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Ocho medidas para multiplicar el emprendimiento

Hoy inicia la Semana Nacional del Emprendedor, la cual se ha vuelto cita inevitable en el calendario para reflexionar sobre la trascendencia que tiene para la nación el crecimiento y la multiplicación de las empresas. En general, podemos decir que tenemos un entorno cada vez más propicio para los emprendedores, pero aún nos falta mucho para que sea el óptimo: enfrente hay desafíos mayúsculos, capaces de revertir el progreso logrado en varias áreas.



No obstante la relevancia de las empresas para el sostenimiento y desarrollo de la sociedad, y en particular de las pequeñas y medianas empresas –el 99.8% de las poco más de 4 millones 15 mil unidades empresariales que hay en México–, nos falta, como sociedad, comprender más cabalmente sus circunstancias y necesidades concretas. Esto no puede seguir así.

Un gran acierto es la Encuesta Nacional sobre Productividad y Competitividad de las Micro y Pequeñas Empresas, recién presentada por el Instituto Nacional del Emprendedor y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía.

No contábamos con un producto estadístico de este tipo: un programa para reunir, sistematizar e interpretar la información necesaria –en términos cuantitativos y cualitativos– que nos permita desarrollar e instrumentalizar una agenda nacional a favor del emprendimiento y las MiPyMEs.

Debemos trabajar en perfecta sinergia entre el sector privado y el público en estos temas, convocados por el INADEM, que ha realizado un estupendo trabajo a lo largo de los años.

No hay combate a la pobreza sostenible sin empleo y sin oportunidades que generen movilidad social, progreso, y ésta no va a darse si no se genera valor, que es el proceso que ocurre en las propias empresas.

Es de vital importancia que más PyMEs nazcan, sobrevivan y crezcan. Ellas ya generan el 52% del PIB y el 72% del empleo. Su supervivencia y desarrollo es asunto estratégico de interés público.

Así deben ser considerados los emprendedores para México, y las MiPyMEs, en un nuevo paradigma en la relación del Estado y la sociedad con la empresa en el centro como institución. Esta edición de la Semana Nacional del Emprendedor se da en un contexto en el que se presentan evidencias y signos de importantes avances en la construcción de un ecosistema propicio para los emprendedores y el desarrollo empresarial, aunque no podemos dejar de lado las vulnerabilidades y obstáculos que aún se tienen.

Por el lado positivo, los resultados de México en el Índice de Competitividad Global 2016-2017, dados a conocer por WEF la semana pasada, fueron sin duda alentadores: tras muchos años de retrocesos y estancamiento, subimos seis posiciones y nos situamos en el lugar 51 de 138 países, el mejor en una década, el tercero de América Latina y uno de los 10 países más dinámicos del año.

La semana previa, en el informe Doing Business 2016, que hace hincapié en las PyMEs y en su relación con los estados y municipios en cuanto a la facilidad y las condiciones para hacer negocios, escalamos cuatro peldaños, para quedar como el 38 de 189 naciones.

Avanzamos en infraestructura, eficiencia regulatoria, atractividad y facilidades para la inversión, absorción y desarrollo tecnológico, apertura comercial e integración a la economía global. Sin embargo, todo eso se ve contrarrestado de forma importante por nuestros talones de Aquiles, corrupción, inseguridad, vacíos de gobernabilidad, e incluso el rezago educativo, ahí tenemos nuestros retos.

La definición de los dos factores más problemáticos para hacer negocios en México es esclarecedora: corrupción y criminalidad. Los resultados obtenidos en estos rankings deben llevarnos a perseverar en las prioridades estructurales de la agenda desarrollo sostenible.

Un gran reto estructural es, justamente, generar condiciones para que las MiPyMEs se formalicen, profesionalicen capacitándose y crezcan. Hoy, una empresa grande es 6.3 veces más productiva que una micro empresa, casi tres veces una pequeña y 1.7 veces una mediana.

No vamos a generar los empleos que se necesitan –alrededor de 9 millones para el 2020– si el número de empresas se mantiene estático y éstas no crecen.

Requerimos de más emprendedores. Se estima que si 100 empresas chicas pasaran a ser grandes, el PIB aumentaría en 1% por ciento, una cantidad nada despreciable. Las MiPyMEs crean más plazas por unidad de inversión, mientras que los emprendimientos de alto impacto generan empleos a un ritmo 600% más veloz que otros negocios.

El problema es que, hoy día, el 70% de las empresas cierran antes de cumplir cinco años y únicamente el 11% llega a los 20 años de vida. Un gran reto es el financiamiento: 80% de quienes inician un negocio, lo hacen con sus propios recursos.

Desafortunadamente, en un periodo de siete años, la tasa de creación de empresas nuevas en México es negativa.

Por cada mil personas se crea una empresa, lo cual no es suficiente; en Chile la relación es de cuatro por cada mil personas.

Afortunadamente, vivimos un auge del emprendimiento en nuestro país. Cada vez más jóvenes tienen vocación empresarial: más de 65% considera como opción de vida el iniciar o dirigir su propio negocio en algún momento.

Hay más de 12 millones de mexicanos involucrados ya con algún proyecto de emprendimiento.

El Estado mexicano ha reconocido la importancia de apoyar a las pequeñas empresas, con un presupuesto que supera los 2 mil 600 millones de pesos en programas de asesoría, 600 millones de ellos destinados al INADEM para incubadoras y aceleradoras y 2 mil millones al fideicomiso MIDAS.

Sin embargo, se requieren más recursos, y hacer más eficiente el apoyo, por eso sostenemos que los recortes presupuestales al INADEM deben revisarse. Son muchas las áreas de oportunidad.

Proponemos, en esta oportunidad, ocho muy puntuales:

* Hacer de las compras de gobierno una palanca para el desarrollo de las PyMEs.

* Facilitar el acceso a fianzas para acceso a capital y recursos, y también a las licitaciones públicas.

* Extender el modelo de compras del gobierno federal a PyMEs a los gobiernos estatales, con cumplimiento de sus compromisos a proveedores.

* Crear una figura de consultor financiero, INADEM-Organismo Empresarial, que asesore a los empresarios en su gestión y obtención de financiamientos.

* En un programa de varios años, aumentar paulatinamente los recursos de programas de apoyo del INADEM, equivalente a por lo menos 0.25% del PIB, que representaría un monto de cifras redondas de 34 mil millones de pesos.

* Fortalecer a las incubadoras y aceleradoras de empresas.

* Desarrollar e impulsar una política nacional para crear la industria mexicana de capital emprendedor, a fin de aprovechar todas las opciones que existen para financiar proyectos, desde capital de riesgo hasta crowdfunding.

Necesitamos continuar nuestra política de desarrollo en la innovación para las pequeñas, medianas y grandes empresas, alcanzar el 1% del PIB como una meta para generar tecnología, innovación, investigación aplicada para productos y patentes en el mercado, en eso debemos perseverar.

Este es un momento ideal para que se multiplique el emprendimiento.  Apoyemos a nuestros emprendedores, y generemos una política pública integral de largo alcance y de largo plazo para que nos ayuden a cambiar para bien a este México.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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Comentarios  

#1 Javier Rodriguez 06-10-2016 09:40
Dificil de creer . ( Hard to belive ) , en un Pais, que tuvo un movimiento tan torpe, como la "Revolucion Mexicana", y que incluso despues de un siglo de falta de resultados. Insisten en el modelo Socialista, en donde el emprendedor es un enemigo Publico , un "explotador". El sistema Financiero?. Cual ?. Entre Luis Echeverria y Jose Lopez Portillo , acabaron con la Banca Mexicana. Una vez mas el modelo Socialista en todo su esplendor.
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