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General Joaquín Colombres, pionero de la reforestación en México

Ya nadie puede imaginarse que los bosques de la Malintzi hayan llegado hasta las goteras de la Ciudad de Puebla. Las tierras de cultivo fueron reemplazando los preciosos bosques de coníferas. Pero hubo alguien visionario y amante del campo y de la naturaleza que trato de volver a esos tiempos iniciales.


Medio Ambiente


Fue al General Joaquín Colombres, insigne héroe mexicano que después de haber regresado de Francia donde había estado prisionero por no haber querido dar su palabra de honor (siempre ha habido hombres cuya palabra vale) de no volver a combatir contra el ejército francés, retirándose a su Hacienda de Manzanilla, dedicando su tiempo y esfuerzos al campo y a su familia, a quien le vino a la mente que debían de surgir nuevamente los bosques hermosos de ocotes que habían crecido en un pasado en las faldas de la sin igual montaña de la Malintzi.

Con el tesón propio de un militar de corazón, que ama a su Patria, se puso a reforestar esos campos, que a mí de muchacho todavía me tocó recorrer a caballo bajo las sombras de esos añosos arboles sembrados por mi bisabuelo. Me toco por designios de Dios la herencia del amor por los bosques por parte de mi madre, como también de mi padre, el que, aparte de reiniciar la reforestación en México en Flor de Bosque, inspiró al Apóstol de Árbol, el Ingeniero Migue Ángel de Quevedo, a extender esa obra a toda la República.

La necesidad de reforestar la Malintzi también la vio claramente, a tal grado que en 1946 propuso al gobierno de Puebla un proyecto al respecto, siendo titular de la Dirección de Agua Potable, indicando que era necesario para garantizar a la ciudad el abastecimiento de agua potable. A pesar de que hace años se ha retomado la idea, no se ha podido llevar a cabo, siendo una verdadera vergüenza para Puebla la diferencia de arbolado que existe entre la parte de la montaña que corresponde a Puebla y la de Tlaxcala, que luce verdaderamente hermosa.

El sábado 26 de septiembre se reúne un gran número de descendientes del General para  manifestar su orgullo de serlo y para honrar su memoria.

Quiero, como parte de ese homenaje, transcribir una parte de un artículo (“Remembranzas de mi abuelita Esther Colombres”) escrito por mi hermana Elizabeth en la publicación “Testimonio e Historia” en otoño del 2002.

“Creo que es interesante saber quién fue el padre de mi abuelita, el General Joaquín Colombres. Nació el 28 de marzo de 1827, siendo sus padres Don Gregorio Colombres y Doña Manuela Álvarez. Él era oficial de la Guardia Real del Rey de España, comisionado en México, y ella era mexicana hija de un hacendado. Los dos murieron víctimas de cólera en el año 1833 durante el sitio de Ciudad de Puebla por las tropas del General Santana.

“Un gran amigo de su padre era su padrino, el Marqués de Montserrat y Conde de Cruillas, de los últimos Virreyes de la Nueva España; lo adoptó como hijo y al morir le heredó la Hacienda de Manzanilla, que se encuentra en las afueras al norte de la ciudad de Puebla, al igual que sus títulos nobiliarios, que no aceptó por ser mexicano.

“En el año de 1838 ingresó al Colegio Militar, en la capital, en la carrera de Ingeniero Militar. A los 19 años se le nombró Capitán de Ingenieros Militares. En la guerra con Estados Unidos. Tomó parte activa en el sitio de Monterrey, ya con el grado de Teniente Coronel. Al terminar la guerra, luchó contra el General Rebolledo, a quien derrotó en Puente Nacional, Veracruz. Se dedicó luego a pacificar el Estado de Veracruz y posteriormente a fortificar al Puerto de Veracruz. En esa época, en 1856, fue ascendido al Grado de Coronel, a la edad de 29 años. Fungió como comandante del Puerto, ocupando ese año la cartera de Ministro de Guerra.

“Cuando la Invasión Francesa, ya como General, era Jefe del Estado Mayor del Ejército de Oriente, bajo las órdenes del General Ignacio Zaragoza, teniendo a su cargo las fortificaciones de la Ciudad de Puebla: los Fuertes de Loreto y Guadalupe, el Fuerte de San Juan, el Fuerte de San Javier, el Molino del Carmen, y otros.

“En 1871 (habiendo regresado de Francia) pidió su retiro y se radicó en la Hacienda de Manzanilla. En 1874 se casó con Defensa Patiño, hija de los dueños de la Hacienda de San Lorenzo, Municipio de Yanga, cerca de Córdoba. Tuvieron a un hijo, Saúl, y tres hermanas: Ruth, Ester y Raquel. La mayor, Ruth, murió de “tiricia” (una grave depresión), después de lo cual vinieron a vivir a Puebla, para que los hijos tuvieran una mayor vida social y distracción, pasando temporadas en Manzanilla”.

Podríamos comentar la vida apacible y familiar y de amor al campo que desarrolló el General después de su retiro, hasta su muerte el 31 de octubre de 1898 con sus suegros en la Hacienda de San Lorenzo, en Córdoba.

Le dio mucha importancia al campo y a los bosques. Los Bosques de Manzanilla, que todavía muchos poblanos recuerdan, fueron los primeros resultados de una reforestación artificial, retornando tierras de labor a su uso original. A la fecha se han perdido (los bosques) totalmente debido a la política agraria (Luis Echeverría) y a la falta de apoyo de las autoridades.

Sirvió fielmente a su Patria en lo militar, como en lo humano. Descansa en paz en el Panteón Familiar de Manzanilla, donde también descansa su esposa, sus hijas, mi abuelita; pero también mis padres Erika Petersen Colombres y mi padre el Ing. Ernesto Kurt Feldmann, el que también dedicó su vida al servicio de México”.

Ojalá tuviéramos, que de reinstaurar la Cultura de la Vida los tendremos, muchos servidores públicos como éstos. México sería grande (y lo será).

“Donde hay Bosque, hay Agua y Aire puro; donde hay Agua y Aire puro, hay Vida”.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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