Últimas noticias:

Necesidades de cónyuges deben fortalecer matrimonio

El matrimonio es cosa de dos; pero, por lo mismo, frecuentemente se nos olvida que en el rito matrimonial se les advierte a los contrayentes que ya no son dos, sino uno solo. Resulta complicado, y seguramente todas las personas casadas podrán dar fe de ello, unir dos voluntades, dos mundos, dos psicologías, dos vidas y experiencias distintas en una sola. La intención no es homogeneizar o mimetizar a la pareja, sino enriquecerla en la complementariedad. Esposo y esposa se completan, no son iguales, sino que sus diferencias los engrandecen y los hace más de lo que pudieran haber sido como individuos.


Viaje Francisco


Entonces, ¿es válida la expresión: “yo necesito”, que he escuchado tantas veces? Si las diferencias en la pareja la engrandecen, ¿entonces las diferentes necesidades también? Hay que matizar.

Claro que marido y mujer tienen diferentes necesidades que vienen dadas por su temperamento, por su personalidad, por su género y hasta por sus ocupaciones; pero me parece que, para que esas necesidades individuales no terminen destruyendo al matrimonio, deberían ser asumidas como necesidades colectivas, puesto que lo que haga uno necesariamente afecta al otro: ya no son dos individuos separados, ahora forman parte de una nueva unidad en la que, sin dejar de ser ellos mismos, pasan a ser uno solo. Pienso en dos preguntas clave para lograr esta visión de conjunto.

Primero la más básica: ¿es realmente una necesidad o se trata más bien de un gusto o preferencia? Veámoslo con un ejemplo cotidiano de lo más simple. "Necesito una falda verde olivo". ¿De verdad la necesitas? Si tienes ropa con la que satisfacer la necesidad de vestirte, entonces me parece que la falda específicamente de color verde olivo no es una necesidad, sino un deseo o conveniencia, un gusto. A menudo, y gracias al consumismo, confundimos las necesidades con meras inclinaciones. ¿Podría pasar lo mismo en una relación de pareja? Claro que sí. Un consumismo, no exclusivamente de cosas, sino también de satisfactores, de situaciones que nos producen bienestar, más allá de si realmente las necesitamos o no.

¿Qué sucede cuando la esposa presenta la necesidad de la dichosa falda, mientras el esposo presenta la necesidad de no gastar más porque las finanzas no andan bien y él tiene una gran presión con tantos gastos? Muchas mujeres se sienten incomprendidas en situaciones similares cuando el esposo se niega a darle lo que “necesita" (o viceversa), pero en este caso, ni siquiera debería haber discusión: se trata de una necesidad ficticia frente a una necesidad auténtica.

Segundo, ¿es válida mi necesidad frente a la necesidad de mi cónyuge? El individualismo es un gran peligro en un matrimonio, pues es el principio del egoísmo: cuando cada uno de los cónyuges, o uno solo, comienza a actuar como si sus necesidades particulares (que es válido tener en tanto que uno complementa al otro) fuesen lo más importante, como si el otro no tuviese las propias y como si, en lugar de que las necesidades de uno y otro se complementasen, fuera justamente al revés, como si nunca fuesen compatibles unas con otras. Ese es el principio del divorcio. El egoísmo es el principal destructor del amor.

Entonces, se hace indispensable una jerarquía de necesidades. En un matrimonio, la primera necesidad de la esposa debiera ser la felicidad de su marido, y la del marido, la felicidad de la esposa. Si logramos supeditar todas las demás necesidades a ésta, seguro tendremos que ceder mucho y hacer sacrificios, pero serán hechos de forma voluntaria por amor, por un deseo de servir al ser amado, y no serán consecuencia de la imposición del más fuerte.

Entonces, ¿amar significa que siempre tenemos que ceder y darle gusto al cónyuge en sus necesidades? El matrimonio es una delicada balanza donde la reciprocidad es indispensable. No se trata de llevar la cuenta de cuántas veces ha cedido uno y cuántas el otro, pero sí es indispensable que no sea sólo uno el que ceda todo, pues más que hacerle un servicio al cónyuge, está lastimando el equilibrio de su relación. El límite es aquello que pueda afectar a la familia de forma negativa; el amor debe de ser capaz de poner límites.

Es verdad que, en ocasiones, las necesidades individuales de cada cónyuge parecen contraponerse (y digo “parecen contraponerse” porque, si hay amor, siempre hay algo que las une, que es precisamente la necesidad de cuidar del otro). En casos así, el criterio debiera ser mucho más amplio que la visión individual. La pregunta deja de ser “¿qué necesito yo?” o “¿qué necesita mi pareja?” y pasa a ser “¿qué necesita mi familia?”. Yo soy parte de mi familia, claro, y por tanto, es importante lo que necesito, pero no más que lo que los demás necesitan. En la balanza, puede ser preciso que yo renuncie a mi voluntad en aras del bien común, pues el que ama, sabe ceder.

Así, es posible y óptimo convertir la expresión "yo necesito" en un "nosotros necesitamos" al comprender que mi necesidad personal no vale sobre la de mi cónyuge ni sobre la del resto de mi familia, y que la única manera de ser feliz es hacer feliz a mi pareja, valorando sus necesidades y convirtiéndolas también en propias.

Cuando, por ejemplo, un doctor ha estado de guardia durante 36 horas sin parar un momento y está exhausto, la esposa –que ha estado trabajando toda la semana y necesita salir a distraerse en lugar de quedarse en casa– puede ceder su necesidad personal frente a la más inminente de su esposo, porque el bien de él redunda también en bien para ella. Él necesita dormir ahora para reponerse. Más tarde, cuando esté un poco más descansado, le tocará el turno de pensar en ella y, aunque quizá prefiera dormir más, se ocupará de satisfacer la necesidad de su esposa porque sabe que si ella es feliz, él también lo será.

En este ejemplo concreto observamos que ni siquiera es preciso que él manifieste su necesidad de descanso. Ella se adelanta y se esfuerza por cuidarlo, y luego él hace lo mismo por ella. Eso sería lo óptimo, y en muchos momentos es posible preverlo así. Sin embargo, no siempre logramos adelantarnos a las necesidades del otro por la sencilla razón de que no somos adivinos. En ese caso, es muy válido comunicar a nuestro cónyuge nuestras inquietudes, necesidades, gustos, deseos, pero teniendo siempre en cuenta que el otro también los tiene: no sólo “yo necesito” sino también “y tú, ¿qué necesitas?”. Así, debemos empeñarnos en hacer uso de toda nuestra creatividad para encontrar soluciones que permitan que nuestras diferentes necesidades no sean un punto de división, sino el origen del crecimiento y fortalecimiento del matrimonio.

@yoinfluyo
comentarios@yoinfluyo.com

* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


Lo más visto

Síguenos en nuestras redes sociales

Yoinfluyo Yoinfluyo Yoinfluyo Yoinfluyo