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¡Inquieto está mi corazón Señor….!

“Inquieto está mi corazón Señor, e inquieto estará, hasta que no descanse en ti”.  San Agustín de Hipona.

Por todos lados que se analice, siempre se llegará a la misma conclusión: los conflictos, pleitos entre personas, así como entre naciones o etnias, guerras y asesinatos son provocados por un ejercicio desordenado del ego. Por supuesto todo ser humano tiene su ego, que si lo mantiene en su justa dimensión, no habrá problema, pero en el momento que su ego se sitúe por encima de todo. ¡Ojo! los conflictos aparecerán en todo momento. El amor desordenado a sí mismo, colocándose por encima de todo, forzosamente llevará a enfrentamientos con los que nos rodean.  


Amar a Dios


El ego provoca que la mente se cierre a cualquier razonamiento. Me gusta ese acierto de que “La mente como el paracaídas solo servirán si se abre”. Una mente abierta, sabe escuchar y analizar cuando se tiene o no la razón, por lo que nunca se querrá tener a como dé lugar la razón, ni  imponer sus intereses sobre los de los demás.

Nuestro Señor lo resumió en forma extraordinaria: “Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”, que es la esencia de la cultura de la vida y del amor. EL problema de nuestros días, es que con la campaña insidiosa por las izquierdas (masonería) de descristianización  ya por siglos, por quitar a Dios del lugar que le corresponde  y fomentar el ego que bajo el principio de lograr por la ambición de dinero, poder y placer, que es la que también rige en las mafias, que constituye la cultura de la muerte, la gente se abre a la corrupción, acompañada de la mentira y la calumnia.

El ser humano, tiene dos aspiraciones muy arraigadas, el querer conocer la verdad y el querer alcanzar la felicidad, que es un anhelo muy válido. El problema es “el paracaídas” por el que cerramos nuestras mentes, dejándonos engañar por los falsos profetas, los lobos con piel de ovejas, que engaña a los ingenuos, aprovechando las ganas que tienen todos de una mejor vida. El otro problema es que nos vamos con la finta de falsos ideales de felicidad, buscando la felicidad donde nunca podremos encontrarla. Hay una serie de TV. sobre los narcos, cuyo título lo expresa muy acertadamente “Dueños del Paraíso”, que efectivamente consideran que con el poder y el dinero, pueden comprar u obtener cualquier cosa que ambicionen, el narco-trafico, con lo que obtienen todo lo demás, lujos, influencias, mujeres, placeres, negocios ilícitos, venta de blancas y menores,  corrupción de autoridades. La mafia petrolera actúa por los mismos intereses, como también las mafias de la industria de producción y venta de armas, que necesitan clientes.

Y aquí entra la afirmación de San Agustín (354- 430 DC.) Obispo de Hipona, una de las mentes más brillantes de la historia de la  humanidad:

¡Inquieto esta mi corazón Señor, e inquieto estará, hasta que no descanse en ti! 

Ahí está todo el secreto, para ser verdaderamente felices individualmente y como pueblo, lograr la paz, el progreso, vivir en armonía con otros pueblos, la superación de la violencia social e interfamiliar, las adicciones y todos los males que aquejan a la humanidad, así como una cosa muy importante, la armonía con la naturaleza, haciendo uso y no abuso de ella, cuidándola, como en el Génesis, establece Dios nuestro Señor y lo prescribe en su código de honor Baden Powell, General ingles fundador del Escultismo: “El scout en la naturaleza la obra de dios y protege a los animales y a las plantas”. 

Sólo en Dios, como nos lo pone en forma tan sencilla y clara San Agustín, encontraremos la paz del alma que todos ansiamos y en lo que consiste la verdadera felicidad. Todo lo demás son falacias, fatas morganas, espejismos en el desierto, de lo que no se quieren dar cuenta los que engañados o viviendo del engaño no abren ni quieren abrir su mente (paracaídas), porque se aferran a lo que ellos quieren creer, perdiendo el piso y la realidad, viviendo en un mundo ficticio, pero con lo cual causan un daño tremendo a la humanidad y a la Naturaleza.

En los tiempos actuales hemos tenido personajes importantes que han insistido en la importancia de reinstaurar la cultura de la vida y del amor, como Konrad Adenauer (católico) canciller de Alemania a los 83 años de edad, precursor de la Unión Europea afirmo insistiendo que debía fundarse en su raíces cristianas, Ángela Merkel (luterana) actual canciller de Alemania, que afirmo categóricamente que “Si Europa (el mundo) quiere salvarse, tiene que regresar a sus orígenes, a sus raíces cristianas, a Cristo, a leer la Biblia”, Ana  Graham hija del potentado norteamericano Billy Graham lo menciona muy simpáticamente: ¿Cómo queremos que Dios que es todo un caballero, se meta en nuestras vidas, si nosotros lo hemos sacado de ellas? El mismo Putin que fue Jefe de KGB rusa comunista, insiste que Rusia, así como el mundo entero debe regresar a sus orígenes cristianos.

Cualquiera que tenga cinco dedos de frente y deje abrir su “paracaídas”, tendrá que reconocer que hay que superar el ego y cumplir el mandato de Dios de “Amarás a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo”, que es el contenido de toda la cultura de la vida y del amor. Si amamos a Dios tenemos forzosamente que darle el lugar que le corresponde, así lograremos la paz interior y la felicidad, constatando lo dicho por San Agustín:

¡Inquieto está mi corazón Señor, e inquieto estará hasta que no descanse en ti!

“Donde hay bosques hay agua y aire puro; donde hay agua y aire puro hay vida”    

 

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

 

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