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Las iglesias en la lucha por la seguridad pública

En días recientes se dio un encuentro entre el presidente de la República, Enrique Peña Nieto, y los líderes de la Iglesia Católica en México, quizá como un epílogo y un hacer las paces tras la polémica por la expresión del Papa Francisco, en el sentido de que el narcotráfico hace correr el riesgo de que su país natal se “mexicanice”.


Relación Iglesia vs Estado


Resulta por demás positivo que se den pasos para superar desencuentros diplomáticos y se abra paso al entendimiento, sobre todo considerando que en México –el segundo país con más católicos en todo el mundo– 90% de los habitantes profesan esta religión y además la Iglesia ha sufrido en carne propia los embates de la violencia: según el especialista Bernardo Barranco, “en lo que va del sexenio han sido asesinados nueve sacerdotes, los recientes cuatro justamente en Tierra Caliente”.

Por parte del gobierno no sólo estuvo el presidente, sino también el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y altas autoridades federales. Entre las autoridades eclesiásticas que departieron en Los Pinos se encontraban los cardenales Norberto Rivera Carrera y Alberto Suárez Inda, varios arzobispos y el Nuncio Apostólico, Monseñor Christophe Pierre.

Es decir, se trató de un encuentro al más alto nivel en un momento álgido de la vida nacional, en la recta final hacia las elecciones intermedias, con fuertes amenazas a la economía nacional, en una inestabilidad sociopolítica al alza y con severos retos en materia de seguridad pública.

Así que bienvenido este acercamiento, por más que nada borre el arrebato diplomático con el que la Cancillería mexicana sólo negó lo evidente y aireó ante la comunidad internacional un tema que más le habría convenido tratar con discreción.

Pero más allá de la política, hay que reconocer que no sólo la Iglesia Católica, sino las congregaciones religiosas de todas las denominaciones, pueden desempeñar un papel relevante y positivo a través de un mensaje que fortalezca la unidad familiar y los valores sociales que son cimiento de la paz.

Sin cruzar jamás las nítidas fronteras del respeto al Estado laico, las iglesias de todas las denominaciones pueden combatir la incultura de odio y muerte creada por el narcotráfico, así como fortalecer lazos comunitarios y cívicos, especialmente en poblaciones alejadas de grandes centros urbanos.

Porque todos, gobernantes y gobernados, tenemos la suprema obligación de contribuir a reconstruir la seguridad pública de nuestro país, por encima de desencuentros y polémicas estériles; porque hoy por hoy, luchar por la paz es la forma más noble de ser mexicano.

@yoinfluyo

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