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Un país rociado de gasolina

Es tan dramática y  conflictiva la situación actual de México, que no exageramos si decimos que se trata de un país rociado de gasolina.


El país no debe estar en caos


Y es que los conflictos brotan por doquier.

Tanto el narcotráfico como el crimen organizado imponen su ley en vastas extensiones del territorio nacional, dándose el lujo de vetar candidatos a puestos de elección popular y de imponer sus propios alcaldes.

Al ver la impunidad imperante, los delincuentes más vulgares se envalentonan, volviéndose cada vez más agresivos.

El terrorismo siente que las condiciones le son propicias, y eso explica tanto la destrucción de la estación del Metrobús cercana a Ciudad Universitaria como el incendio de la puerta principal del Palacio Nacional.

Si la gente aún tenía algo de confianza en sus autoridades, dicha confianza se vio gravemente lesionada –si no es que se esfumó totalmente– al conocer los crímenes de los Abarca, allá en Iguala, Guerrero, así como su presunta responsabilidad en la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

La descomposición dentro de los partidos es notoria, especialmente en el PRD que –según dicen los analistas– está a punto de fragmentarse. Una fragmentación que, aparte de llevarlo a su desaparición, mucho ayudaría al partido MORENA, cuyo jefe ideológico es Andrés Manuel López Obrador.

Asimismo, los habitantes de la Ciudad de México se sienten inseguros al ver que no cuentan con autoridades que los protejan, especialmente después de ver la debilidad que dichas autoridades mostraron ante los agitadores de la CNTE.

Cualquiera puede portar armas y asesinar gozando de impunidad; cualquiera puede cerrar una vía pública para manifestarse; cualquiera puede agredir físicamente a un policía porque lo protege la Comisión Nacional de Derechos Humanos; cualquier funcionario puede hacer un cuantioso desfalco y disfrutar del dinero mal habido en Vancouver o Suiza…

Entretanto, la situación económica no mejora. Durante la pasada campaña presidencial se nos prometió que íbamos a crecer al 6% anual, y las frías estadísticas nos dicen que si siquiera alcanzamos el 3%.

El caso es que todos esos factores –desempleo, hambre, terrorismo, crímenes y cinismo de las autoridades– han ido creando un caldo de cultivo que es propicio para el estallido social.

Y si en estos momentos no se da dicho estallido, lo que sí puede darse es que, cuando millones de ciudadanos voten el próximo año, lo hagan movidos por el resentimiento, en vez de hacerlo movidos tras analizar seriamente el programa de cada partido o los antecedentes de cada candidato.

Y si el resentimiento entra en juego en el momento de acudir a las urnas, en ese caso, todo, absolutamente todo, puede pasar…

Hace dos siglos, cuando el cura Hidalgo dio el “grito en Dolores” llamando a la lucha, lo hizo aprovechando el descontento que existía contra las autoridades virreinales.

Hace un siglo, cuando cayó Don Porfirio, fue en gran medida por la explotación que los campesinos sufrían por parte de los hacendados.

Hasta hace relativamente poco tiempo, cualquier ciudadano podía viajar tranquilamente por la República, visitando lugares de interés histórico como Zacatecas, Pátzcuaro, la zona de los volcanes o muchas más de la bellísima provincia mexicana.

Hoy en día, hacer eso resulta peligroso, ya que, en el momento menos pensado, pueden aparecer grupos armados que primero roben, luego secuestren y después asesinen.

Un clima como no se había visto en mucho tiempo y que puede ser preludio de las peores tragedias.

Un país rociado de gasolina...

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