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Adolescencia y menopausia: ¡En la misma casa!

Mamá, ¡tú y yo tenemos un problema! - me dijo un día mi hija adolescente.

- ¿Por qué? - le pregunté.

- Porque yo estoy en la púber, y tú estás en la meno - me contestó tranquilamente.


Vida y Familia


Y tenía toda la razón, ya que es una realidad que la adolescencia de nuestros hijos coincide con nuestra edad adulta intermedia y surgen conflictos que pueden convertir la vida familiar en una batalla campal.

Mejor entendamos el porqué de estos conflictos. La adolescencia es un periodo de transición en el desarrollo entre la niñez y la edad adulta; empieza a los doce o trece años y se dice que termina a los diecinueve o veinte años, cosa que no ocurre siempre, ya que podemos encontrar adultos que siguen actuando como adolescentes.

Empieza con el desarrollo físico acelerado, cambian las proporciones del cuerpo, aumento de estatura, las funciones reproductoras maduran y aparecen las características sexuales secundarias: En los jóvenes es el cambio de la voz, la aparición de vello, cambio en la piel, ensanchamiento de la espalda, entre otros; en las adolescentes aparecen los senos, el vello axilar y púbico, aumenta la pelvis, hay también cambios en la piel y en la voz. Su apariencia física se convierte en algo sumamente importante.

Paralelamente se da el desarrollo intelectual, durante el cual empieza el cuestionamiento personal de cómo son, hacia dónde van, qué quieren ser en la vida, por lo que cuestionan mucho tanto a la autoridad como a sus padres. Uno de los cambios más profundos en esta etapa de la vida es el vivir su identidad sexual, acercarse a las personas del otro sexo para entablar relaciones de amistad o de amor.

Lo anterior se une al desarrollo social en el que los papás dejamos de ser importantes para ellos, aunque todavía siguen dependiendo de nosotros; los amigos se vuelven el centro de su vida.

Analicemos ahora, qué pasa con nosotras como mujeres en la edad adulta intermedia: Empiezan a manifestarse cambios físicos graduales. La capacidad visual y auditiva disminuye, ya no podemos leer sin lentes ese directorio de teléfonos, cada vez escuchamos música o la televisión a mayor volumen; nuestra fuerza, coordinación y tiempo de reacción ya no son los mismos, nos damos cuenta que ya no nos movemos con la misma rapidez. Hay acumulación de grasa más difícil de quemar; el sueño se vuelve más ligero y nuestra etapa reproductiva llega a su fin, por lo que puede darse una disminución en el apetito sexual.

Emocionalmente, es una época de la vida en que la mujer se cuestiona sus logros y metas, le asusta depender de su salud o de la salud de su marido; viene una revisión y reevaluación del pasado; el tiempo se ha vuelto más corto y si se quiere cambiar de rumbo, se debe actuar rápidamente. Aparecen cambios familiares, nuestros hijos maduran y nuestros padres envejecen; nuestro papel como madres ya no es tan demandado y la relación de pareja se pone a prueba, pues los hijos adolescentes generan conflictos entre los padres. En cuanto a las amistades se es más selectiva que antes: pocos, pero buenos amigos.

Te invito entonces a unir estas dos etapas de la vida: La adolescencia de tu hijo y tu edad adulta intermedia. Mientras ellos crecen físicamente, nosotras decaemos gradualmente; ellos duermen donde sea y por largas horas y nosotras utilizamos todo tipo de remedios para dormir; ellos se están planteando metas en su vida y nosotras nos cuestionamos lo que hemos logrado; las amistades son para ellos lo primero, nosotras nos hemos vuelto más selectivas.

Una de mis hijas al cortar con su novio adelgazó tres kilos en dos días, en ese momento pensé “voy a pelearme con mi marido unos días a ver si adelgazo tan rápido”; por supuesto, ¡esto no sucedió!

¿Qué hacer ante esta realidad? ¡Gozar cada etapa de nuestra vida!

Tenemos ahora más tiempo para nosotras y para nuestro matrimonio, nuestros hijos nos demandan menos atención. Dediquemos nuestro tiempo a todos aquellos sueños que hemos dejado pendientes y que todavía podemos realizar.

Y con nuestros adolescentes, entendamos lo que están viviendo y acerquémonos a ellos, recuerda cuando tenías su edad. Te invito a abrirte a su mundo, a respetarlo y tomarlo en serio, ya no es un niño, es tu hijo o hija que se está convirtiendo en todo un hombre y en toda una mujer.

Acompáñalo en este maravilloso camino y vive el tuyo plenamente que la vida es corta y pasa rápido.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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