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Más competencia no se logra con más reglamentación

Objetivo muy loable que el Poder Ejecutivo y Legislativo busquen un ambiente de mayor competencia, pero varios legisladores y funcionarios toman el camino equivocado al sobre-reglamentar sectores para teóricamente fomentar la competencia y confunden empresa grande con monopólica.


Medidas para acabar con los monopolios


Legisladores y funcionarios deben tener clara la diferencia entre monopolio natural y artificial. El natural es cuando una empresa logra un lugar preponderante en el mercado con mayor calidad, menores precios y la preferencia del público, sin que existan barreras y prohibiciones para que cualquier persona o empresa pueda ofrecer los mismos artículos y servicios de la empresa preponderante.

El gobierno debe reducir barreras y dar facilidades generales a los que quieren entrar a producir en cualquier sector, sin dividir o limitar a las empresas grandes, como sucedió el siglo pasado en el campo, al dividir latifundios en minifundios improductivos y limitar la superficie de la tierra para cada agricultor.

El monopolio artificial, que es el más dañino, se da cuando una empresa estatal o privada mantiene un lugar preponderante en el mercado, gracias a privilegios o leyes que prohíben a otros competidores dedicarse a la misma actividad. Ese tipo de monopolios son los que debe combatir la Comisión Federal de Competencia Económica, lo que implica suprimir privilegios, leyes, reglamentos y barreras que el mismo gobierno levanta a través de leyes y reglamentos.

La lucha contra los monopolios y el fomento de la competencia no debe ser excusa para crear más reglamentos, controles y limitaciones a las empresas exitosas, que se traduzcan en disminución de su inversión, creación de empleos y crecimiento. Las políticas que llenan de trámites y permisos un sector, reducen el número de nuevos competidores, pues aumenta los costos para iniciar una nueva empresa. En nombre de la competencia, la sobre-reglamentación  llena de piedritas el camino para una mayor competencia.

Es preocupante que una empresa que quiere vender restaurantes a otra, tenga que esperar por meses un permiso de la Comisión Federal de Competencia Económica para realizar esa transacción, lo que implica aumento de costos y burocracia innecesaria que reduce la competitividad de las empresas y de la economía mexicana.

Profesor de Economía Política

@yoinfluyo

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