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Nace el Rey de la Creación

“Non fecit taliter omni natione” (“no hizo cosa igual con ninguna otra nación”). En verdad no hizo Dios nada igual con ningún otro país. Dios, creador del universo, nos distinguió en una forma muy especial, dejándonos como prueba la tilma de San Juan Diego con la imagen bendita de su Santísima Madre y madre nuestra, la siempre gloriosa Virgen María de Guadalupe, a la que nuestro pueblo, en su festividad, volvió a mostrar su cariño con la visita de alrededor de 10 millones de peregrinos, sobre 6 millones tan sólo el mero día 12 de diciembre y más de 20 millones durante el año, más que los peregrinos a Roma, Lourdes y Fátima juntos, que son sobre 16 millones.


La creación


Estamos celebrando el aniversario de su nacimiento. El Rey de la Creación vino a nosotros por amor, y vino a establecer en el mundo la “cultura de la vida y del amor”, porque la vida es precisamente la resultante del amor.

Al hombre encomendó Dios su Creación. Se la encargó para que la administrara, la cuidara y la aprovechara. Que hiciera uso de ella para vivir correctamente. Pero el hombre, en su ambición que lo ciega y no lo deja ver acertadamente la realidad, se ha dedicado, no hacer uso, sino abuso de ella.

Debemos recordar la parábola de los talentos. Y si el amo fue tan duro con aquel que enterró su talento y no lo hizo producir, ¿qué será con nosotros, que no sólo no lo hacemos producir, sino que lo estamos aniquilando?

Este mundo tan hermoso que nuestros padres nos entregaron ya un poco deteriorado, lo estamos acabando de echar a pique. ¿Qué cuentas vamos a entregar? ¿Será más grande nuestra estulticia producto de nuestra ambición, que nuestra inteligencia que Dios nos dio para razonar?

Estamos matando a la gallina de los huevos de oro, sin pensar que sin gallina ya no habrá huevos. Y lo peor de todo es que, si acabamos con la naturaleza tan extraordinaria que cubre a la Tierra, acabamos con “Nuestra Casa”, la única que tenemos. No habrá dónde ir después; y entonces, ¿qué haremos?

Estamos celebrando el Nacimiento del Rey de Reyes, y en la celebración nos olvidamos de Él. Comercializamos el acontecimiento. La Navidad se ha convertido en motivo de hacer dinero, de divertirse, de comer y beber en forma desmedida, de gastar hasta lo que no tenemos. Por los festejos, nos olvidamos del festejado. Hemos descristianizado lo más sagrado que tenemos.

Y esa descristianización, va pareja con la pérdida de valores, la entronización de la corrupción, el empeño de algunos por imponer la “cultura de la muerte”, el asesinato de seres humanos indefensos en el vientre de sus madres (el aborto), la destrucción de la familia queriendo que se acepte un concepto degenerado de ella, legalizando la unión de dos seres enfermos físico-psicológicamente (que requieren un tratamiento igual que un alcohólico u otro adicto), e inclusive autorizándolos para adoptar niños inocentes que crecerán en ese ambiente pervertido.

Sólo volviendo a nuestros valores, cristianizando nuevamente nuestro mundo, podremos salvarlo. Cuidemos de no seguir a los falsos profetas, a los lobos con piel de oveja, que ofrecen las mil maravillas, engañando a los pobres ilusos que todavía les creen. Este año que está terminando, es un claro ejemplo de lo que puede hacer la propaganda, y las ansias de la gente por encontrar un redentor.

Es necesario despertar. Darnos cuenta que sólo en la Verdad, en el Amor, y en los Valores resultantes, podremos encontrar la solución a todos nuestros males. Encontrar nuevamente el verdadero sentido de la Natividad del Señor, del Rey de Reyes, del Dios del Amor y de la Creación.

Ofrezcámosle (como los santos Reyes Magos le ofrecieron el oro, el incienso y la mirra) acciones de fondo para regenerar la Naturaleza, nuestro Medio Ambiente, nuestra única Casa que tenemos. Devolvámosle el “talento” enriquecido y no mermado o destruido.

Aún es tiempo de actuar. Hagámoslo antes de que sea demasiado tarde, y que lo que se haga ya no tenga ningún resultado.

Tenemos a nuestra Madre a la que tanto queremos todos los mexicanos, la Morenita del Tepeyac. El amor a ella puede ser la motivación que nos mueva para retomar nuestros Valores basados en el Amor, en la cultura de la vida y del amor, en la que tanto han insistido Su Santidad Juan Pablo II, el papa mexicano, y Su Santidad Benedicto XVI.

San Juan Pablo II nombró a América el “Continente de la Esperanza”, consciente de que jugaría un papel muy importante en la reevangelización del mundo, y refirió que México era clave en este proceso.

Esta reevangelización, precisamente, conduce a la recuperación de los valores a los que hemos estado refiriéndonos. El retorno a estos valores será el secreto para salvar a nuestro mundo. Está en nuestras manos el lograrlo. No podemos perder más tiempo.

La cultura del amor, la Buena Nueva que vino a enseñarnos Nuestro Señor, cuyo nacimiento celebramos, es la clave para que salgamos adelante.

Devolvamos al Rey de la Creación, nuestro mundo, no solamente mejor de lo que nos lo fue entregado, sino totalmente regenerado. Esto no será labor de un día, sino de años; y precisamente por eso, cuanto antes empecemos, antes veremos los resultados. Además de que no tenemos de otra.

“Donde hay Bosques, hay Agua y Aire puro; donde hay Agua y Aire puro, hay Vida”.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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