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¡50 muertos por deslizamientos!

El conocido científico mexicano Mario Molina afirmó dos cosas que llaman la atención, primero: “La solución al cambio global debe ser global”, y luego: “La ciencia en sí no dice qué hay que hacer respecto a las causas y alcances del cambio climático, pues carece de valores”.



Lo primero es obvio, pero es bueno que se mencione para que los que todavía no se han percatado de esto lo hagan. Lo segundo, bueno, si no hay cifras o estadísticas o lo que se crea necesario para hacer deducciones científicas, pues no es necesario, pues el sentido común –que es la lógica aplicada a la vida diaria– nos lo dice claramente. Y vale señalar que la Lógica es totalmente científica.

Por todo el mundo corrió la noticia de que la tormenta tropical “Earl” cobró 50 vidas en los últimos días, y ya prácticamente perdiendo sus fuerzas remanentes. Que en esto la barrera de la Sierra Norte de Puebla que retuvo el avance de los negros nubarrones, fue un factor determinante. El mismo Santo Padre Francisco manifestó su pena al pueblo de México.

Habitantes de la zona que ya habitan más de 40 años en esos lugares refieren que nunca había pasado algo parecido. Pues sí, 40 años y más, nunca antes había pasado eso. La razón es muy sencilla: Los huracanes son cada vez más frecuentes y más violentos, y las precipitaciones pluviales más intensas, además de que no hay suelo de bosque que evite los escurrimientos de superficie broncos que se van juntando en caudales cada vez más amenazadores e impresionantes. El rugir de las corrientes, al precipitarse pendiente abajo, puede impactar al más bragado, y no hay barrera que pueda frenar esa masa de agua que arrastra viviendas, animales, cultivos y hasta personas. Los deslizamientos de cerros con aludes de lodo, son otra cosa nueva que antes no se había visto.

Es de la más elemental lógica que si no existen los elementos necesarios para retener al suelo en su lugar, que éste –saturado de agua, reblandecido– cederá y se deslizará sobre las construcciones de casas que se edificaron en esos lugares por la seguridad de que antes nunca había pasado algo, pero que en adelante, si no se toman las medidas adecuadas, seguirá pasando.

¿Qué es lo que siempre había detenido al suelo en su lugar? Sencillamente es cosa de observación y deducción elemental. Antes, las laderas de las montañas estaban cubiertas de bosques, que se fueron talando paulatinamente, hasta dejarlas totalmente desamparadas y a merced de los fenómenos meteorológicos totalmente fuera de control.

¿Pero cómo puede el bosque evitar los deslaves citados? La respuesta es que los árboles del bosque tienen raíces que penetran en el suelo verticalmente y se tienden también en forma horizontal, entretejiéndose y formando una red, que sostiene al suelo. Es como en el concreto armado, donde el cemento no es la clave de su resistencia, sino el refuerzo de acero que junto con el cemento, la grava y la arena, forman una estructura fuertísima, capaz de aguantar los terremotos más intensos.

Así ha pasado en tiempos anteriores, que además los huracanes no eran tan violentos y frecuentes: el suelo armado con la red de raíces de los árboles, resistía cualquier lluvia sin problemas ni consecuencias, ayudando el suelo de bosque a evitar escurrimientos superficiales broncos.

Su Santidad Francisco hace poco dijo: “El apego al dinero destruye la fraternidad humana y corrompe a las personas,” y: “El dinero de por sí no es malo, lo que destruye es la avaricia (ambición de dinero y poder), el querer tener cada vez más”. Porque no es rico el que tiene mucho, sino el que es feliz con lo poco que tiene.

Eso es lo que ha terminado con nuestros bosques, eso es lo que trae tantas calamidades y sufrimientos sobre el mundo. No sólo en este caso de Puebla y Veracruz, sino en todas las demás implicaciones de los cambios climáticos, el caso de la violencia en todos sus sesgos (narcotráfico, Coordinadora, Estado Islámico, mafias petroleras y de izquierda, terrorismo, asaltos, secuestros y violaciones, violencia intrafamiliar, asesinato de inocentes criaturas en el vientre de sus madres, etc., etc.), la falta de productividad, la pobreza, el hambre.

La guerra de la cultura de la muerte contra la cultura de la vida y del amor cobra cada vez más víctimas inocentes.

Nuestra única casa, la Tierra, la naturaleza, la vida humana, sólo se volverán a recuperar, a ser hermosas, si logramos reinstaurar la cultura de la vida y del amor, si, como dijo Ángela Merkel, Canciller de Alemania, regresamos a nuestros orígenes, a nuestras raíces cristianas, a Cristo Nuestro Señor, a leer la Biblia.

“Donde hay Bosques, hay Agua y Aire puro; donde hay Agua y Aire puro, hay Vida”.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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