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Día de la Raza, Día de la Hispanidad

“La imagen intuitiva que mejor simboliza la esencia de la hispanidad es la figura del caballero cristiano; optimista e impaciente al mismo tiempo, no acata leyes que no sean las leyes de Dios. Y lo hace con grandeza frente a mezquindad, con arrojo frente a timidez, con altivez frente al servilismo, con más pálpito que cálculo y con impaciencia de eternidad” – Manuel García Morente (filósofo ateo, converso, 1937). 



La Hispanidad somos tú y yo. Somos hijos de nuestra historia, una historia común que nos une como hermanos, en un mismo ser y sentir, pero también en un mismo proyecto.

El proyecto se inició ya hace 2 mil años, cuando Santiago Boanerges (hijo del trueno), como Nuestro Señor lo llamó, por impetuoso y apasionado, se lanzó hasta “Finisterre”, en la Coruña, tal cual el Señor la había indicado: “Id hasta los confines del mundo y proclamad la Buena Nueva”. Pero tuvo que intervenir la Virgen del Pilar cuando Santiago, desalentado por no lograr nada con los rebeldes celtíberos, estaba profundamente desalentado, después de lo cual hubo una conversión masiva en toda la península. Con la invasión de los moros, para consolidar la Cruzada de Reconquista poco después de que una estrella señaló a unos pastorcitos (812) el lugar de su tumba en “Campus Stela”, Compostela, apareciendo como caballero sobre un corcel de guerra blanco, convirtió la inminente derrota del ejercito cristiano en una total victoria en la Batalla de Clavijo (834), de donde le vino el nombre de Santiago Matamoros. En Puebla se venera una imagen de tamaño natural en la población de su nombre, por cierto, contando con una leyenda muy hermosa sobre su origen.

Le siguieron el Cid Campeador Rodrigo Díaz de Vivar, San Fernando Rey de Castilla y luego su nieta Isabel la Cruzada, que me gusta llamarla así, porque no sólo culminó la Cruzada de Reconquista, sino que inició una Cruzada todavía más importante: la Cruzada de Evangelización de América. El “proyecto” estaba en plena marcha, después de haber culminado la primera etapa de la constitución de la Hispanidad.

El 12 de octubre de 1492, coincidentemente el Día de Nuestra Señora del Pilar, en el que se inicia la etapa de la que hablamos, Rodrigo de Triana desde el mástil mayor en voz en cuello, lanzaba el grito triunfal de “Tierra a la vista”, desembarcando Colón en la Isla de Guanahani, en el archipiélago de Bahamas, dando principio a la segunda etapa de la Hispanidad.

Es de llamar la atención que a Isabel le brillaran los ojos de entusiasmo, no tanto por las tierras por descubrir que serían de la Corona, sino por todas las almas que se podrían ganar para Dios.

Todavía tres días antes de morir, dictó un codicilo, una disposición, nombrando una comisión para una nueva codificación de las leyes, que constituirían las famosa “Leyes de Indias”, en las que “a los indios allende los mares debían de tratarse con el mayor cariño y benevolencia, corrigiendo cualquier error, para llevar adelante el sagrado deber de civilizarlos y convertirlos al cristianismo”.

Toca a su nieto Carlos V poder exclamar con orgullo y satisfacción que en su imperio no se ponía el sol, desde el Reino de Nápoles, conquistado por el Gran Capitán Gonzalo de Córdoba, pasando por las Canarias y por América, hasta Filipinas, formando una Cruz perfecta. Y fue la Cruz más que la espada, la que fue el eje de esta conquista, en la que se ganaron, según los deseos de Isabel, tantas almas para Dios, que compensaban e incluso superaban a las perdidas en Europa en los países que inventaron la Leyenda Negra contra la Iglesia y contra España por ser su firme Baluarte.

De esta leyenda negra, que fue desmentida desde un principio por Fray Juan de Zumárraga en una carta a Carlos V (1529), aclarando que lo dicho por Bartolomé de las Casas era pura mentira, el historiador estadounidense William S. Malby (1971) afirma que ningún historiador que se precie puede hoy tomar en serio las denuncias injustas y desatinadas de Las Casas. Y Pierre Chaunu, historiador francés protestante, refiere que el uso de la Obra de De las Casas, por las potencias protestantes, especialmente Inglaterra y los Países Bajos es una “Arma cínica de una guerra psicológica”.

Esa leyenda negra sigue siendo alimentada contra la Iglesia y la Hispanidad por las mafias de izquierda (masonería) para seguir con su campaña descristianizadora del mundo.

Con una gran visión de la situación actual, Su Santidad San Juan Pablo II reconoció en América el Continente de la Esperanza para la reevangelización del mundo precisamente por ese espíritu de la hispanidad, de conquista y de amor, que es respaldado por Nuestra Señora la Santísima Virgen María de Guadalupe, que en la segunda etapa de la Hispanidad logra la conversión masiva de los pueblos indígenas de América con su aparición en el Tepeyac. Igual que al inicio de la primera etapa, Nuestra Señora del Pilar lo logró con los rebeldes celtas de la península.

La vocación de las naciones de la hispanidad no ha podido ser definida más claramente que con su historia y su trayectoria. Es una vocación de grandeza y trascendencia que ningún otro pueblo tiene. Es la vocación de transmitir y defender la cultura de la vida y del amor contra todos los ataques persistentes e insidiosos, que nunca la han podido doblegar. Es esta vocación de la hispanidad la que nos garantiza la salvación de la Tierra contra sus depredadores, los seguidores de la cultura de la muerte, alentados por su ambición, soberbia y odio a la Obra de Dios.

“Donde hay Bosques, hay Agua y Aire puro; donde hay Agua y Aire puro, hay Vida”.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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