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Las manos de Dios

La cultura de la vida y del amor, deberá regir en el mundo, si queremos superar todos los males a los que tantas veces nos hemos referido. Para lograrlo, sin la ayuda de Dios sería imposible conseguirlo, pero tenemos que hacerlo nuestro, lo que nos corresponde, porque según San Agustín: “Dios que te creo sin ti, no te salvara sin ti”.


Hacer las cosas bien


Podremos superar la corrupción, la falta de seguridad, la violencia, la falta de productividad, la pobreza, el hambre, todos los males enumerables, pero no lo hará Dios por nosotros, sino que lo tendremos que hacer nosotros mismos, porque: ¡nosotros somos las manos de Dios!

A través de nosotros el actuará y nos llevará a superar todos los males. Pero habrá que darle duro, tenemos que esforzarnos, dar todo lo que podamos. Porque las pruebas que tengamos que enfrentar, las podremos superar todas, ya que Dios no nos probará nunca sobre nuestras fuerzas, él tiene confianza en que tendremos la capacidad de superar cualquier eventualidad. Y en el caso de que nuestras fuerzas no fueran suficientes él suplirá las fuerzas que nos falten.

Todo el bien que Dios haga en este mundo, será a través de nosotros, por eso no podemos descansar, tenemos que luchar por que la cultura de la vida y del amor sea la que rija en México y en el mundo entero. No será fácil, pero si posible, porque el mal nunca superará al bien, como ya vimos en la entrega anterior. Tenemos que aprender “a ser más astutos que la serpiente” y tener una tenacidad a toda prueba. Si no le fallamos a Dios, él todavía menos nos fallaría.

Puede parecer que estamos llevando la de perder, que estamos en desventaja, que las mafias de izquierda tienen el dinero, el poder, la ambición, la corrupción, todo lo que necesitan para triunfar, pero quien iba siquiera imaginarse que un pequeño pastorcillo con una honda en su mano iba a vencer a un guerreo fornido armado con escudo y espada y dispuesto a lo que fuera, parado frente a él. La historia de David y Goliat, se vuelve a repetir. Lo que no debe faltarnos es la fe, la confianza en Dios, la esperanza, la seguridad de que Dios no nos fallará y el amor a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos, que es lo más importante de todo y que debe ser nuestra mayor motivación y la fuerza para no aflojar nunca y por lo cual en los momentos más difíciles en toda la historia no claudicaron ni cedieron los católicos ante las mayores amenazas. Curioso que entre las otras nominaciones cristianas no ha habido mártires.

Ahí está el caso de San Vicente Obispo de Zaragoza (en realidad Diacono), que durante la “Gran Persecución” ordenada por Diocleciano (244- 311) emperador de Roma, es apresado por Daciano Prefecto de Valencia y torturado en forma muy cruel para que abdicara de su fe, le declara a Daciano: “descarga sobre mi cuerpo toda tu furia y veras la fuerza que confiere la fe”. Hay tantos mártires en la historia, como lo fueron también los nuestros en la Cristiada (Joselito y muchos más), tanto tiempo ocultada a la opinión pública por órdenes del Gobierno y los hay en nuestros días en muchas partes del mundo, sobre todo víctimas del integrismo musulmán (Siria, Irak, Nigeria, Afganistán, etc., etc.).

Si somos las manos de Dios, tendremos que hacer bien las cosas, porque es un privilegio que Dios nos ha concedido de poder ser sus instrumentos para implementar el bien y lo que hagamos siempre será de provecho, será algo que vale la pena hacer y aquí vale recordar lo que en muchas ocasiones les he insistido a mis hijos: “Si haces algo, es porque vale la pena hacerlo y si vale la pena hacerlo, vale la pena hacerlo bien.”

Lo que hagamos por la naturaleza, por México, por la sociedad, por el prójimo, por nuestra familia, nuestros hijos y nietos, tendrá que haber sido bien hecho.

Si estamos convencidos de esto, será muy importante convencer a los demás e ir sumando cada vez más a un ejército mayor que luche por la reinstauración de la cultura de la vida y del amor.

Tenemos una gran responsabilidad de incorporar cada vez más guerreros audaces e intrépidos a nuestras filas, pero sobre todo de actuar sin dudar ni un solo momento de que es indispensable nuestra acción para lograr la victoria y de que no podemos negarnos al requerimiento de Dios de ser partícipes suyos, en la salvación del Mundo, de la naturaleza, de la sociedad, de nuestras familias.

Tenemos en este mundo el privilegio y el honor de ¡ser la manos de Dios!.

Pongamos todo el entusiasmo y toda nuestra energía para ser manos eficientes y efectivas y veremos que pronto el mundo cambiara para bien, que todo será mejor. Toda esa maravilla dependerá de cómo respondamos cada uno en lo particular al llamado de Dios de ser sus manos en este mundo.

“Donde hay bosques hay agua y aire puro; donde hay agua y aire puro hay vida.”

 

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

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