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¿Qué clase de mundo es éste?

De nuestros verdaderos intelectuales, no los que son producto de los medios de comunicación al servicio de la mafia de izquierda, hay muchos pensamientos que impactan. José Saramago (portugués, fallecido hace poco) hace una pregunta que pone a pensar a cualquiera: ¿Qué clase de mundo es éste, que puede mandar máquinas a Marte y no hace nada para detener el asesinado de un ser humano?


Clase de mundo


Pero no es uno el asesinato que debe detenerse, sino muchísimos más. Ahí están Siria, Irak, Nigeria, Pakistán, Afganistán, Etiopía, Libia, Ucrania, y otros muchos, en los que se mata a la gente por ser cristiana, básicamente católica. Las persecuciones y los martirios han provocado una ola de emigrantes que buscan en Europa y otros países, salvar sus vidas y poder gozar de una libertad religiosa, imposible en estos momentos en los lugares que los vieron nacer y donde crecieron en libertad, llegando a provocar naufragios de muchas embarcaciones improvisadas y rudimentarias.

Sin embargo, los países que pudieran hacer algo para detener el asesinato no de uno, sino de miles de seres humanos, hacen dizque hacen, pero no hacen lo necesario. ¿No será porque les interese prolongar el conflicto para en esa forma mantener clientes para su productiva industria y comercio de armas, importándoles poco sacrificar tantas vidas de gente inocente?

Igual pasa en la lucha por el Medio Ambiente, en la que llevamos más de 20 años, desde la Cumbre de Río, y no se puede llegar a un acuerdo para solucionar el tremendo problema, porque lo sabotean gobiernos de países interesados (EU, Rusia, China y otros) a los que las mafias los comprometen a eso, poniendo como pretexto el que supuestamente no pueden comprometer la economía de sus países.

Pero hay más aún: Las mafias de magnates sin escrúpulos, de izquierda, de delincuentes (narcos), no actúan ya sólo por tener más ganancias sucias, manchadas de sangre, sino en su afán de dominio, su hambre de poder; pretenden debilitar a la sociedad, hiriéndola en lo más sagrado, lo que es la base de toda sociedad, la familia, para lo que, aprovechando el control de los Congresos, de la Suprema Corte de Justicia, en México, EU, España y otros, imponen leyes contra-natura, como la de los pseudo-matrimonios homosexuales, la adopción de pequeños inocentes por éstos, las relaciones antes y fuera del matrimonio con eso del sexo seguro, la facilitación de divorcios, que dan por resultado jóvenes desadaptados socialmente, presas fáciles de la droga y del delito.

Pero lo peor todavía, es la legalización no de uno, sino de millones de asesinatos de angelitos inocentes en el vientre de sus madres (aborto), a quienes engañándolas no advierten sobre el tremendo síndrome postaborto que sufrirán durante toda su vida; para poder imponerlo, supuestamente en aras de la libertad de la mujer y el derecho a decidir sobre su cuerpo, sin tener en cuenta que no pueden pasar sobre el Derecho a la Vida de este nuevo ser, que lo es desde su concepción. Que Dios es el único que, al dar la vida, puede en su caso disponer de ella.

Para desquiciar a la sociedad, las mafias inventaron todas las campañas de “liberación”: La liberación femenina, la liberación sexual, la liberación de la juventud, hasta Teología de la Liberación se llegaron a inventar.

En lugar de sexo se empezó a hablar de “género”, ya que en la gramática existe el género masculino, el femenino y el neutro (él, la y lo, o sea indefinido), para después justificar la legalización de las dizque bodas de homosexuales. Hay que respetarlos, pero no por eso se va a pretender que está bien. Se les puede ayudar con terapias psicológicas y de hormonas, es un hecho de que es una alteración psico-corporal que se puede curar, como se pueden curar las fobias, los complejos, las adicciones, los traumas y otras muchas alteraciones de la persona.

Por eso estamos como estamos, porque una pequeña minoría, aprovechando el control que tiene de puestos clave (Presidencia, Suprema Corte de Justicia, jueces corruptos, Congreso), insiste en querer imponer la funesta Cultura de la Muerte, para en esa forma asegurar el control del mundo, la sociedad y, por supuesto, su enriquecimiento. La ambición y la soberbia los domina y con ello recurren a la corrupción, a la mentira y a la calumnia, para asegurar sus intereses inconfesables de poder y de riqueza.

¿Qué clase de mundo es éste? Un mundo que anda de cabeza, y no por la mayoría, que somos gente buena, sino por una minoría que se ha adueñado de puestos clave en su provecho, para lo que han demostrado una inteligencia asombrosa, teniendo como motivación su ambición y su soberbia, la que por otro lado nubla su entendimiento, no dándose cuenta que en lo relativo al ambiente, el deteriorar e incluso acabar en muchos aspectos con la Naturaleza, los va a afectar totalmente también a ellos. Son tan miopes, no ven más allá de sus narices, que todos estamos en el mismo barco, y que si éste se va a pique, también ellos, junto con todos nosotros, se hundirán con él.

No hay de otra, que lograr que la Cultura de la Vida prevalezca sobre la Cultura de la Muerte. Entonces no tendremos, junto con José Saramago, que preguntarnos: ¿Qué clase de mundo es éste?

“Donde hay Bosques, hay Agua y Aire puro; donde hay Agua y Aire puro, hay Vida”.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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