano espiritual, hay quienes pretenden aplicar la misma regla a los dogmas religiosos, lo cual constituye un gravísimo error de procedimiento, por la sencilla razón de que la Ciencia se estudia con métodos que son totalmente inapropiados para cuestiones de Fe.

Y así como las exploraciones geográficas descubrieron que la tierra no era plana sino redonda, del mismo modo pretenden convencernos que –según afirmaciones científicas– la existencia del demonio no es más que un mito anticuado.

Antes de seguir adelante, sería oportuno que quienes tal cosa afirman nos dijeran quiénes son esos científicos, así como el título de aquellas obras donde –con bases científicas, por supuesto– se demuestra que el demonio es algo tan fantástico como lo puede ser una sirena.

Como lo anterior no puede ser respondido de manera satisfactoria, quienes niegan la existencia del demonio se salen por la tangente al decir barbaridades tales como que es la mismísima Iglesia Católica quien, hoy en día, con tal de ganar adeptos, prefiere hacerlo por medio del amor y no asustándonos con el demonio y las llamas del infierno.

Pues bien, ya que han mencionado a la Iglesia de hoy, les diremos que es nada menos el Concilio Vaticano II, el que modernizó a la Iglesia, quien menciona varias veces a tan perverso ser.

Citaremos la Constitución “Gaudium et Spes”, la cual en su numeral 13 nos dice lo siguiente:

“Creado por Dios en la justicia, el hombre, sin embargo, por instigación del demonio, en el propio exordio de la historia, abusó de su libertad, levantándose contra Dios…

“… pero el Señor vino en persona para liberar y vigorizar al hombre, renovándole interiormente y expulsando al príncipe de este mundo, que le retenía en la esclavitud del pecado”.

El mismo documento conciliar, en su numeral 37, nos dice textualmente:

“A través de toda la historia humana existe una dura batalla contra el poder de las tinieblas, que iniciado en los orígenes del mundo, durará, como dice el Señor, hasta el día final”.

Muchos años después, en 1992, San Juan Pablo publica el Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, el cual, al estudiar el “Padre Nuestro” y referirse al párrafo final en que pedimos que nos libre del Mal, dicho Catecismo, en su numeral 2851, explica lo siguiente:

“En esta petición, el mal no es una abstracción, sino que designa una persona, Satanás, el Maligno, el ángel que se opone a Dios”.

Más recientemente, el Papa Francisco, que si por algo se ha distinguido es por romper viejos moldes y acercarse más a la gente, en una Misa que ofició en la capilla de la Casa Santa Marta del Vaticano, dijo al respecto:

“A esta generación le hicieron creer que el diablo es un mito, una figura, una idea, la idea del mal. Pero el diablo existe y nosotros debemos luchar contra él.

“El diablo no nos tira flores sino flechas de fuego para asesinarnos.

“La vida es una milicia. La vida cristiana es una lucha, una lucha bellísima, porque cuando el Señor vence en cada paso en nuestra vida, nos da alegría y una felicidad muy grande” (Miércoles 29 de Octubre de 2014).

Así pues, nada de que el demonio es un mito anticuado y mucho menos de que la Iglesia de nuestros días lo ha borrado de su doctrina para atraer nuevos fieles.

Nada de eso. El demonio es un ser real que busca nuestra eterna perdición y que, según el poeta Baudelaire, “su mayor triunfo consiste en hacernos creer que no existe”.

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Las opiniones expresadas en esta columna, son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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