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¡Lo ricos que podemos ser!

 “Nunca te cruces de brazos ante una situación difícil,

el hombre más grande del mundo murió con los brazos abiertos”.


Nueva encíclica


Un hombre muy rico, queriendo enseñarle a su pequeño hijo lo afortunado que era al tener todo lo que tenían, lo llevó a pasar unos días en el campo, hospedándose en una humilde granja. Después le preguntó ¿Te diste cuenta de lo pobre que puede llegar a ser la gente? ¿Qué aprendiste? La respuesta espontánea del pequeño fue: Muchas cosas papá… nosotros tenemos un perro y ellos tienen cuatro… nosotros tenemos una alberca de agua y ellos tienen un río de agua pura y cristalina… nosotros tenemos lámparas finas e importadas para alumbrar el jardín y a ellos les alumbra la luna y las estrellas… que nuestro jardín termina limitado por un muro y el de ellos abarca hasta el horizonte… que mamá y tu trabajan tanto que nunca los vemos, mientras ellos tiene tiempo para hablar y convivir en familia. ¡Gracias papá, por haberme enseñado lo pobres que somos y lo ricos que podemos llegar a ser!

Ese es el problema del mundo. No apreciamos la gran riqueza que Dios nos dio en la Naturaleza. El ego enfermo de muchos (políticos, magnates, mafias) hace que se les desarrolle un amor a sí mismos, a la riqueza, al poder exagerado, que pierden la conciencia de la realidad y de que son parte de una sociedad y que no están por encima de ella, de la cual sólo se sirven para enriquecerse sin escrúpulos, igual que se sirven de la Naturaleza con un grave deterioro de la misma, sin pensar que son parte de ella y en ningún momento están por encima, no considerando que si acaban con ella, están cavando su propia tumba.

Su Santidad Francisco, ahora en Ecuador y Bolivia, ha estado llamando a la humanidad -no sólo a los sudamericanos a los que visitó- a tener mayor conciencia de los lazos que nos unen, del amor al prójimo, que nos debe llevar a una mayor justicia social, reduciendo la pobreza y el hambre en el mundo. Insistiendo en lo que manifestó ampliamente en forma hermosa en su última Encíclica Laudato si' de la relación del hombre con la Naturaleza, que puede aprovechar en su beneficio, pero cuidando siempre de ella y no acabándola como lo está haciendo, por egoísmo y ambición.

En reducir la pobreza y el hambre pone Su Santidad Francisco un gran énfasis, considerando que es un punto de los más importantes que deben ser atendidos por los gobiernos del mundo.

Cabe recordar lo que con insistencia afirmaba San Juan Pablo II, a quien siempre recordaremos como el Papa Mexicano, como él mismo se nombraba por la identificación con nuestro pueblo, al que tenía un gran cariño igual que a Nuestra Madrecita la Santísima Virgen de Guadalupe, a la que reconoció como Patrona de toda América, al que consideró como el Continente de la esperanza y clave en la reevangelización del mundo, instaurando nuevamente la cultura de la vida y del amor, tan necesaria para terminar con la imposición de la cultura de la muerte (mafias de izquierda, de magnates sin conciencia, y de la delincuencia organizada) que está llevando al mundo al precipicio. San Juan Pablo II nos recalcó que “Nadie tiene derecho a lo superfluo, mientras haya alguien que no tenga lo necesario”. Es muy difícil cumplir esto, pero si la humanidad tratara de acercarse a esta premisa lo más posible, reduciríamos tremendamente la pobreza y el hambre en el mundo, y al ser más justos dejándonos llevar por el amor al próximo como también a Dios, a quien ya no haríamos a un lado de nuestra vida pública y privada, teniendo más amor a la Naturaleza, su Creación, la cuidaríamos más, logrando revertir el grave deterioro que le ha causado la ambición de las mafias mencionadas.

Está bien una ambición sana de superación, de un mejor nivel de vida para nosotros y nuestras familias, teniendo en cuenta lo que manda Dios: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. El ego sano consiste precisamente en amarse a uno mismo sin exageraciones, y así es como se debe amar al prójimo y nuestras familias son los más prójimos a nosotros. Lo que no está bien, y de ahí nace la cultura de la muerte, es la ambición desmedida de dinero y poder que nace de un ego enfermo, que se ama a sí mismo más que a Dios y al prójimo.

Así es como los integrantes de las mafias mencionadas se convierten en ricos verdaderamente pobres, que nunca están conformes con lo que tienen, porque la ambición los hace querer cada vez más, sin serles suficiente nunca lo que ya tienen, y es como funciona y se sostiene la cultura de la muerte, pasando sobre cadáveres y acabando con la Naturaleza, de la que no se dan cuenta que son parte de la misma y que el daño que le causan se revertirá contra ellos mismos en cualquier momento.

¡QUE RICOS TAN POBRES! Nunca serán felices, porque su ambición no se saciará nunca y nunca estarán contentos con lo mucho que tienen.

¡QUE POBRES TAN RICOS! Los que somos felices con lo que tenemos y honradamente podemos lograr, agradeciendo a Dios por todo lo que nos ha dado gratuitamente.

Hagamos entre todos lo necesario para que la cultura de la vida y el amor vuelva a imperar en nuestra sociedad y superaremos todas las crisis y seremos verdaderamente felices con un medio ambiente esplendoroso.

“Donde hay Bosques, hay Agua y Aire puro; donde hay Agua y Aire puro, hay Vida”.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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