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¡Laudato Si, mi Signore! - Alabado seas, mi Señor

Recién salida del horno, no habiéndole dado importancia los medios de comunicación y esperando que los jefes de gobierno del mundo sí la consideren, quiero referirme hoy a la extraordinaria Encíclica, no porque las otras no lo sean, sino porque se refiere en una forma muy detallada al problema más grave que enfrenta la Humanidad, la GRAVE CRISIS AMBIENTAL, que se ve que junto con la pobreza es la más grande preocupación de Su santidad Francisco.


Medio Ambiente


El nombre de la Encíclica “Laudato si’. Sobre el cuidado de la Casa Común” lo toma del himno hermoso que compuso San Francisco de Asís hace ya unos 800 años, considerando que San Francisco señala ahí perfectamente la relación que debe tener el hombre con la Naturaleza, refiriéndose a todos como “hermanos”, por ser creaturas de Dios.

El Santo Padre, por la importancia que tiene este bello Himno lo reproduce en su Encíclica, y quiero empezar con él:

«Alabado seas, mi Señor,

con todas tus criaturas,

especialmente el hermano sol,

por quien nos das el día y nos iluminas.

Y es bello y radiante con gran esplendor,

de ti, Altísimo, lleva significación.

 

Alabado seas, mi Señor,

por la hermana luna y las estrellas,

en el cielo las formaste claras y preciosas, y bellas.

Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento

y por el aire, y la nube y el cielo sereno,

y todo tiempo,

por todos ellos a tus criaturas das sustento.

 

Alabado seas, mi Señor, por la hermana agua,

la cual es muy humilde, y preciosa y casta.

Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego,

por el cual iluminas la noche,

y es bello, y alegre y vigoroso, y fuerte»

En el primer capítulo, “Lo que está pasando en nuestra Casa”, contempla la contaminación, el agua, la biodiversidad, la calidad de vida del hombre, la inseguridad, la debilidad de las reacciones (se refiere a la tibieza de los gobiernos).

En el segundo, “El Evangelio de la Creación”, habla de la luz que ofrece la fe ante el problema, la Sabiduría de la Sagrada Escritura al respecto, los misterios del Universo, el mensaje de cada criatura en la armonía de todo lo creado. Aquí inserta el Himno de San Francisco.

El capítulo tercero, “Raíz humana de la Crisis Ecológica”, trata a fondo la tecnología, la globalización, el antropocentrismo moderno en relación a que el hombre es el causante de la crisis.

En “Una Ecología Integral”, que es el cuarto capítulo, se enfoca en la Ecología ambiental, económica y social; a la Ecología cultural y de la vida diaria. Hace hincapié en el principio del Bien común y a la Justicia entre las generaciones.

“Algunas líneas de Orientación y Acción”, capítulo quinto, se centra básicamente en el DIALOGO en la política internacional, nacional y local sobre el Medio Ambiente, la transparencia en los procesos decisionales, la plenitud humana, y por último el dialogo entre ciencia y religión.

El ultimo capitulo, el sexto, “Educación y Espiritualidad Ecológica”, versa sobre la apuesta por otro estilo de vida, la educación para integrar a la humanidad con el Ambiente, la Conversión Ecológica, el gozo y la paz consecuente, la relación de la Santísima Trinidad con las criaturas y a María como Reina de todo lo creado.

Cierra la Encíclica con dos oraciones por nuestra Tierra, una para todos los que creen en Dios y una segunda para los cristianos.

La primera inicia:

“Dios omnipotente,

que estás presente en todo el universo

y en la más pequeña de tus criaturas,

Tú, que rodeas con tu ternura todo lo que existe,

derrama en nosotros la fuerza de tu amor

para que cuidemos la vida y la belleza.

Inúndanos de paz, para que vivamos como hermanos y hermanas

sin dañar a nadie”.

“Aliéntanos, por favor, en nuestra lucha

por la justicia, el amor y la paz”.

Su Santidad quiere llamarnos la atención sobre el grave PROBLEMA AMBIENTAL y su solución, en un momento crítico, haciéndonos ver que está en nuestras manos la solución. El hombre creó el problema y sólo el hombre puede solucionarlo. Para eso es necesario que supere su egocentrismo, su ambición y su soberbia. Que vuelva sus ojos al Dios verdadero y haga a un lado los falsos dioses (dinero, poder, placeres, una vida fácil, el ego), que reordene su Escala de Valores, que no confunda la Educación con la Instrucción, que no se empeñe en imponer la CULTURA DE LA MUERTE.

En la Encíclica “Laudato si’. Sobre el cuidado de la Casa Común” Su Santidad Francisco vierte todo el contenido de la CULTURA DE LA VIDA, en la relación del hombre con su entorno, la Naturaleza, de la que él mismo es parte y no está en ningún momento por encima de ella. De la que deberá cuidar y hacer uso de ella, jamás abuso.

“Donde hay Bosques, hay Agua y Aire puro; donde hay Agua y Aire puro, hay Vida”.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

 

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