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Retos en la recta final hacia la Casa Blanca

Asistimos a la recta final de uno de los procesos electorales más polémicos y sui géneris de la historia reciente de Estados Unidos y su relación con nuestra patria, el cual ha generado una gran incertidumbre y recurrente inestabilidad en los mercados financieros, en ese país, y por su influencia, en el mundo y en particular en nuestro México.



Este miércoles 19 es el tercer y último debate entre los candidatos a la Presidencia Hillary Clinton y Donald Trump. Aunque ya hay más claridad en las tendencias, presumiblemente más favorables a los intereses de México, nada puede darse por hecho hasta los comicios del próximo 8 de noviembre, y casos como el del Brexit o el referéndum por la paz en Colombia deben prevenirnos en ese sentido.

Por lo pronto, previo al debate, modelos respetados de proyección que se soportan en las principales encuestas, como los de Nate Silver y New York Times dan a la candidata demócrata una posibilidad de ganar de entre 86 y 89 por ciento.

Es probable que la gran volatilidad que hemos observado ceda un poco cuando se defina la elección, y más aún si se cumple esa predicción dominante, pero lo que sí es seguro es que de ninguna forma desaparecerá, pues existen muchos frentes abiertos aún que generan interrogantes y nerviosismo, gane quien gane la elección de los Estados Unidos.

Las elecciones, por la forma en que se dieron, los temas debatidos, las promesas y demandas que proliferaron en las agendas y la retórica, y en particular lo relativo a la relación con México, perfilan grandes retos que deberemos encarar en lo sucesivo, como prioridad estratégica de nuestro país.

Una vez que se disipe la turbulencia que provocaron las campañas, tras tanta desinformación, errores de juicio, percepciones muy difundidas en la población estadounidense que estaban latentes y han emergido, habrá que replantear y recomponer en gran medida la relación con Estados Unidos, sin importar quién gane.

Hay riesgos reales, que no podemos menospreciar, ante los cuales debemos tomar previsiones y precauciones; estar preparados, aunque afortunadamente las tendencias no apuntan hacia los escenarios más adversos.

Estamos hablando del riesgo de una relación estratégica –la más delicada y compleja que tiene México y en gran medida también la más delicada y compleja que tienen Estados Unidos– donde podría pesar mucho más que como hasta ahora la desconfianza y la cerrazón, justo en el momento menos propicio para ello, por el grado que ha alcanzado la interdependencia bilateral, que nos genera competitividad compartida.

Por eso, es necesario tener una planeación estratégica, con prioridades claras, desafíos a superar y acciones a realizar en cuanto a la relación con Estados Unidos, incluyendo un plan B para escenarios como el que generaría una mayor inclinación de parte de ellos hacia el proteccionismo y la implementación de medidas unilaterales.

Hay que tomar en cuenta que también si resulta ganadora la fórmula demócrata, como parece cada vez más posible, hay incógnitas y retos muy importantes, que debemos ponderar.

Aún con el eventual triunfo de Hillary Clinton, no puede desdeñarse el peso de las millones de personas que apoyan a su adversario, y a los cuales también deberá gobernar y tomar en cuenta, para ir subsanando la gran división que se aprecia en la sociedad estadounidense.

Entre sus mismos partidarios existen visiones que no resultan siempre favorables a los intereses de México, y a la relación bilateral que nos genere competitividad en ambos países.

No olvidemos que ella y muchos demócratas, al igual que partidarios de Trump, han manifestado serios reparos a la ratificación del TPP, y al TLCAN.

En todo caso, México debería de tomar la iniciativa y proponer al próximo gobierno estadounidense una agenda bilateral robusta, visionaria e integral, que abra una nueva era en la relación. La realidad obliga a ambos a situar a la contraparte y la interrelación en el status que le corresponde.

Por la parte de los empresarios, hemos acordado en el U.S – México CEO Dialogue, el próximo 6 y 7 de diciembre, que haremos en conjunto empresarios norteamericanos y empresarios mexicanos, una carta a la nueva presidencia de los Estados Unidos, ponderando la necesidad de continuar en el diálogo, buscando las sinergias en políticas públicas, para trabajar en conjunto por la competitividad regional hacia el mundo.

Ya hemos jugado un rol proactivo en esta línea, con el Tratado de Libre Comercio. Los tiempos exigen que volvamos a asumirlo, de cara a los problemas y oportunidades que afrontamos y sobre todo a los puntos de convergencia donde hay oportunidades en los intereses que representan a Estados Unidos y México.

En nuestra visión, la agenda bilateral necesariamente debe considerar cuatro prioridades elementales: por un lado economía, en segundo término seguridad, y en tercer y cuarto términos migrantes y la frontera.

En materia de seguridad, México está luchando contra la delincuencia, asumiendo costos muy grandes y dolorosos por un problema que tiene causas y efectos binacionales.

Se requiere de una mayor corresponsabilidad: una mayor coordinación, con un compromiso a la altura de ambas partes.

Corresponsabilidad para detener el contrabando de armas; para atajar el lavado de dinero con más controles y vigilar la exportación de precursores químicos.

En el ámbito de la migración, si bien el flujo de indocumentados mexicanos se ha reducido, persiste el problema de millones de familias que viven en una condición jurídica, económica y social precaria y, en muchos casos, trágica.

México no puede evadir la responsabilidad de velar por los derechos humanos de sus connacionales, dondequiera que se encuentren, al igual que asegurar las mismas garantías a quienes vienen al país o están en tránsito, como los migrantes centroamericanos. Hay que predicar con el ejemplo y promover en Estados Unidos una solución justa, racional y perdurable para nuestros paisanos. En la medida que generemos más empleos en México, sigamos siendo exitosos en nuestros modelos de desarrollo económico, con los clusters y las áreas de desarrollo que hemos tenido en varias partes del país, generaremos los empleos para que las personas se queden en México, incluso las personas que piensan migrar a través de México, desde Centroamérica hacia Estados Unidos, podrían encontrar aquí oportunidades para establecerse. Es una obligación moral irrenunciable.

La perspectiva de la frontera norte debe ser un elemento central de nuestra proyección de nación. Comprende 81 municipios en los que viven cerca de 17 millones de mexicanos, y aportan casi el 24% del PIB nacional. Ahí se decidirá gran parte de nuestro futuro.

Urge una política económica, social y de seguridad integral y de mayor alcance: que involucre y comprometa a los seis estados fronterizos, sus municipios y la Federación, así como a los vecinos del norte, en una relación ganar-ganar, formando comunidades de personas, de negocios, comunidades políticas que interactúan para tomar decisiones en conjunto.

En materia económica, el TLCAN fue uno de los puntos de inflexión que a 23 años de su entrada en vigor, ha triplicado el comercio de los tres países miembros. Sin embargo, es momento de llevarlo a una nueva fase de desarrollo. La implementación de todas sus cláusulas se completó en el  2008 y el contexto mundial ha cambiado dramáticamente.

Es necesario llevar la relación a planos más profundos: de la integración comercial, a la integración productiva, contemplando factores como clusters regionales, infraestructura, telecomunicaciones, integración en energía, regulaciones y prácticas económicas sustentables. Y nos referimos a clusters regionales en donde interactuemos con un solo objetivo, con una especialidad, ambos países o los tres países en conjunto para la competitividad global.

Se trata de aprovechar a fondo las complementariedades, combinar las ventajas comparativas y reforzar la competitividad conjunta. Estados Unidos necesita dar un impulso decidido a sus exportaciones y México es su mejor aliado en esta tarea. Mientras que las importaciones que se hacen de China se producen con más de 95% de partes no estadounidenses, las que llegan de México integran un 40% insumos propios norteamericanos.

La producción compartida es un hecho que genera empleos en ambos lados de la frontera. Hay que demostrarlo a los millones de norteamericanos que tienen una concepción errada de esta realidad.

Hay que convencer que también en lo económico, lo que se necesitan son puentes y no más barreras.

Es necesario avanzar en la armonización de esquemas de certificación y regulación de bienes y servicios y en un programa conjunto de infraestructura fronteriza para eliminar cuellos de botella y maximizar la seguridad. Hay que garantizar que la legislación de transporte no afecte la eficiencia en el tráfico comercial, facilitar los trámites aduanales y, en general, el cruce fronterizo terrestre, por el que pasa el 80% del comercio bilateral, que por cierto supera los mil millones de dólares diarios. Programas efectivos de viajero o transportista confiables que puedan dar grandes resultados en eficiencia y productividad, y además en la promoción y en la convivencia cultural.

Trabajamos juntos para que las Pymes de ambos países se incorporen plenamente en el comercio binacional y a la integridad productiva con una visión de competitividad global. Este es el gran pendiente del TLCAN.

Por todo esto es necesario –y de hecho urgente– que México consolide una red de cabildeo en Estados Unidos, tanto a nivel federal como local. Pero el reto no es sólo del Gobierno Federal, sino también de los legisladores, gobernadores, alcaldes y sobre todo de nosotros los empresarios, que debemos asumir un papel mucho más activo para concretar alianzas y coaliciones con nuestras contrapartes, y encontrar las oportunidades de sinergias entre las empresas mexicanas, norteamericanas y canadienses, y así estamos emprendiendo nuestra tarea para estos próximos meses.

Coincidimos con los analistas que desde los dos lados de la frontera, han señalado que para ninguno de los dos países existe una relación internacional más intensa, diversificada y delicada que la que tenemos entre vecinos. Nuestros destinos están entrelazados. Hoy más que nunca, a México le conviene que le vaya bien a Estados Unidos y a Estados Unidos le conviene nos vaya bien a los mexicanos.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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