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Reforma energética: no hipotequemos la confianza en México

La revisión a la baja que acaba de realizar el Fondo Monetario Internacional en las proyecciones de crecimiento para México, por efecto de la debilidad de la economía estadounidense, constituye un recordatorio de que debemos fortalecer los motores internos de nuestra economía, para que los vaivenes de la economía de Estados Unidos dejen de afectarnos tan drásticamente.


Una tragedia para el país la nueva deuda pública


Este desafío cobra especial relevancia ahora que estamos a unas semanas de que sean promulgadas las nuevas reglas para el sector energético, que transformarán a Pemex y la CFE en empresas productivas del Estado.

El sector patronal demanda al pleno de la Cámara de Diputados poner especial cuidado en el proceso de saneamiento financiero de ambas empresas. Se requiere diseñar un esquema que al consolidar a la deuda pública una parte de los pasivos laborales de Pemex y CFE, utilice una fórmula ligada al valor agregado fiscal que generará la propia reforma energética. Esto es necesario, para evitar que esa carga recaiga sobre los contribuyentes actuales.

En cualquier país, la deuda pública de hoy son los impuestos del mañana. Tenemos que asegurarnos de que el saneamiento de esos pasivos laborales sea evento de una sola exhibición y que nunca se repita con otras empresas del Estado.

México no está en condiciones de generar rescates de empresas estatales, sin exigir mecanismos que disciplinen a los rescatados. Debemos tener claridad de los compromisos de la parte laboral para que Pemex y CFE sean realmente empresas productivas y competitivas.

Los legisladores deben asegurarse de que la fuente de los recursos para sanear el pasivo laboral provenga de la renta petrolera, además de la renegociación de los contratos laborales. Los miembros de los sindicatos petrolero y de la industria eléctrica deberán aportar parte de los recursos para sus planes de pensiones, como lo hacen todos los trabajadores de México.

No podemos hipotecar la confianza en el país, ni entrar en una dinámica en la que una deuda extraordinaria se convierta en un riesgo que puede desestabilizar las finanzas nacionales, minando la estabilidad de nuestras variables macroeconómicas que tanto esfuerzo y sacrificio nos ha costado construir.

Nadie debe dudarlo: las inversiones y el crecimiento no vendrán automáticamente con ésta y las otras reformas que se han elaborado en México.

Consideramos positiva la ampliación gradual del 25 por ciento del porcentaje mínimo promedio de contenido nacional en la industria energética, que deberá observarse en 2015, hasta alcanzar el 35 por ciento en 2025. Esta fue una demanda de COPARMEX y sin duda abre perspectivas para nuevas inversiones en el sector, que permitirá crear tecnología, talentos y empleos de mayor calidad, a través de las cadenas de valor.

Si realmente Pemex y la CFE logran transformarse en empresas globalmente competitivas, pueden ser el tractor con capacidad para encadenar PYMES de todas las regiones del país. El reto es encontrar modelos de negocios en los que podamos complementar los recursos públicos y privados, generando valor.

Las inversiones no llegarán automáticamente. Debemos ponernos a trabajar, a generar planes para crear nueva infraestructura; a generar política pública que forme centros de investigación y transferencia de tecnología, a avanzar en materia de desregulación; a crear una política fiscal que incentive las inversiones productivas formales; a reformar los planes de estudio de las instituciones de educación media superior y superior, que nos permitan preparar a los ingenieros y especialistas que demandará el sector energético nacional.

Nuestra propuesta es alcanzar un acuerdo nacional para un nuevo modelo económico enfocado a empresas globales mexicanas de todos tamaños, con base en tres ejes:

1) Incentivos a la inversión productiva.- Canalizar recursos enfocados en las PYMES y la innovación para generar empleos productivos, mejorando la calidad de la educación y llevando el modelo mexicano de formación dual a los sectores con alto potencial de desarrollo.

2) Mayor equidad social.- Las inversiones productivas permitirán un incremento de la eficiencia para fortalecer al mercado y a la clase media, fomentando el crecimiento de las empresas, para que se incorporen, en la medida que crezcan, a la formalidad, de manera natural.

3) Desarrollo regional.- México crecerá desde lo local para lo nacional. Desde cada ciudad, desde cada región. Aprovechando el impulso de la reforma energética para detonar inversiones donde participe la industria nacional, y que promovamos cadenas de valor con base en las vocaciones productivas de cada región.

Si trabajamos todos juntos, podremos hacer realidad las predicciones que nos colocan entre los 10 países en los que se espera mayor crecimiento en el ingreso personal y entre los 20 que más contribuirán al PIB mundial en 2020.

Estas son las perspectivas de mediano plazo. Aún sigue siendo un reto que la inversión pública y privada detone, que la confianza en el consumidor se fortalezca, que los ingresos reales de los trabajadores y de los consumidores retomen su crecimiento para alcanzar los indicadores de crecimiento propuestos, para este 2014, superiores al 2.5 por ciento. Es urgente un mayor dinamismo en este segundo semestre del año en la inversión, la generación de empleos con mayor valor y el fortalecimiento del consumo interno.

Presidente Nacional de COPARMEX

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